El diálogo entre el cáncer de mama y actividad física
El ejercicio no solo favorece la recuperación, sino que también interviene en la regulación de microRNAs asociados a la proliferación tumoral y la evolución clínica.
Durante años, la investigación sobre esta patología se ha centrado en comprender sus mecanismos y en desarrollar terapias dirigidas. En paralelo, ha ido cobrando relevancia una línea de estudio enfocada en factores modificables del estilo de vida y su impacto biológico, particularmente en cómo estos pueden incidir en procesos celulares clave.
En este escenario, la actividad física ha comenzado a ser analizada más allá de sus beneficios funcionales, considerando su capacidad de modular la expresión génica. Ejemplo de ello es la publicación de un estudio chileno liderado por la doctora Macarena Artigas, de la Universidad de La Frontera, quien evaluó a 24 mujeres posmenopáusicas —13 sanas y 11 sobrevivientes de cáncer de mama— sometidas a un programa de entrenamiento de fuerza durante 12 semanas.
La intervención mostró mejoras comparables en ambos grupos en variables como masa muscular, fuerza y capacidad funcional. No obstante, los hallazgos más relevantes se observaron a nivel molecular: aquellas con antecedentes oncológicos presentaron un aumento en la expresión de microRNAs asociados a la supresión tumoral.
Este resultado se inserta en un marco más amplio, donde la actividad física se asocia a la liberación de microRNAs circulantes desde el músculo esquelético hacia la circulación sistémica, facilitando la comunicación entre tejidos —incluido el tumoral— y la modulación de rutas vinculadas a metabolismo, proliferación celular y señalización intracelular [1,2].
Capacidad de acción
Se trata de pequeñas moléculas de ARN no codificante que regulan la expresión génica a nivel postranscripcional y participan en procesos como proliferación, apoptosis y diferenciación celular. En oncología, su relevancia radica en su capacidad de actuar tanto como supresores tumorales como promotores de su progresión [3].
La evidencia preclínica respalda esta interacción. Estudios in vitro han demostrado que el suero obtenido tras realizar ejercicio puede reducir la proliferación de células de cáncer de mama, mientras que en modelos animales se han observado disminuciones en volumen tumoral y velocidad de crecimiento, lo que sugiere la presencia de factores circulantes con efecto biológico sobre el tumor [2].
Más allá de estos hallazgos, los estudios en población humana han comenzado a consolidarse. Ensayos clínicos en sobrevivientes de cáncer de mama demuestran que intervenciones basadas en actividad física —frecuentemente combinadas con reducción de peso— modifican la expresión de microRNAs asociados a vías relevantes de carcinogénesis, como la señalización estrogénica y la regulación del ciclo celular. Estos resultados aportan consistencia clínica al vínculo entre ejercicio y regulación molecular [4].
Entre estas moléculas estudiadas destaca el miR-126, implicado en la regulación de la angiogénesis y la integridad vascular, así como en diversas vías vinculadas con el crecimiento tumoral. Niveles disminuidos se han asociado a peor pronóstico y mayor diseminación, mientras que su aumento podría contribuir a un entorno menos favorable para su progresión [3].
Estos antecedentes amplían el enfoque tradicional en oncología, incorporando factores biológicos modulables en la comprensión del cáncer de mama.
Aunque persisten desafíos en su validación clínica y en la estandarización de intervenciones, la evidencia sugiere que la actividad física desempeña un rol relevante para su manejo integral.
Referencias
[1] T13. (2026). Estudio chileno identifica herramienta en mujeres sobrevivientes de cáncer de mama.
[2] Telles, G. D., et al. (2022). Exercise-induced circulating microRNAs: Potential key factors in the control of breast cancer. Frontiers in Physiology, 13, 800094.
[3] Liu, Z., Ke, S., & Wan, Y. (2025). miR-126: a bridge between cancer and exercise. Cancer Cell International, 25, 145.
[4] Adams, B. D., et al. (2018). Exercise and weight loss interventions and miRNA expression in women with breast cancer. Breast Cancer Research and Treatment, 170(1), 55–67.
Por María Ignacia Meyerholz