Dr. Miguel Toro Montecinos:
"La dermatitis atópica infantil es una enfermedad multifactorial"
Factores genéticos y epigenéticos convergen en su desarrollo. En los niños puede causar alteraciones del estado del ánimo y pérdida de la autoestima.
La dermatitis atópica es una de las enfermedades inflamatorias crónicas de la piel más frecuentes en la infancia y, a la vez, una de las que más impacto tiene en la calidad de vida de los niños y sus familias. Aunque su abordaje suele recaer en el dermatólogo, a diario pediatras, médicos generales y otros especialistas se enfrentan a pacientes con síntomas cutáneos compatibles, dudas diagnósticas y desafíos terapéuticos que van más allá de la piel.
En los últimos años, el conocimiento sobre su fisiopatología ha evolucionado de manera significativa, dando paso a nuevas estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento, especialmente en los casos moderados a severos. En este contexto, el manejo oportuno, la educación del paciente y el trabajo interdisciplinario se vuelven claves.
Para el doctor Miguel Toro Montecinos, dermatólogo del Hospital Las Higueras de Talcahuano, "se trata de una patología cutánea mediada inmunológicamente que cursa con brotes recurrentes de inflamación. Sigue siendo importante por su elevada prevalencia y por el impacto negativo en la calidad de vida de los niños".
Según el profesional formado en la Universidad de Concepción y especializado en el Hospital Universitario Germans Trias i Pujol de Barcelona (España), "suele ser muy sintomática. Las lesiones generan mucho prurito e incluso ardor, lo que conlleva que los niños se rasquen, duerman mal y les cambie el estado de ánimo. Todo esto genera angustia tanto en el niño como en la familia. A eso hay que sumar los costos de los tratamientos, ya sean cremas, antialérgicos, etcétera".
- ¿Cuáles son las claves para un diagnóstico oportuno y los errores más frecuentes que observa?
La presencia de lesiones inflamatorias en las flexuras y la sequedad generalizada de la piel. De todos modos, es importante reconocer sus distintas formas clínicas, pues esta se puede presentar de maneras atípicas que los médicos debemos saber reconocer. En ese sentido, los errores más comunes son confundir la dermatitis con infecciones fúngicas u otras entidades e indicar tratamientos incorrectos o incompletos.
- ¿Qué conceptos considera fundamentales para entender mejor su evolución y heterogeneidad clínica?
En los últimos años comprendimos que es una enfermedad multifactorial en la que convergen factores genéticos y epigenéticos. Desde el punto de vista inmunológico, hemos aprendido que la patología no solo altera la vía Th2. De hecho, otras vías inmunológicas como la Th1, Th17 y Th22 también se ven afectadas. Además, algunos factores de riesgo perinatales y la presencia de ciertas comorbilidades alérgicas condicionan un mayor riesgo de severidad. Todo esto, más aspectos externos como el clima o el estrés, sumados a la genética propia y la heredada, son los que condicionan su heterogeneidad clínica.
- ¿Qué evidencia existe respecto a medidas tempranas de prevención como el cuidado de la barrera cutánea o la exposición ambiental?
En términos prácticos, se recomienda el uso de emolientes de forma precoz, idealmente después de la ducha, desde las primeras semanas de vida. Esta simple medida podría tener un carácter preventivo o al menos disminuir la potencial gravedad de la enfermedad. Por otro lado, es aconsejable evitar irritantes que actúen como desencadenantes de los brotes, sean perfumes, colonias, suavizantes en la ropa y la ropa interior sintética.
- ¿Cuáles son los principales avances en el abordaje terapéutico, especialmente en los casos moderados a severos?
En la medida en que hemos entendido mejor su fisiopatología, la industria farmacéutica ha diseñado tratamientos más específicos, dirigidos a bloquear las vías patológicas de la atopia. Estos tratamientos nuevos se encuentran disponibles para ser usados por vía oral, tópica y subcutánea y han mostrado mucha más efectividad en el control de la enfermedad respecto a las terapias clásicas.
- ¿Qué señales deberían alertar al médico no especialista sobre la necesidad de derivación temprana al dermatólogo?
En general, cuando los cuadros son muy extensos y no mejoran con los tratamientos de primera línea. También aquellos casos que, habiendo sido siempre leves, empeoran de forma súbita. Lo mismo en los que exista una duda razonable respecto al diagnóstico por presentar, por ejemplo, características atípicas.
- ¿Qué alternativas recomienda para mejorar la adherencia terapéutica?
Es importante generar estrategias en las que ambos se sientan comprometidos con la terapia. El paciente debe aprender que el uso de cremas es algo necesario e inevitable. Los padres pueden tener recordatorios o alarmas en el celular para aplicar los tratamientos y deben entender la necesidad de tratar la piel inflamada. Además, es importante que se reconozcan los potenciales desencadenantes de los brotes, si los hubiera.
- ¿Qué consideraciones específicas daría para el manejo durante la temporada de altas temperaturas?
En verano, los niños sudan y se exponen más al sol y a diversos irritantes como la tierra o el cloro de las piscinas. Después de esto, recomiendo una ducha corta para eliminar los residuos y la aplicación inmediata de una crema hidratante dermatológica.
Por Óscar Ferrari Gutiérrez