Reconocer un ACV a tiempo puede cambiar el pronóstico
En el marco del Día Mundial del Cerebro, especialistas enfatizan la importancia de identificar precozmente los síntomas de un accidente cerebrovascular y consultar de inmediato.
Cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una instancia que busca promover el cuidado de la salud neurológica y reforzar el conocimiento sobre patologías de alta carga sanitaria, como el accidente cerebrovascular (ACV), una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo.
A pesar de que suele asociarse con personas mayores, el ACV puede presentarse en adultos de distintas edades. En estos casos, el tiempo de respuesta resulta determinante, ya que un diagnóstico precoz y el inicio oportuno del tratamiento pueden mejorar significativamente el pronóstico funcional del paciente.
En ese contexto, cifras entregadas por Interclínica muestran un aumento de 43% en los ingresos por ACV durante el primer semestre de este año, en comparación con igual período del año anterior. El incremento refuerza la necesidad de fortalecer tanto las estrategias preventivas como el reconocimiento de los signos de alarma.
Entre las manifestaciones más frecuentes destacan la pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en un brazo o una pierna, la desviación de la comisura de la boca, la dificultad para hablar o comprender el lenguaje, la pérdida súbita de visión y un dolor de cabeza intenso e inusual. Frente a cualquiera de estos síntomas, los especialistas insisten en que no se debe esperar a que desaparezcan espontáneamente, sino acudir de inmediato a un servicio de urgencia.
En neurología existe un concepto ampliamente aceptado que resume esta realidad: "el tiempo es cerebro". Cada minuto que transcurre sin tratamiento implica la pérdida de tejido cerebral y disminuye las posibilidades de recuperación, aumentando el riesgo de secuelas permanentes.
Con motivo del Día Mundial del Cerebro, los expertos reiteran que reconocer precozmente un ACV y actuar con rapidez constituye una de las medidas más efectivas para reducir su impacto. La educación de la población sobre las señales de alerta sigue siendo una herramienta clave para mejorar los resultados clínicos y salvar vidas.