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13 Septiembre 2021

Dr. Pedro Ziede Díaz:

“Sembrando Salud, en unos años más, cumplirá un cuarto de siglo"

La historia de estos operativos médicos y su trabajo han permitido crear una marca registrada entre los profesionales de la Región de Antofagasta que participan en ellos voluntariamente.

El cirujano infantil Pedro Ziede Díaz, es reconocido por sus pares y por la comunidad de la Región de Antofagasta por ser el motor de “Sembrando Salud”, un proyecto social que se inició en 1998 para dar solución a las listas de espera médico quirúrgicas de baja complejidad en la zona. 

Nacido en Antofagasta, estudió sus tres primeros años de la carrera en Facultad de Medicina de la Universidad de Chile en Santiago, anexa al Hospital José Joaquín Aguirre y cuando se abrió la sede de Antofagasta, volvió a la ciudad a terminarla. "Pertenezco a la única generación que egresó de ella”, dice.

Se especializó en los Hospitales Roberto del Río de Santiago, San Juan de Dios de Barcelona y de Strasbourg de Francia. Trabajó por más de dos décadas en el Hospital Regional Dr. Leonardo Guzmán y, actualmente, es docente en la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Antofagasta (UA).

“Mi paso por ella no solo me ha permitido reclutar a nuevos y jóvenes voluntarios, sino que también postular a financiamientos para poder sacar adelante estos operativos, que son voluntarios y cuentan con la participación de profesionales que sacrifican su descanso de fin de semana para dedicarlo a atender a un paciente que está en lista de espera y lo necesita”.

Su compromiso con la salud se ha reconocido. En 2015 recibió el “Ancla de oro”, un premio que entrega el municipio a un ciudadano o institución que se destaque por aportar al desarrollo de la comuna y dos años después ganó la primera versión de “Camiseteados”, una iniciativa que distingue a nivel nacional a personas que buscan hacer de Chile un mejor país. 

- ¿Cómo y por qué nacen los operativos médico quirúrgicos “Sembrando Salud”?

La idea surge en la década de 1990 de una iniciativa realizada por un grupo de médicos norteamericanos, que viajaba a nuestro país a operar a niños con labio leporino en lista de espera. Eran cirujanos plásticos que, en su mayoría, pertenecían al programa “Rotaplast” del Rotary Club y que dedicaban una semana a trabajar voluntariamente, incluso costeándose su pasaje de avión. En ese entonces, me sorprendí de la labor y despliegue que involucraba: traían de todo desde el instrumental quirúrgico hasta la más mínima jeringa. Colaboré tres años y fue ahí cuando reflexioné que si ellos recorrían miles de kilómetros para ayudar a personas sin ningún costo para el Estado o los pacientes, nosotros podríamos hacer una cosa similar adaptándola a la realidad de Antofagasta. Unos años después, sufrí una experiencia bastante particular, estuve a punto de ahogarme en la playa de Hornitos. Pasé muchísimo rato tratando de salir del agua, arrastrado por la corriente, sin tocar fondo. Estaba agotado y, como dicen, “vi pasar mi vida en un minuto”, hasta que me di cuenta que desde la orilla estaban tratando de auxiliarme. Lograron sacarme y pensé en que me habían dado una segunda oportunidad y que debía devolverla. Recordé a esos colegas y me propuse cooperar con los niños de comunas donde no se tiene posibilidad de una intervención médica, realizando cirugías de baja complejidad como adenoides, amígdalas o hernias.

- ¿Cuál es el objetivo de entregar esta ayuda voluntaria?

Principalmente, disminuir las listas de espera. Este tema no es solo de Antofagasta, sino que ocurre desde Arica a Punta Arenas. En todas las regiones tenemos esta problemática y sobre todo en el área quirúrgica. Nosotros colaboramos con nuestra región. Partimos en 1998. Reuní a un equipo de médicos, anestesistas y auxiliares, conseguimos instrumental quirúrgico y partimos por tierra a Taltal. Solicitamos prestado el pabellón del hospital y lo utilizamos viernes, sábado y domingo. Lo hicimos una vez al año en 1998 y 1999. En 2000, cuando ingresé a trabajar en la UA me propuse involucrar a los futuros profesionales de la salud en esto. Ese año bautizamos este programa como “Sembrado Salud”, si bien cuesta mucho sembrar en el desierto, nosotros lo hacemos con pocos recursos, pero con mucha voluntad.

- Esa convicción permitió su progreso…

Quería que esta actividad creciera. En la universidad habíamos logrado ganarnos algunos proyectos, pero sentía que necesitábamos ganar tiempo, perdíamos mucho en el traslado. En 2000, el Rotary Club, del cual yo era miembro, hizo un homenaje a la Fuerza Aérea. Venía el comandante en jefe. Pedí que me lo presentaran, pero dijeron que no, porque era muy feo andar pidiendo favores en estas instancias. Pero como no era para mí, sino para los niños, lo hice. Así conseguimos hasta 2012 un avión CASA 212 que nos llevó a Taltal, Tocopilla y San Pedro de Atacama. 

- ¿Cuántos profesionales han participado aproximadamente?

Entre cirujanos dentistas y médicos son más de 250 los colegas que han trabajado en todos estos años y, por supuesto, más de 150 estudiantes de medicina y odontología se han sumado. Mi agradecimiento hacia ellos es infinito, como así también lo es para todas aquellas personas que nos apoyan. Uno ve a los especialistas en pabellón, pero detrás de ellos existe una cadena de colaboración: arsenaleras, paramédicos, Tens, administrativos, choferes, entre otros. El capital humano que se suma a estos operativos es muy grande y el denominador común es el amor hacia el otro y el ánimo de ayudar. Por eso, siempre se va sumando gente y lo más importante es que en estos más de 20 años hemos ganado credibilidad y mantenido la confianza, porque realizamos esta labor con transparencia por el bien común de la ciudadanía. 

- ¿De qué manera logra tan altas convocatorias?

La historia de estos operativos y los años de trabajo han ayudado a crear una marca, que está tremendamente registrada entre los profesionales de la salud de la Región de Antofagasta. La responsabilidad y el amor que hay detrás fluye al momento de invitar a participar. Es algo que realizo presencialmente. Esto no resultaría enviando un correo masivo, porque el compromiso que nosotros tenemos con la actividad no se puede transmitir por esa vía. Yo convoco mirando a los ojos. Hablar con los potenciales voluntarios es una tarea difícil y, al mismo tiempo, hermosa, porque uno conquista finalmente con el corazón. Eso hizo que empresas privadas y los municipios de Taltal, San Pedro y Tocopilla nos permitieran concretar este proyecto. Actualmente, la UA y Minera Escondida son nuestros grandes aliados en esta cruzada. Llevamos más de 22.000 pacientes atendidos y superamos las 2.000 cirugías de baja complejidad en distintas especialidades. No es menor.

- Producto de la pandemia, por primera vez en la historia, tuvieron que suspender actividades en 2020. ¿Qué implicancias tuvo para la comunidad?

La falta de atención y la cancelación de todas las intervenciones electivas produjo un aumento en las listas de espera quirúrgica. Eso también afectó a nuestros operativos, porque los hospitales estuvieron ocupados y colapsados con pacientes COVID-19. Solo pudimos realizar uno en verano, antes que se declarara el estado de emergencia, por lo que muchas personas quedaron sin la oportunidad de cirugía. En junio de 2021 retomamos. Nos hemos tenido que replantear la forma de desarrollarlos. Por temas de aforo y necesidad, nos propusimos hacerlos más pequeños, pero con mayor regularidad. Además, el Colegio Médico regional nos propuso realizarlos en los distintos Centros de Salud Familiar de la zona. En tres meses hemos finalizado cuatro operativos, antes de la pandemia concretábamos cuatro a cinco al año. En un periodo muy breve, hemos tratado de recuperar el tiempo perdido.

- ¿Imaginó este éxito?

Nunca. Y que iban a durar tanto, tampoco. Llevamos más de dos décadas. Jamás pensé que alcanzarían esta repercusión. En unos años más, vamos a cumplir un cuarto de siglo trabajando por la comunidad del norte de Chile. El equipo humano que hay detrás es muy grande. Yo solo soy la cara visible, pero esta tarea ha sido de personas con mucha voluntad y convicción y de instituciones que creyeron en este proyecto y se han sumado a él.

- Existe evidencia que ayudar a otros tiene beneficios para la salud. ¿Qué satisfacciones profesionales y personales le ha traído este proyecto?

Si bien organizar un operativo es estresante, porque hay que preocuparse de diferentes detalles, al final del día el agradecimiento que brinda la gente, la sonrisa instantánea, la felicidad de padres al ver que sus hijos, finalmente, se pudieron intervenir se traduce en una cascada hormonal de serotonina que da la motivación para seguir adelante. Hay una cosa muy importante: el bien que tú le haces a la gente se devuelve, no en dinero, pero si en riqueza para el corazón y alma. Eso es lo que necesitamos actualmente, tanto los equipos médicos como la ciudadanía. 

- Por último, ¿cómo se proyecta esta actividad?

Me queda una tarea muy difícil: comenzar a buscar a la persona que tiene que continuar el día de mañana, porque esta necesidad de ayuda va a permanecer. Hoy son las listas de espera, pero más adelante pueden ser otras materias. El “Sembrando Salud” es un programa hermoso, que resta tiempo a la familia y al trabajo diario, pero en beneficio de personas, a veces, relegadas. Lo que se hace con amor y cariño se devuelve de la misma manera y eso da la energía para seguir adelante y para buscar a ese reemplazante natural que debe seguir con la posta que iniciamos en 1998. 

Por Carolina Faraldo Portus

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