Advierten los riesgos sobre mal uso de melatonina en niños
Expertos enfatizan que su uso debe ser siempre indicado por un médico y recalcan que la principal estrategia para mejorar el sueño infantil sigue siendo fortalecer los hábitos de descanso.
El aumento de intoxicaciones en niños asociadas al consumo de melatonina llevó al Instituto de Salud Pública de Chile a emitir una advertencia sobre el uso de este producto sin supervisión profesional. Especialistas de la Universidad de Chile explican que en el país la hormona está regulada como medicamento, por lo que su administración en menores requiere siempre evaluación médica. "Necesita receta y la indicación debe surgir tras una valoración clínica", señala la doctora Lorena Rodríguez, directora de la Escuela de Salud Pública.
El neurólogo Pablo Salinas explica que, aunque su uso puede considerarse en algunos casos desde los dos años, la decisión debe tomarse tras estudiar las causas del problema de sueño. Según indica, antes de recurrir a fármacos, se debe descartar la presencia de alguna condición que esté afectando el descanso y evaluar el contexto en que duerme el niño.
Desde el ámbito farmacológico, el académico Matías Martínez advierte que el objetivo del medicamento es ayudar a regular el ciclo circadiano, pero su uso también puede provocar efectos adversos. Entre los más frecuentes menciona somnolencia durante el día, mareos, náuseas, dolor de cabeza e incluso alteraciones del ánimo. En casos de intoxicación, agrega, pueden aparecer cefaleas intensas, vómitos o trastornos del sueño.
El profesor Simón Guerrero agrega que existe una percepción errónea sobre este producto. "No es un dulce ni un suplemento inocuo, sino una molécula con efectos hormonales relevantes", advierte. Además, explica que algunas presentaciones en formato de gomitas pueden resultar atractivas para los niños y facilitar ingestiones accidentales.
Los especialistas coinciden en que la primera estrategia para abordar los problemas de descanso en la infancia debe centrarse en la higiene del sueño. Esto implica reducir el uso de pantallas antes de acostarse, mantener rutinas estables, promover actividad física durante el día y favorecer un ambiente tranquilo para dormir. Solo cuando estas medidas no resultan suficientes se evalúa el uso de medicamentos bajo supervisión médica.