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22 Abril 2019

El temible Candida auris

El primer caso de infección por este hongo se descubrió en un paciente japonés en 2009 y, desde entonces, se ha propagado por todo el mundo, generando alerta sanitaria global.

Las enfermedades infectocontagiosas continúan siendo una causa fundamental de la morbilidad y mortalidad mundial. Uno de los motivos de esta situación es la emergencia de microorganismos resistentes a los antibióticos y otro es la adaptación o virulencia que han desarrollado.

Candida auris es un hongo levaduriforme mortal y multirresistente a los medicamentos que ha surgido misteriosamente y hoy se ha transformado en un peligro claro y presente, porque es capaz de provocar severas infecciones a nivel del torrente sanguíneo o en cualquier órgano humano.

Este patógeno se aisló por primera vez en 2009 de una muestra ótica en un paciente japonés que padecía una otitis, de ahí su apellido: auris, que viene del latín y significa oreja. Ha sido etiquetado como la nueva “superbacteria” fúngica y representa una amenaza importante para la salud pública, porque este microorganismo oportunista tiende a infectar a personas con sistemas inmunitarios debilitados o comprometidos; prospera en la piel, donde persiste durante largos períodos; y se vierte en el entorno del paciente, comúnmente un hospital o un hogar de ancianos, adhiriéndose y sobreviviendo muy bien sobre las superficies inanimadas.

El origen de las candidiasis por este agente parece ser exógeno y estar asociado a fallas o deficiencias en las medidas de control de la infección, porque se ha aislado de superficies y objetos nosocomiales cercanos a los pacientes que podrían actuar como reservorios y vectores pasivos.

Varios estudios con técnicas moleculares de tipificación de los aislamientos confirmaron una transmisión dentro del hospital y entre centros asistenciales a partir del ambiente, de dispositivos médicos contaminados con C. auris, o de las manos del personal sanitario. (DOI: 10.1093/cid/ciw691)

Estas investigaciones moleculares permitieron establecer también cuatro grupos o clones homogéneos entre los aislamientos clínicos de este agente, que se relacionan con su origen geográfico: Corea-Japón, India-Pakistán, Sudáfrica y Venezuela-Colombia. Estos grupos parecen haber emergido de forma independiente en distintas áreas geográficas, pero se están extendiendo por múltiples zonas del planeta. La dispersión de estos clones se ha observado con mayor claridad en los estudios realizados en los brotes hospitalarios de candidiasis. 

Otra publicación del equipo médico encargado de estudiar el mayor brote ocurrido hasta la fecha en la UCI del Hospital Universitario de Oxford en Reino Unido observó que los termómetros comunes habían sido utilizados en 57 de los pacientes que habían ingresado en la UCI antes de ser diagnosticados con Candida auris e identificaron el uso de este material como un fuerte factor de riesgo, tras descartar otros. (DOI: 10.1056/NEJMoa1714373)

“Esto refuerza la necesidad de investigar cuidadosamente el entorno y, en particular, el equipo de uso múltiple para pacientes, en cualquier brote inexplicado relacionado con la asistencia sanitaria”, concluyen los investigadores.

Entre los años 2016 y 2017 varias agencias internacionales emitieron llamadas de alerta ante la aparición y expansión de este hongo, sobre todo como causa emergente de infecciones graves en pacientes críticos ingresados a Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) o de Reanimación (REA) con una mortalidad que puede llegar al 70%.

A nivel mundial se aprecia una expansión acelerada de este microorganismo. Se han notificado múltiples casos en Australia, Canadá, China, Colombia, Francia, Alemania, India, Israel, Japón, Kenia, Kuwait, Omán, Pakistán, Panamá, Rusia, Arabia Saudita, Singapur, Sudáfrica, Corea del Sur, España, Reino Unido, Estados Unidos y Venezuela. 

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) reportó que en los países de Asia y América con casos se han registrado varios brotes a nivel intrahospitalario, los que no han podido ser controlados del todo, debido a que el hongo no responde a los tratamientos con fluconazol, un fármaco antifúngico de uso habitual en el tratamiento de las candidemias y de otras candidiasis invasoras. Además, algunas cepas han mostrado resistencia a otros fármacos antifúngicos como voriconazol, anfotericina B o las equinocandinas.

Para el doctor Rodrigo Cruz Choappa, médico infectólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso (UV) en Chile “este es un peligroso hongo que puede trasmitirse al ser humano en el ambiente hospitalario a través de contacto con otras personas o por material contaminado, especialmente en aquellos que han sido sometidos a cirugías o antibióticos de amplio espectro y que tienen algún material invasivo en su cuerpo, por ejemplo, un catéter venoso central”. 

Probablemente, “se van a reportar más casos de aquí en adelante debido al uso poco racional de antimicrobianos y de antifúngicos y porque cada vez son más las personas que viajan a lugares donde este microorganismo es un agente que ha aumentado en frecuencia”. 

A juicio del especialista, el gran problema relacionado con Candida auris es su identificación oportuna y la multiresistencia a los antifúngicos de uso común. No todos los países disponen de laboratorios con las condiciones técnicas para identificar a este hongo. Sí para sospechar de él y enviar los cultivos a centros de referencia. “Aspecto importante, porque su detección temprana puede ser clave a la hora de salvar vidas”, enfatizó el médico infectólogo.

Los síntomas de este hongo –fiebre, dolor, fatiga- no son inusuales, por lo que es difícil diagnosticar la infección sin hacer estudios de laboratorio. La buena noticia es que el peligro de contraer C. auris es muy bajo para las personas sanas inmersas en las actividades de la vida cotidiana. La preocupación debe centrarse en los pacientes inmunosuprimidos que se encuentran hospitalizados. 

Este microorganismo plantea enormes desafíos para el control de infecciones y la limpieza dentro de los recintos asistenciales. Por lo que se necesita de una vigilancia activa y continua para detener su propagación y diagnosticarlo a tiempo. 

Por Carolina Faraldo Portus

Mundo Médico

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