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13 Julio 2015

Kaplán, el maestro y sus discípulos

  • Dr. Jorge Kaplán Meyer

    Dr. Jorge Kaplán Meyer

  • Así comenzó la historia

    Así comenzó la historia

  • El relajo de la tarea cumplida

    El relajo de la tarea cumplida

  • Tal fue el revuelo, que el presidente Eduardo Frei Montalva quiso felicitar al equipo médico

    Tal fue el revuelo, que el presidente Eduardo Frei Montalva quiso felicitar al equipo médico

  • Encuentro de los Dres.Christiaan Barnard y Jorge Kaplán en 1979

    Encuentro de los Dres.Christiaan Barnard y Jorge Kaplán en 1979

  • Dres. Ernesto Aránguiz, Jorge Kaplán y Oneglio Pedemonte

    Dres. Ernesto Aránguiz, Jorge Kaplán y Oneglio Pedemonte

  • Dres. Jorge Kaplán y Andrés Vera

    Dres. Jorge Kaplán y Andrés Vera

  • Dres. Andrés Vera, Oneglio Pedemonte y Sebastián Rojas en Hannover

    Dres. Andrés Vera, Oneglio Pedemonte y Sebastián Rojas en Hannover

  • El corazón artificial, la realidad actual

    El corazón artificial, la realidad actual

En 1967, un país con poco desarrollo e historia pudo emprender una tarea tan titánica como el haber realizado el primer trasplante de corazón en Chile. Ese hito marcó a un hombre en particular y a una generación de médicos que, actualmente, continúan su legado científico, social y humano. 

Jorge Kaplán Meyer obtuvo reconocimiento internacional en junio de 1967 al ser el segundo cirujano en el mundo en realizar un trasplante de corazón y, por tanto, el primero en Chile. 

“Evidentemente fue un día que significó, en lo personal, una gran satisfacción, pues se concretó una labor de meses de esfuerzo. Este fue un logro que abarcó varios ámbitos: experimental, organizacional y formativo, ya que se preparó a un equipo multidisciplinario. Todo ello permitió el éxito del trasplante, al mismo tiempo que cumplimos nuestra labor como médicos”, recordaba el doctor Kaplán en una de las últimas entrevista que concedió sobre el tema a SAVALnet, hace más de una década.

Cuenta la leyenda que el día sábado 3 de diciembre de 1967, cuando el cirujano sudafricano Christiaan Neethling Barnard se encontraba en el Groote Schuur Hospital de Cape Town realizando el primer trasplante de corazón del mundo a Louis Washkansky –un enfermo desahuciado que sobrevivió sólo 18 días y falleció por una pulmonía- el doctor Kaplán estaba interviniendo en Valparaíso. Abrieron la puerta del pabellón y le contaron lo que estaban anunciando en las noticias. Él, focalizado en lo que estaba, habría dicho: “muchachos, no nos desconcentremos. Nosotros vamos a estar en eso mismo en poco tiempo más”:

Y así fue. Sólo seis meses después, un 28 de junio de 1968, el especialista intervino en el Hospital Naval Almirante Nef de Valparaíso a la joven María Elena Peñaloza, una modesta costurera de 24 años que padecía una valvulopatía congénita con dilatación del miocardio, quien recibió el corazón del joven de 21 años Gabriel Véliz, muerto debido a un tumor cerebral.

El cirujano entró a pabellón junto a un equipo multidisciplinario de profesionales a las 12:30 horas y luego de dos horas y 49 minutos el vital músculo comenzó a palpitar inmediatamente. Lo médicos se miraron con alegría y comprendieron que la operación había sido superada. 

Ante la expectación periodística, el doctor Norman McCowley, médico y relacionador público del Hospital Naval, salió al encuentro de la prensa y señaló con orgullo: “señores, me alegra decirles que el trasplante ha sido un éxito”.

Este tremendo acontecimiento enorgulleció al país y lo insertó en la senda del desarrollo científico. Marcando un hito en la historia médica a nivel latinoamericano. Después de cuatro meses la paciente fue dada de alta, pero una trombosis acabó con su vida 133 días después. 

La intervención a “a la chilena”

Con el tiempo, se fueron revelando los detalles de esta operación que –como el mismo especialista confidenció- “realizó a la chilena”. Al no contar con experiencia previa, tuvieron que preparar a un equipo de la más alta calidad profesional, revisar acuciosamente problemas inmunológicos, de laboratorio, quirúrgicos y muchos otros imprevistos que se podían presentar. “Había que responder a la inquietud y atención de las sociedades científicas y los medios de comunicación, que estaban al tanto y pendientes de los resultados de este primer trasplante, algunos mirando con recelo lo que esto significaba. Y también había que dejar en alto el nombre de las autoridades de la Armada y del Hospital Naval, por la confianza que habían depositado en este equipo”, relataba el doctor Kaplán.

La revista Ercilla N°1724 de julio de 1968, dedicó un gran especial sobre el primer trasplante de corazón en Chile. El encargo de realizarlo fue Wilfredo Mayorga, el afortunado periodista y ensayista entró a pabellón y presenció este hito. 

El doctor Jorge Kaplán y la doctora Carmen Luz González, anestesista y perfusionista que controlaba la máquina corazón-pulmón, la que permitió la realización del trasplante de corazón a María Elena Peñaloza, siempre estuvieron comunicados. El equipo, previamente, había acordado no seguir la técnica desarrollada, seis meses antes, por el pionero Christian Barnard en Sudáfrica, sino que optarían por un método que les permitiría contar con más tiempo para realizar la cirugía.

Parte de lo que pasó durante esas horas, fue descrito así por Mayorga. “Doctora, voy a soltar la cava superior. Sí, doctor. Me voy. Sí, doctor, cuando quiera. Doctora, voy a librar la aorta. Y en ese momento vemos cómo la pinza que apretaba aquella fundamental arteria la libera y presenciamos un milagro humano: el corazón trasplantado comienza a latir sin otro estímulo que la sangre que entra. Tras la sensación de alivio –añade el periodista- todos comentan a viva voz en lo alto del quirófano y han perdido la religiosidad del silencio a que les empujaba el temor. Se oye una voz, como una invitación, es Kaplán. Bueno, ahora podemos hacer cualquier cosa. El cardiólogo Jorge Alvayay, quien también forma parte del equipo, sólo ha dicho una sola palabra dirigida a Kaplán: ¡maestro!”

“En realidad la idea de hacer un trasplante en esa época fue un problema bastante controversial, incluso a nivel de la sociedad científica chilena. Hoy, mirando hacia atrás y en perspectiva, el error de negarse a este adelanto quedó de manifiesto, porque el trasplante ha permitido salvar y prolongar la vida de muchas personas. No sólo el de corazón, sino que de todo tipo. Por lo tanto, no cabe duda que esta herramienta –iniciada por el doctor Kaplán- a través de los años y los adelantos ha sido bien orientada y utilizada”, destaca el doctor Oneglio Pedemonte Villablanca, jefe de la Unidad de Paciente Crítico Cardiovascular del Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar, presidente de la Fundación Dr. Jorge Kaplán Meyer, amigo personal del cirujano y uno de sus más cercanos discípulos. 

La periodista y escritora magallánica Patricia Stambuk Mayorga, 27 años después de realizada la intervención, quiso conocer más detalles sobre esta empresa quirúrgica. En una íntima entrevista el especialista se sinceró y reconoció los riesgos que tuvo que correr para sacar adelante la operación. 

“Tengo que haber tenido bastantes agallas para hacer los trasplantes, porque tenía prácticamente a todo el cuerpo médico en contra. Si hubiera fracasado, no habría podido seguir ejerciendo la medicina. Me amenazaron. Si no resultaba, iba a ser acusado al Colegio Médico y a la Sociedad de Cirujanos. Pero confiaba en mi equipo y no dudé en seguir la convicción de que todo saldría bien”. 

El fallecimiento de la joven costurera se debió a causas no cardiacas, pero para el doctor Kaplán ella ayudó, junto a los pacientes futuros, a abrir el camino para realizar trasplantes en Chile. 

“De hecho, Nelson Orellana, el segundo paciente al que trasplantamos, fue en esa época el quinto de más larga sobrevida en el mundo, lo que reflejó –claramente- los avances que logramos. Al abordar este caso, estábamos más preparados, teníamos más experiencia en la técnica y en el tratamiento postoperatorio. Además, contribuimos con la variación en la práctica quirúrgica, que hizo más rápido el regreso de la circulación al corazón trasplantado”, recordaba. 

Esta hazaña abrió las puertas a la ciencia chilena para avanzar en sus investigaciones con mayor vehemencia y para despertar en futuras generaciones de cirujanos la preocupación por esta materia. 

“Este hecho abrió la mente de muchos, los llevó a soñar, a crear, a razonar, a buscar nuevas tecnologías, pero siempre bajo preceptos éticos que todo profesional en esta área debe tener”, reflexionaba el doctor Kaplán a décadas de la operación.

El hombre extrovertidamente introvertido

El doctor Kaplán nació el 27 de febrero de 1926 en Santiago, donde cursó sus estudios en la Alianza Francesa. Luego ingresó a medicina a la Universidad de Chile y obtuvo su título de médico cirujano en enero de 1951.

Su labor profesional la desarrolló en el Hospital Naval Almirante Nef de Valparaíso, donde ejerció como jefe de Cirugía, del Departamento Experimental y del Instituto de Tórax y Trasplante; en el Sanatorio de Valparaíso; en el Hospital Carlos Van Buren de Valparaíso; en Hospital Gustavo Fricke como jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular.

Además, fue profesor titular del Curso de Fisiología y Fisiopatología y profesor honorario de Cirugía en la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso, entre otras labores pedagógicas. Participó en diversas comisiones de estudio, posgrados y simposios nacionales y extranjeros.

Formó parte de nueve sociedades nacionales y cinco extranjeras y fue Miembro Honorario de la Academia Chilena de Medicina; presidente de la Sociedad de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, en 1986; y presidente, durante dos períodos, de la Corporación de Fomento Nacional de Trasplantes.

En 1993, fue premiado por la Sociedad Chilena de Cirugía como Maestro de la Cirugía Chilena y, a partir de 1999, fue Miembro Honorario del Sistema Nacional de Servicios de Salud (SNSS) y presidió la Comisión de Trasplante del ministerio de Salud. 

En 1996 inició su labor política al asumir como concejal de la Ilustre Municipalidad de Viña del Mar, sin dejar de lado su ejercicio profesional. Y, cuatro años más tarde, fue elegido alcalde de la Ciudad Jardín, por amplia mayoría, cargo que desempeñó hasta 2004.

Fue justamente ese año, cuando señaló que la medicina era una acción social. “Para mí, la política es una forma de ejercer, como médico, esta acción en bien de nuestra ciudadanía y el desarrollo de su comuna. Por lo que en este campo, el ejercicio de la medicina cumple cabalmente con su finalidad primera: estar al servicio de la vida humana”.

El éxito de la cirugía catapultó al doctor Kaplán hacia la fama, a pesar de la muerte de María Elena Peñaloza. Recibió todo tipo de honores y distinciones, convirtiéndose en el personaje popular del momento, una especie de héroe nacional, hecho que lo complicaba bastante, porque era una persona de muy bajo perfil. Asumiendo que su trabajo significaba un gran paso científico, mantuvo una sencillez y modestia absoluta, destacando siempre que había sido obra del trabajo de un equipo: no de una sola persona. 

“El mérito de eso fue trabajar en equipo, pero no va más allá. No considero que haya sido una cosa del otro mundo. Si resultó bien, macanudo. Creo que dimos un paso y los pasos cuesta darlos, pero es cosa de esfuerzo”, decía cuando le preguntaban qué significaba para él este hito.

Siempre humilde, cariñoso, afable y cercano, así se lo recuerdan en el Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar, donde generaciones de médicos recurrieron a él no sólo en busca de un consejo médico, técnico o quirúrgico, sino que también humano. Fue un hombre integral, siempre tenía la palabra precisa o el pensamiento certero, cuando alguien requería de él. 

Liderazgo y motivación colaborativa: la mirada de sus cercanos discípulos

El doctor Ernesto Aránguiz Santander, jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar desde 1994, tuvo la suerte de trabajar más de 30 años junto a “don” Jorge, como él lo llama, de quien aprendió mucho. 

“Si el trasplante cardiaco en el mundo fue un hecho mediático y extraordinario, el que un chileno haya sido capaz de hacer lo mismo fue realmente algo que llenó de orgullo a la nación entera, fue un hito súper importante. En lo personal, yo toda mi vida quise ser médico, así que estaba dentro de mis objetivos desde ese entonces también. En esa época ya me veía como doctor, a lo mejor como cirujano, pero llegar a hacer un trasplante cardiaco, lo veía como algo extraordinario. Pero en la vida se van dando las cosas en forma sucesiva y uno, a veces, no se da ni cuenta cómo van llegando. Cuando uno tiene que subir tres pisos lo debe hacer subiendo peldaño por peldaño y cuando llegaste al tercer piso, casi lo hiciste sin darte cuenta, es parte del proceso. Así que, en realidad eso que parecía tan extraordinario en un momento dado, se dio cómo tenía que darse: con la naturalidad que corresponde a estos tiempos”, confiesa.

“Él era un maestro, de esos de verdad. No solamente, por sus competencias médicas y científicas o su creatividad, sino que también por su gran capacidad de entrega y enseñanza, algo que en medicina es muy importante, porque los verdaderos maestros son aquellos capaces de traspasar generaciones. Él dejó un gran legado. Nosotros, en este momento, aspiramos a que continúe y trascienda, independientemente de quién esté a cargo del Servicio o del Programa de Trasplante. Hacia eso van dirigidos nuestros afanes. De hecho, nosotros somos un centro formador de cirujanos cardiacos, de cirujanos que hacen trasplantes cardiacos también acá y eso nos permite cumplir –en parte- con la misión que nos ha dejado el doctor Kaplán”, dice el especialista. 

Estas palabras las reafirma el doctor Oneglio Pedemonte. “Me formé en anestesiología e intensivo cardiovascular en Bélgica. Llegué a Chile en 1985 y el doctor Juan Luis González, presidente del Colegio Médico en esos años, fue quien me presentó al doctor Jorge Kaplán. Luego de una corta conversación, me invitó a trabajar con él al Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar y yo no lo dudé. Yo era joven y sentí que podría aprender mucho bajo la sombra de ese grandioso árbol. No me equivoqué”.

Con el tiempo, ambos médicos se convirtieron en grandes amigos. “Era una persona muy afable, muy cercana. Uno se imaginaba que alguien tan importante como él pudiese establecer barreras, todo lo contrario: siempre había conversación fluida. Tenía mucho ímpetu y ganas de hacer cosas nuevas. Estaba constantemente estudiando y leyendo sobre novedades internacionales en el área cardiovascular. A mí me motivaba su capacidad de emprendimiento para mejorar y progresar en el desarrollo de esta apasionante área”. 

El doctor Andrés Vera Peralta, subjefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar y presidente de la Sociedad Chilena de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (Sochicar), Filial Valparaíso, realizó una beca primaria en cirugía en Valdivia y, por esas casualidades de la vida, eligió la ciudad de Viña del Mar para devolverla. 

“Nunca pensé que me iba a dedicar a lo que estoy haciendo hoy. No estaba dentro de mis planes. Llegué a la cirugía cardiovascular luego de formarme en cirugía pulmonar en el Hospital del Tórax en Santiago. Cuando me trasladé a Viña, me integré al equipo del Servicio de Cirugía del Hospital Gustavo Fricke. Accidentalmente, fue ahí donde conocí al doctor Kaplán. En alguna oportunidad, me invitó a ayudarlo en algunas cirugías cardiovasculares y él me ayudaba y aconsejaba en mis cirugías torácicas. Fue así como empezamos a conocernos. Compartirnos en el pabellón triunfos y derrotas, una experiencia increíble. No tiene precio”, reflexiona. 

“Él –agrega- era un hombre como cualquier otro. Sencillo, eso llamaba mucho la atención. Era muy alegre. Nunca se le veía triste, pese que podía estarlo. Siempre nos apoyaba en ideas sobre proyectos, planes, desarrollos y emprendimientos dentro del Servicio. El repetía siempre una frase: uno siempre tiene que tener una culebra. Eso significaba que tenías que hacer algo que otra persona no hiciera, para destacarte en eso, aunque hicieras el resto de las cosas igual a otro. Y por eso, dentro de nuestro equipo, se fueron abriendo distintas líneas de desarrollo en todos los ámbitos de la especialidad. Por lo tanto, cada uno debía liderar su campo. Esa fue una de las principales enseñanzas que nos dejó a todos nosotros que hemos querido seguir su legado”. 

“Yo conversaba mucho con él en las tardes. Estudiábamos y planificábamos técnicas. Un día me dijo maestro, tenemos que hacer el primer trasplante de pulmón en Chile. Empezamos a ir todos los días a Anatomía Patológica. Llegábamos a las 7:00 de la mañana a estudiar los órganos y su configuración para poder hacer esta intervención. Un día llegó una paciente que estaba muy mal. Necesitaba con urgencia un órgano de reemplazo. Nos miramos con don Jorge y dijimos a coro: la vamos a trasplantar. Como se dice en buen chileno, con una mano adelante y otra atrás, porque la verdad nos sentíamos preparados, pero, evidentemente, era una tremenda empresa. Llegó el donante y el día del trasplante. Al entrar había un ambiente relajado, tranquilo, de mucha confianza. Él fue también pionero del trasplante de pulmón en el país, algo que pasó inadvertido en ese momento. Después de él, en Santiago comenzaron a desarrollarse, pero él fue el primero. Nosotros trasplantamos a tres pacientes y luego abandonamos ese programa, porque no teníamos financiamiento. No así para el de corazón, donde teníamos apoyo sin causar desfinanciamiento a nuestro recinto asistencial”, cuenta el doctor Vera.

“A él se le ponía una idea en la cabeza y la realizaba. Tenía esa personalidad. Era un adelantado para su época. Hubiese sido ideal, sacar su alma y haberla puesto en un cuerpo más joven, para que nos hubiese acompañado más. Creo que murió antes de tiempo y nos dejó todo un legado a nosotros que, afortunadamente, por el grupo humano que conformamos lo hemos sabido llevar adelante con sencillez y efectividad. Era muy intelectual y estricto. Siempre ocupaba su tiempo en leer, en buscar. Nunca lo veías haciendo nada. Siempre estaba con un paper o una revista. Las catalogaba y nos entregaba la información dependiendo de nuestros intereses. El nos conocía mucho y sabía de qué manera llegar a nuestros corazones. Era un verdadero maestro. Yo no he vuelto a conocer a ninguna persona con esas características, porque los egos no dan pie para que se desarrollen personas tan geniales como él. Yo nunca pensé ser cardiocirujano y si hoy lo soy es gracias al doctor Kaplán. Yo no tengo más que agradecimiento y los mejores recuerdos de él, porque todo lo que soy se lo debo a él”, añade.

Para el doctor Andrés Vera, “el doctor Kaplán era un maestro en todo el sentido de la palabra. Era para nosotros un verdadero amigo, era tan cercano que no había tema que no pudieses conversar con él. Me da la impresión que los que tuvimos el privilegio de estar más cerca de él fuimos el doctor Aránguiz, el doctor Pedemonte y yo, porque fuimos los que más trabajamos con él. Eso no quita que muchos médicos del Servicio y del hospital también disfrutaron de él, porque generaba un respeto y cariño increíble”.

El legado: desde el primer trasplante al corazón artificial 

Desde la perspectiva científica, el tema de los trasplantes ha avanzado mucho. Los pacientes tienen una mayor sobrevida. “El gran problema fue el rechazo. Al principio, teníamos escasas herramientas para atacarlo, por lo tanto durante mucho tiempo el trasplante lo hicieron pocos grupos en el mundo en espera de una solución, la que llegó en los años 80’ con el advenimiento de la ciclosporina, que permitió controlar bastante bien el problema y permitir que los pacientes tuvieran una vida más correcta, con sobre el 50 por ciento de sobrevida a 10 años. Fue ahí cuando empezó de nuevo el crecimiento del trasplante a nivel mundial y surgieron grupos importantes en Europa y Estados Unidos”, dice el doctor Pedemonte.

La Sociedad Internacional de Trasplante de Corazón y Pulmón, entidad a la que como Hospital pertenecen, reporta del orden de los cuatro a cinco mil trasplantes por año en el mundo. Para el doctor Aránguiz “esta droga fue trascendente para el crecimiento y desarrollo del trasplante en general. Por otra parte, en este periodo también han ido mejorando otros medicamentos; la protección cardiaca; las técnicas quirúrgicas y las máquinas de circulación extracorpórea, que asumen la función de corazón y pulmón. Todo eso se ha traducido en avances que permiten que, en este momento, la sobrevida de un trasplante sea mucho mejor que en los primeros años”.

En Chile, a comienzos de los 90’, en la Región de Valparaíso, se realizaron varias experiencias locales, pero el punto de inflexión llegó en 1998, aproximadamente, cuando se institucionalizó el Programa de Trasplante del Hospital Gustavo Fricke

“Creamos un comité, guiado por el doctor Kaplán, que pudo pesquisar pacientes, definir protocolos sobre las indicaciones y el manejo postoperatorio. Ese año, el Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar, un centro de provincia, comenzó a recibir a todos los pacientes del área pública que padecían de un problema de insuficiencia cardiaca y que no tenían otra opción que el trasplante”, recuerda el doctor Oneglio Pedemonte.

Actualmente, la cara visible de este programa es el doctor Ernesto Aránguiz Santander, quien destaca que como equipo es un tema que asumen “con mucha humildad, porque nuestro gran respaldo y apoyo es tener detrás la figura de un hombre como el doctor Kaplán, importante no solamente por lo que él significó como médico, sino por lo que él representaba como persona”.

Este grupo de profesionales ha seguido avanzando en este tema. De hecho, se han transformado en el grupo que más trasplantes cardiacos ha realizado en Chile, pero no obstante a eso, se dan cuenta que la tasa de donación en el país, a pesar de numerosos cambios en las leyes, normas y reglamentos, no ha mejorado, por el contrario ha disminuido. Ese es un problema actual. 

Para otros órganos que necesitan reemplazo, antes de llegar a él cuentan con vías de apoyo. Ante esta realidad, surgió dentro del equipo un cambio de filosofía y se dedicaron al manejo de la insuficiencia cardiaca terminal de forma integral. 

En 2009 –añade el doctor Pedemonte- “nos dijimos, por qué nosotros, si somos un grupo con experiencia en insuficiencia cardiaca terminal, con el mismo espíritu pionero del doctor Kaplán, no aportamos a nuestros pacientes algo similar”.

Empezaron a investigar qué se estaba haciendo en el mundo y, en ese momento, se usaba un dispositivo de asistencia ventricular conocido como LVAD. El doctor Vera viajó a Pittsburgh a operar en vacas con este sistema. “Era algo innovador, pero había algo que me faltaba, que no me convencía”. 

Años más tarde junto al doctor Pedemonte participaron en el Congreso de Cardiología y Cirugía Cardiovascular que se realizó en Concepción. Dentro del programa había una charla sobre LVAD con técnica mínimamente invasiva que la iba a dictar el doctor Sebastián Rojas de la Medizinische Hochschule Hannover (MHH)

“Fuimos, nos miramos con el doctor y nos dimos cuenta que era eso lo que estábamos buscando para nuestros pacientes. En la audiencia nadie se interesó mucho, porque era algo que nadie dimensionaba. Si no estás en el tema, no puedes llegar a soñar lo que un dispositivo como este significa. Cuando terminó su presentación conversamos con él, le contamos nuestros avances y quedó tan impresionado que quiso ayudarnos. Nos invitó a su hospital en Hannover. Estuvimos una semana trabajando con él y su gente. Nos enseñaron la técnica y volvimos a Chile con todas las ganas de configurar un equipo multidisciplinario e integral para realizar el primer trasplante de corazón artificial en el país”, relata el doctor Vera.

No dejaron ningún detalle fuera. Tocaron puertas y motivaron a muchas personas. Los médicos alemanes vendrían a ayudarlos en esta primera intervención, pero faltaba lo más importante: el dinero para comprar el dispositivo. 

“Fue un verdadero peregrinaje. Muchos de nosotros formamos parte del directorio de la Fundación Dr. Jorge Kaplán Meyer, que busca –precisamente- desarrollar la atención de la patología cardiovascular del adulto y los niños. Así es que nos la jugamos por esta locura. Compramos dos aparatos, porque teníamos dos pacientes. Preparamos el día, llegaron los alemanes e hicimos los implantes”, recuerda el doctor Vera.

Este dispositivo era mucho más pequeño que otros, lo que implicaba menos infecciones, menos riesgo de trombosis y menos mortalidad. Incluso, era más rápida la recuperación. En comparación a los antiguos que existían, era un gran cambio. Otra ventaja de este corazón artificial era que no requería de un gran corte a lo largo del esternón, sino sólo dos pequeñas incisiones: una submamaria y otra en la parte alta del esternón, lo que era mejor tolerado por el paciente y, en caso de recibir trasplante definitivo, el esternón estaría mejor preparado.

Hoy, en 2015, el equipo puede decir con orgullo que no sólo han entregado este soporte a seis pacientes, los que han evolucionado bastante bien, sino que también a nivel de las revistas, sociedades y consensos científicos esta alternativa terapéutica se ha consolidado a nivel mundial. “En la Journal of the American College of Cardiology de abril (J Am Coll Cardiol 2015;65:2542–55) acaba de publicarse un consenso que señala que esta es una alternativa válida para los pacientes que no tienen posibilidad de recibir un órgano, incluso, están diseñados para los grupos de mayor edad como terapias de destino, es decir, definitivas”, enfatiza el doctor Pedemonte.

Sobre qué significó para el equipo de Cirugía Cardiovascular del Hospital Dr. Gustavo Fricke de Viña del Mar realizar esta cirugía pionera, el doctor Vera destaca que “en lo personal, fue saldar una deuda que tenía con el paciente y con nuestro maestro, porque nosotros estábamos aportando algo, así como él lo hizo en su momento. Estábamos haciendo historia, igual que él. Yo me siento tranquilo, porque hemos aportado a la sociedad”.

“La verdad es que nosotros, y esperamos mantener ese espíritu, nos sentimos sobre todo muy comprometidos. Tenemos un peso, que es bien importante: la figura del doctor Kaplán. Él fue, sin duda, una persona excepcional, ávida y dispuesta a aprender de quien fuera. Ese espíritu, nosotros lo recogemos. Más que dormirnos en los laureles en lo logrado, estamos pensando en lo que nos falta por alcanzar, esa parece ser la fuente de la juventud para nosotros los médicos: en la medida que uno esté dispuesto a estar siempre aprendiendo y a reconocer que todavía falta mucho por hacer, nos estimula a ser jóvenes de espíritu, por lo menos”, dice el doctor Aránguiz. 

La visión primaria que tuvo el doctor Kaplán, la proyectó en sus discípulos de manera ejemplar, pues son ellos los que han continuado su tarea. “Yo creo que la idea fundamental a lo mejor él tampoco la tenía clara, pero él pensó que si se apoyaba al corazón se podía seguir prolongando la vida de un paciente. Hoy, ese aporte es indiscutible. Yo trato de responder un poco a ese legado. Eso es algo que me motiva dirigir la Fundación que él mismo creó, trabajar en ella y proyectar los valores que él nos entregó que tiene que ver con el desarrollo científico, con la formación de nuevos médicos especialistas, pero que también con el compromiso con la comunidad y la sociedad. La figura del doctor Kaplán más allá del trasplante, más allá del gran cirujano que fue, tiene otros valores: él proyectó una mirada un poco más holística de lo que es la medicina y eso es lo que tratamos, de alguna manera, de retomar en el seno de la Fundación. Tenemos muchas tareas por delante, en la filosofía de la doctrina que él nos entregó. Creo que él estaría muy orgulloso”, señala el doctor Pedemonte.

Para estos tres profesionales en el futuro hay que preocuparse de los jóvenes, de traspasarles esta experiencia para que sean ellos los que sigan el camino, manteniendo el mismo espíritu, el mismo orden, el mismo grado de desarrollo, las mismas intenciones de progreso que han tenido hasta ahora. Porque como el mismo doctor Kaplán decía “ojalá que los que han sido alumnos nuestros, sean más de lo que nosotros hemos sido”.

Por Carolina Faraldo Portus

Dr. Jorge Kaplán Meyer

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Dres. Ernesto Aránguiz, Jorge Kaplán y Oneglio Pedemonte

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Dres. Jorge Kaplán y Andrés Vera

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