Clínica Isamédica obtiene reconocimiento por excelencia en la atención de ACV
La implementación del programa TeleACV, junto con nuevas tecnologías de diagnóstico y tratamiento, permitió alcanzar la máxima certificación internacional en el cuidado de estos pacientes.
Una luz se enciende en urgencias. La misma señal aparece de forma simultánea en distintas áreas estratégicas del establecimiento. Se trata de la alerta de un nuevo ataque cerebrovascular (ACV), que en ese momento moviliza a toda la Clínica Isamédica en Rancagua. "Todos los equipos saben que comenzó un proceso de atención de ACV y canalizan sus esfuerzos hacia allá", explica el doctor José Beltrán, neurólogo vascular y jefe del programa TeleACV de la institución.
Este sistema de semaforización es parte del conjunto de protocolos que llevó a la clínica hacia la máxima distinción del programa Angels de la World Stroke Organization (WSO), el organismo internacional que promueve estándares globales en la atención ACV. Otorgado tras un año y medio de trabajo en la implementación del programa, el reconocimiento categoría diamante sitúa a Isamédica como el único centro de la región de O'Higgins que cuenta con esta distinción.
El doctor Beltrán explica que esto implica el cumplimiento riguroso de indicadores de tiempo y calidad en cada etapa de la atención, donde cada minuto cuenta. El estándar internacional fija en 45 minutos el tiempo máximo desde la llegada del paciente hasta el inicio del tratamiento trombolítico. En Isamédica, el promedio actual es de 35 minutos.
Mientras todos los equipos —laboratorio, tomógrafo, angiógrafo y resonador— se preparan en paralelo, la evaluación neurológica se realiza de inmediato por videoconferencia con un neurólogo vascular entrenado en teleasistencia, quien decide trombolizar o derivar a trombectomía mecánica.
La apuesta de Isamédica también se refleja en equipamiento. Desde hace tres meses, la clínica cuenta con un resonador de última generación con inteligencia artificial y está implementando software de perfusión cerebral que permite ampliar los plazos de intervención. Lo que hace pocos años era una ventana de 4,5 horas para iniciar el tratamiento, hoy puede extenderse según las condiciones de cada paciente.
"A veces se piensa que si pasamos las cuatro horas ya no existe tratamiento, y eso es un error. Actualmente, podemos dar tratamiento hasta 24 horas", precisa el doctor Beltrán, quien llama a la comunidad a consultar ante cualquier pérdida súbita de funcionalidad neurológica: dificultad para mover alguna extremidad, mareo intenso, problemas de visión o lenguaje, asimetría facial o pérdida de sensibilidad.
El programa funciona 24/7 y atiende a pacientes de cualquier previsión, gracias al GES y la Ley de Urgencia. Para el doctor Beltrán, el reconocimiento diamante es también un punto de partida para seguir desarrollando el proceso y mantener los altos estándares de atención.