Cambio de horario exige adaptación gradual del organismo
El paso al huso de invierno puede alterar temporalmente el ritmo biológico, generando trastornos leves del sueño y concentración. Especialistas recomiendan ajustar rutinas y reforzar hábitos saludables para facilitar la transición.
Con la llegada del horario de invierno, el ajuste de los relojes plantea un desafío fisiológico que, aunque acotado, no es indiferente para el organismo. Así lo advierte el Dr. William Aranguibel, de Los Leones Interclínica, quien explica que este cambio impacta directamente en el sistema que regula los ciclos de sueño y vigilia.
El cuerpo humano opera bajo un ritmo interno que coordina funciones esenciales como el descanso, los niveles de energía y diversos procesos metabólicos. Cuando este sistema se ve modificado, incluso de forma leve, pueden aparecer síntomas transitorios como somnolencia en horarios inusuales, dificultades para conciliar el sueño y disminución de la concentración.
A diferencia del horario de verano, el retraso de una hora suele presentar una adaptación más favorable. Sin embargo, este proceso no es inmediato. "El organismo requiere algunos días para ajustarse, y ciertos hábitos pueden facilitar significativamente esa transición", señala el especialista.
Entre las principales recomendaciones, destaca mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, así como favorecer la exposición a la luz natural durante la mañana, un factor clave para sincronizar el reloj interno. En contraste, durante la noche se sugiere reducir la exposición a pantallas y luz artificial, promoviendo un ambiente propicio para el descanso, especialmente en niños y adolescentes.
Una alimentación liviana en la noche y la práctica regular de actividad física contribuyen a mejorar la calidad del sueño. No obstante, se aconseja evitar el ejercicio intenso en las horas previas a dormir, debido a su efecto estimulante.
El especialista enfatiza que, si bien este ajuste puede parecer menor, su impacto en el bienestar diario no debe subestimarse. Ajustar las rutinas con flexibilidad y atender las señales del cuerpo permite reducir los efectos del desfase y prevenir la acumulación de fatiga en los días posteriores.