El costo cognitivo del uso del smartphone
La evidencia científica indica que reducir su uso, o mantenerlo fuera de la vista, mejora la atención y la memoria. Nuevas investigaciones exploran cómo la desconexión digital impacta la función cerebral.
Imagina estar dos semanas sin tu celular. Sin notificaciones, sin redes sociales ni acceso inmediato a información. Para muchos, parece imposible. Sin embargo, ese fue el punto de partida de un experimento protagonizado por el periodista estadounidense Bill Weir, quien decidió dejar su smartphone durante 14 días y reemplazarlo por un dispositivo básico. El proceso —registrado y difundido en YouTube— muestra cómo sustituyó su teléfono inteligente por un modelo limitado a llamadas y mensajes, documentando los cambios en sus hábitos y adaptación a la desconexión [1].
La experiencia fue parte de un reportaje televisivo que buscó ir más allá de la anécdota personal. Para ello, el comunicador se sometió a evaluaciones antes y después del período sin teléfono, con el fin de observar posibles variaciones en el funcionamiento cerebral frente a la ausencia de estímulos digitales constantes. Este enfoque permitió aproximarse de manera más objetiva a un fenómeno que suele abordarse desde la percepción subjetiva.
Los primeros días estuvieron marcados por incomodidad. La imposibilidad de revisar el dispositivo generó inquietud y cierta dificultad para mantenerse tranquilo. Estas reacciones iniciales se relacionan con los mecanismos de recompensa del cerebro, que refuerzan conductas repetitivas a través de estímulos breves y frecuentes, como ocurre con las notificaciones [2].
Con el tiempo, el escenario comenzó a cambiar. La necesidad de revisar el teléfono fue perdiendo intensidad y dio paso a una mayor estabilidad emocional. En paralelo, el periodista reportó una mejor capacidad de concentración, así como en los tiempos de reacción [1]. Los análisis posteriores mostraron patrones compatibles con una menor sobrecarga en sistemas vinculados a la atención, sugiriendo que la reducción de estímulos digitales permite reorganizar ciertos procesos mentales [2].
A esto se sumaron efectos en otras dimensiones. La rutina sin pantallas favoreció hábitos más regulares de descanso, disminuyó la sensación de saturación informativa y facilitó una relación más directa con el resto. También se observó una mayor disposición a la reflexión [2].
Un aspecto particularmente relevante fue el cambio en la relación con el entorno. Sin la mediación constante del celular, el sujeto experimentó mayor presencia en conversaciones y una percepción más detallada de lo que lo rodeaba, junto con una sensación subjetiva de que el tiempo transcurría con mayor lentitud. Este fenómeno sugiere que el uso del celular no solo impacta procesos cognitivos, sino también la calidad de la interacción cotidiana [2].
Este tipo de experiencias, aunque individuales, han contribuido a instalar una pregunta cada vez más presente en la investigación científica: ¿cómo influye el uso —y la presencia— del smartphone en el funcionamiento cognitivo?
El costo de tener el celular cerca
Un estudio publicado en 2017 por la Universidad de Chicago en Estados Unidos, incluyó tres experimentos con cerca de 800 participantes, evaluando memoria de trabajo y capacidad cognitiva en distintas condiciones [3].
Los resultados mostraron que quienes mantenían su smartphone a la vista obtuvieron el peor rendimiento, mientras que aquellos que lo dejaron en otra habitación alcanzaron mejores resultados. Esta diferencia fue estadísticamente significativa, lo que respalda la idea de que el celular, incluso sin usarse, consume recursos cognitivos [3].
Este fenómeno, denominado brain drain, sugiere que el aparato compite de forma inconsciente por la atención, afectando el desempeño en tareas que requieren concentración sostenida [3].
Memoria externalizada en la era digital
En paralelo, investigaciones desarrolladas en la Universidad de Columbia, EE. UU., han descrito el llamado Google effect, a partir de una serie de experimentos que evaluaron cómo las personas almacenan información cuando saben que podrán acceder a ella posteriormente [4].
Los participantes demostraron tener menor probabilidad de recordar datos específicos cuando sabían que estos estarían disponibles más tarde, privilegiando en cambio recordar dónde encontrarlos. Este patrón evidencia un cambio en la forma en que opera la memoria en entornos digitales [4].
En conjunto, estos hallazgos apuntan a una transformación en los procesos cognitivos asociados al uso de tecnología. Si bien estos aparatos han facilitado el acceso a la información, también podrían estar modificando la manera en que el cerebro distribuye sus recursos atencionales y de memoria.
En este contexto, más que una recomendación categórica, la evidencia invita a una reflexión: si incluso la presencia del celular puede interferir en la concentración, tomar distancia —aunque sea por momentos— podría ser una estrategia simple para recuperar foco y bienestar en la vida cotidiana.
Referencias:
[1] Weir, B. (2026). Experimento de desconexión digital [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/shorts/cVQbNrcxS-A
[2] El Mundo. (2026, abril 6). Qué le ocurre al cerebro si dejamos de usar el smartphone durante dos semanas. https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2026/04/06/69d3c4b321efa025768b4576.html
[3] Ward, A. F., Duke, K., Gneezy, A., & Bos, M. W. (2017). Brain drain: The mere presence of one’s own smartphone reduces available cognitive capacity. Journal of the Association for Consumer Research, 2(2), 140–154.
[4] Sparrow, B., Liu, J., & Wegner, D. M. (2011). Google effects on memory: Cognitive consequences of having information at our fingertips. Science, 333(6043), 776–778. https://www.science.org/
Por María Ignacia Meyerholz