Infartos y ACV al alza por factores prevenibles
Especialistas advierten que el tabaquismo sigue siendo uno de los principales riesgos para la salud cardiovascular y respiratoria.
A fines de mayo se conmemoró el Día Mundial Sin Tabaco, una fecha que vuelve a poner sobre la mesa el impacto de una práctica que continúa afectando a millones de personas en todo el mundo. Aunque durante años fue asociada principalmente al cáncer y a afecciones respiratorias, hoy existe amplio consenso médico respecto de su estrecha relación con problemas cardiovasculares potencialmente fatales.
El deterioro puede comenzar mucho antes de que aparezcan señales evidentes. La nicotina, el monóxido de carbono y otros compuestos presentes en cada inhalación alteran el funcionamiento de los vasos sanguíneos, favorecen la formación de coágulos y elevan la presión arterial, aumentando la probabilidad de sufrir eventos cardíacos severos.
"Uno de los grandes problemas del tabaquismo es que muchas veces el daño cardiovascular avanza en silencio. Hay pacientes jóvenes que creen estar sanos porque no presentan falta de aire o tos persistente, pero ya tienen inflamación vascular o hipertensión asociada al consumo de tabaco", explica el doctor Damián Pronello.
Los especialistas enfatizan que el peligro no depende exclusivamente de la cantidad consumida. Incluso una exposición ocasional puede generar alteraciones relevantes en el sistema circulatorio. Asimismo, la inhalación frecuente de humo ajeno incrementa la probabilidad de desarrollar enfermedades cardíacas, especialmente entre niños, adultos mayores y personas con condiciones preexistentes.
El impacto también alcanza al cerebro. El humo favorece la obstrucción y el deterioro progresivo de las arterias encargadas de irrigar este órgano, elevando significativamente el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.
"El paciente muchas veces no relaciona el cigarro con un accidente cerebrovascular porque cree que el daño ocurre solo en los pulmones. Sin embargo, esta exposición afecta directamente la circulación y puede tener consecuencias graves incluso en personas relativamente jóvenes", agrega Pronello.
A nivel pulmonar, las secuelas continúan siendo especialmente relevantes. La exposición prolongada deteriora la capacidad respiratoria y favorece el desarrollo de bronquitis crónica, enfisema y Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), además de aumentar la susceptibilidad frente a infecciones y agravar cuadros asmáticos.
"Los pulmones tienen cierta capacidad de recuperación, pero cuando la exposición al tabaco se mantiene durante años el daño puede volverse irreversible. Lo complejo es que muchas personas normalizan síntomas como la tos matinal o la sensación de cansancio al subir escaleras, sin darse cuenta de que ya existe un deterioro importante", señala el doctor Carlos Martinez.
La inquietud médica también se ha extendido al uso de cigarrillos electrónicos y dispositivos de vapeo, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Diversos organismos internacionales han advertido que estos productos contienen nicotina y otras sustancias capaces de afectar tanto el aparato respiratorio como el sistema cardiovascular.
"Existe una percepción equivocada de que vapear no genera daño importante, especialmente entre los más jóvenes. Sin embargo, estos dispositivos también pueden producir dependencia, inflamación de las vías respiratorias y alteraciones cardiovasculares. No son inocuos y su uso sostenido puede tener consecuencias importantes para la salud”, advierte Martinez.
Los especialistas coinciden en que dejar el cigarro sigue siendo una de las medidas más efectivas para reducir riesgos. Los beneficios comienzan apenas minutos después del último consumo, con una disminución de la frecuencia cardíaca, mientras que en las semanas siguientes mejoran la circulación y la función pulmonar. A largo plazo, también se reduce de manera significativa la probabilidad de desarrollar enfermedades cardíacas y respiratorias.