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03 Agosto 2020

Witzelsucht, curiosa y divertida enfermedad

Esta condición neurológica se caracteriza por la tendencia a hacer chistes de forma reiterada y compulsiva. Los hallazgos podrían predecir el inicio y progresión de un tipo de demencia.

El humor es una disposición del ánimo y un elemento que participa en los procesos de comunicación verbal y no verbal. Su comprensión, producción y funcionalidad está, principalmente, determinada por las habilidades cognitivas y sociales de cada individuo.

Además, está estrechamente ligado a las carcajadas, y los chistes, son uno de sus principales conductores. Estos últimos se definen como un dicho, ocurrencia o historia breve que encierra un doble sentido o una idea disparatada con la intención de hacer reír.

Es una forma útil para liberar ansiedad, tensión e inseguridad. En concordancia, es una de las capacidades que tiene el ser humano para fomentar bienestar y disfrute, lo que conlleva, por lo general, a un estado de ánimo positivo.

En 2008, el doctor Paul McDonald, académico de literatura inglesa y norteamericana y director del Programa de Escritura Creativa y Profesional de la Universidad de Wolverhampton en Inglaterra, lideró una investigación de dos meses en la que, junto a un equipo de estudiantes, indagó en los anales de la historia para elaborar el primer informe basado en los chistes más antiguos del mundo. El de mayor antigüedad data del año 1900 (a. C.), en el que se hacía referencia al meteorismo de una mujer ante su marido. Este tendría relación con un proverbio popular entre los sumerios -civilización que habitó en lo que hoy es el sur de Iraq- y que se supone provocaba carcajadas entre ellos. 

Desde el área psicológica, Edward de Bono, psicólogo y escritor maltés de la Universidad de Oxford, también ha indagado en el por qué las personas se ríen. Dentro de su teoría, postula que la mente es una máquina que trabaja formando patrones. Es decir, cuando una conexión familiar se interrumpe y, alternativamente, surge un vínculo inesperado, se origina la risa.

A nivel neurocognitivo, la teoría de la incongruencia es una de las más validadas para explicar cómo opera el cerebro ante un chiste. Todo inicia en los lóbulos frontales, con la detección y resolución de alternativas al conflicto enunciado. La llegada de una explicación inesperada sería el factor desencadenante para la apreciación del humor, trayendo consigo respuestas emocionalmente placenteras que se experimentan como risas [1].

La neurociencia sugiere que múltiples regiones del cerebro podrían estar involucradas en esta teoría de lo absurdo. Sin embargo, la respuesta de los lóbulos frontales izquierdo y derecho serían clave para la detección de la incoherencia y posterior resolución del relato.  

“Resolver el rompecabezas de un chiste provoca que los centros de placer del cerebro se activen. En algunos casos es necesario hacer asociaciones semánticas entre palabras. El momento ¡ja, ja! no está muy lejos del momento ¡ajá!”, explica el neurólogo Jason Warren, docente del University College de Londres, quien ha dedicado parte de su carrera al estudio de la demencia frontotemporal.

Indicios del humor patológico

A fines de la década de 1880, Hermann Oppenheim, neurólogo alemán, describió una adicción a bromas triviales, excesivas y a menudo sarcásticas en cuatro pacientes con tumores del lóbulo frontal derecho. 

A partir de aquel análisis, puso especial atención en los resultados neuropatológicos en individuos con cambios similares de personalidad. Todos ellos mostraron afectación de las regiones orbitofrontal y mesial frontal de manera bilateral, particularmente hacia la derecha.

La palabra Witzelsucht: Witzel (broma) sucht (buscar), proviene del alemán, y es conocida, popularmente, como el nombre de la "enfermedad más graciosa del mundo", pues quienes la padecen tienden a contar chistes e historias sin sentido repetidas veces en el día y en circunstancias socialmente inapropiadas. Sin embargo, y paradójicamente, estas personas son insensibles al humor. Esto se debería, en principio, a una afectación de las estructuras frontales del cerebro.

En 2005, el neurólogo Mario Méndez de la Universidad de California en Los Ángeles, Estados Unidos, describió en un artículo dos casos [2]. El primero trata de un hombre diestro de 69 años quien se presentó para una evaluación neuropsiquiátrica debido a un historial de bromas compulsivas de cinco años. Una década antes, había sufrido una hemorragia subaracnoidea de etiología indeterminada, la cual se complicó por hidrocefalia y encefalomalacia en la región frontal derecha. Esto tornó en un cambio de personalidad que derivó en la obsesión por hacer bromas indebidas y sin sentido de manera constante. Su evaluación neurológica, mediante imágenes de resonancia magnética, reveló un nuevo accidente cerebrovascular lacunar en la cabeza del núcleo caudado izquierdo.

En la entrevista, el paciente informó despertar en medio de la noche estallando en carcajadas, solo para contarle a su pareja sobre los chistes que había inventado. Sus pruebas neuropsicológicas mostraron normal identificación del humor, pero una disminución de la apreciación afectiva de la diversión. 

Es decir, pese al correcto reconocimiento de las partes clave de un chiste, no se rio ni señaló se sintieran graciosos. Pruebas adicionales confirmaron la misma capacidad para identificar la línea divertida, pero sin considerarla graciosa.

El segundo caso corresponde a un hombre diestro de 57 años quien consultó por un historial de tres años haciendo reiteradas bromas y comentarios infantiles, riéndose fácilmente de sus propios comentarios, y sin reaccionar de la misma manera frente a los chistes de terceros.

Al fallecer, su autopsia mostró una atrofia frontotemporal métrica asimétrica severa en los lóbulos frontales y moderada en los lóbulos temporales, afectando el derecho más que el lado izquierdo.

Ambos pacientes padecían humor patológico debido a una disfunción bifrontal, sobre todo por la afectación del lóbulo frontal derecho. Lo que sugiere que este tipo de daño sería clave en la manifestación de Witzelsucht.

Estas lesiones pueden resultar de traumatismos cerebrales, así como de enfermedades neurodegenerativas. Las demencias, en particular si predominan frontalmente, también podrían aumentar la producción de humor. 

Una manera interesante de evaluar posibles casos de Witzelsucht es lo que ha realizado el profesor Warren en Londres, quien ha pedido a este grupo de pacientes evaluar tiras cómicas y realizar escáneres a la materia gris del cerebro. Efectivamente, el docente comprobó que muchos tuvieron dificultades al tratar de entender chistes más complejos, prefiriendo situaciones cómicas simples y disparatadas.

Es decir, mientras más complicada la broma, mayor el daño que muestra el área donde se activa el humor. El doctor Warren considera que estos hallazgos podrían ser importantes para pronosticar el comienzo y la evolución de ese tipo de demencia.

Thomas Carlyle (1795-1881) historiador, pensador y ensayista inglés alguna vez dijo, “¡Cuántas cosas hay en una risotada! Es la clave secreta con que se descifra un hombre entero”.

Referencias
[1] Granadillo ED, Mendez MF. Pathological Joking or Witzelsucht Revisited. J Neuropsychiatry Clin Neurosci. 2016;28(3):162-167. doi:10.1176/appi.neuropsych.
[2] Mendez MF. Moria and Witzelsucht from frontotemporal dementia. J Neuropsychiatry Clin Neurosci. 2005;17(3):429-430. doi:10.1176/jnp.17.3.429.

Por María Ignacia Meyerholz L.

 

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