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18 Enero 2021

Dra. María Eugenia Contreras Pinto:

“Estamos acercando la estimulación cerebral profunda al sistema público”

En la Región de Coquimbo se está desarrollando un programa para personas con párkinson con complicaciones motoras refractarias a terapia farmacológica. 

La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo crónico producido por la destrucción de las neuronas dopaminérgicas que se encuentran en los ganglios basales e intervienen en el control de los movimientos dentro del sistema nervioso central.

Se caracteriza por la presencia de lentitud de movimientos, temblor de reposo y rigidez, lo que ha llevado a que se la considere y estudie como un trastorno motor pese a que, en las últimas décadas, ha aumentado el reconocimiento de síntomas disautonómicos, apatía y deterioro cognitivo, entre otros.

Es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente y según la Organización Mundial de la Salud, afecta a aproximadamente 6,3 millones de personas, número que para 2030 podría duplicarse.

“Se estima una prevalencia de 315 casos por 100.000 habitantes. Tanto en Chile como en Latinoamérica no contamos con estudios que confirmen estos datos. Sin embargo, creemos que las cifras se correlacionan con respecto a la realidad global. Tampoco hemos desarrollado investigaciones genéticas. Recién se están esbozando algunas y como Hospital de La Serena y otros centros de Santiago deberíamos incorporarnos prontamente a un trabajo que está liderando la Cleveland Clinic con el apoyo de la Fundación Michael J. Fox”, comenta la neuróloga María Eugenia Contreras Pinto, quien encabeza el Programa de cirugía de estimulación cerebral profunda (ECP) en personas con EP con complicaciones motoras refractarias a terapia médica de la Región de Coquimbo.

Es médico de la Universidad Católica del Norte, sede Coquimbo, para luego continuar con su beca de neurología en la Universidad de Santiago, campo clínico Hospital Dipreca. Al retornar a la zona tenía claro que quería subespecializarse en esta enfermedad neurodegenerativa. 

En España cursa un máster en enfermedad de Parkinson y otros trastornos del movimiento en el Hospital Clínic de Barcelona, donde conoce los beneficios de la ECP con electrodos direccionales, “tecnología que en ese momento se estaba incorporando en ese centro de salud y que consiste en implantar un dispositivo similar al marcapasos en el sistema nervioso, cuyos estímulos eléctricos pueden ser direccionados de forma precisa”.

Al volver a Chile comienza a acercar esta terapia a los pacientes del sistema público, donde trabaja hace más de siete años. 

 -¿Por qué se interesa en esta enfermedad neurodegenerativa?

En neurología convivimos con patologías crónicas que, muchas veces, no tienen cura y son de curso largo. Acompañamos a las personas y sus familias en el proceso de sanación y también de enfermedad. Es algo que a mí me gusta mucho, porque nos permite apreciar la real dimensión de estos trastornos y entregar soluciones para mejorar la calidad de vida de todos ellos. En párkinson el paciente ve menoscabada su salud física, emocional y social, lo que repercute en su entorno cercano. Eso me llevó a querer acompañarlos en el proceso, como médico de cabecera, para ir viendo todas las aristas de la persona. Actualmente, trabajamos transdisciplinariamente con un equipo integral compuesto por neurólogos, neurocirujano, psiquiatra, psicólogos, trabajadores sociales, kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, nutricionistas, fonoaudiólogos, donde el paciente y su familia, forman parte activa de este equipo. 

- En su beca de especialización aprendió las ventajas de la estimulación cerebral profunda… 

Estuve un año en el Hospital Clínic de Barcelona realizando un máster en enfermedad Parkinson y otros trastornos del movimiento. Conocí de cerca la ECP, una intervención que en Chile se hacía ocasionalmente en clínicas privadas, pero que en España era una cirugía de todos los días. Me especialicé con el neurólogo Francesc Valldeoriola, actualmente jefe de la Unidad de Trastornos del Movimiento, un referente mundial en este tema que me acogió como discípula y me permitió trabajar con este electrodo direccional que recién se estaba utilizando allí. Volví a Chile con las ganas de materializar todo lo aprendido en nuestros pacientes nacionales. 

- ¿Cómo nace el programa de ECP que lidera en la región desde 2018?

Pensé que implementar esta terapia iba a ser complejo. Pero un día se me acerca una paciente y comenta que estaba en conversaciones con un consejero regional para conseguir financiamiento para este tipo de cirugías. Así fue como comenzamos a estructurar este proyecto para la región y a conversar con las personas que nos podían ayudar a materializarlo: Gobierno Regional, autoridades sanitarias y ministeriales, especialistas de los Hospitales de La Serena y Coquimbo, entre muchos otros. Eso nos llevó a conformar un equipo multidisciplinario y a capacitar a nuestro neurocirujano José Hortal en esta terapia. Él se especializó en Colombia y también en el Hospital Clínic de Barcelona, gracias al apoyo del Servicio de Salud. Presentamos el proyecto al Gobierno Regional, que nos dio su voluntad política y los fondos. Luego vino la pandemia, que retrasó el proyecto. Pero gracias a distintas entidades, entre ellas la Fundación Desafío Levantemos Chile, pudimos retornar algunos recursos que se habían redestinado a temas COVID-19 para poder seguir y concretar nuestras ocho operaciones. Fue un proceso largo, para llegar donde estamos, pero que valió completamente la pena. Dos pacientes fueron operados en diciembre de 2020 y dos más que lo harán durante el mes de febrero. 

- ¿En qué consiste la intervención?

Esta terapia de ECP tiene tres etapas, todas esenciales para que sea efectiva. En la primera, se selecciona al paciente; luego sigue la acuciosa implantación de los electrodos en el núcleo profundo del cerebro; y la tercera consiste en la programación de los parámetros del dispositivo. El neurocirujano participa en todas las etapas, siendo el protagonista y responsable de la implantación del electrodo. Durante la cirugía es apoyado por el neurólogo, quien realiza un registro intraoperatorio cerebral que permite ir chequeando si el electrodo está bien posicionado y si es efectivo sobre la sintomatología motora del paciente, que se encuentra durante la mayoría de la intervención despierto. 

- Y cómo funciona este neuromodulador…

No lo tenemos del todo claro, pero sabemos que actúa controlando los distintos núcleos del cerebro que están “desregulados”. En la enfermedad de Parkinson uno o más circuitos no se controlan adecuadamente y, muchas veces, están hiperactivos. Al colocar este electrodo en el núcleo subtalámico tratamos estas “sobre revoluciones” desactivando o inhibiendo la actividad para modular la sintomatología motora del paciente. Este dispositivo médico implantado quirúrgicamente, similar a un marcapasos cardiaco, administra estimulación eléctrica en áreas específicas del cerebro, las que debemos ir regulando en cuanto a intensidad y frecuencia. En la primera etapa lo hacemos cada dos semanas, pero luego cada seis meses o antes si es que llegase a manifestarse algún problema.

- ¿Cuáles son los beneficios de la ECP?

La enfermedad de Parkinson tiene síntomas motores y no motores, como trastornos cognitivos, del estado de ánimo, gastrointestinales, autonómicos, del sueño, entre otros. Esta terapia ha reportado beneficios con respecto a los primeros, es decir, temblor, rigidez, bradicinesia en un 50%, disminución en la toma de medicamentos en 50% también y mejora de un 30% en la calidad de vida. 

- A qué se debe este último parámetro… 

Es algo que estamos estudiando, porque la calidad de vida mejora, pero no como esperaríamos. Queremos saber por qué si los síntomas motores y la terapia medicamentosa disminuyen, no se correlaciona con el incremento significativo en la calidad de vida. Por lo mismo, hemos puesto énfasis en conformar un equipo multidisciplinario que nos permita detectar cuáles son las principales problemáticas que hacen que esta esfera no tenga mejores resultados, saber qué es lo que está pasando con las expectativas y enfocar la educación que debemos entregar sobre la patología y el tratamiento activo. Tenemos que hacer que el paciente sea parte de su proceso de sanación. La medicina dejó de ser paternalista, queremos “devolverle el poder a la persona” para que se haga cargo. Estamos confiados que, con el tiempo, trabajando en conjunto vamos a tener mejores resultados en lo que a calidad vida de los pacientes respecta. 

- ¿Qué pacientes son candidatos a esta cirugía?

La ECP requiere de una completa evaluación, ya que no todos los pacientes son susceptibles a esta intervención. Deben tener entre 18 y 70 años; cursar la enfermedad hace al menos cinco años, con fluctuaciones motoras refractarias a terapia médica; y muy buena respuesta a la levodopa. No pueden cursar alguna patología psiquiátrica activa, deterioro cognitivo moderado a severo o algún antecedente mórbido de alto riesgo quirúrgico. Importante es la red de apoyo familiar y social, pues permite una mejor adherencia al tratamiento. 

- Hasta el momento, ¿cuántas cirugías han realizado y cómo ha sido la evolución de los pacientes?

En diciembre de 2020 concretamos nuestras dos primeras intervenciones. Ambos han respondido muy bien y han disminuido la toma de levodopa. Todavía estamos en el proceso de ajuste de los parámetros del electrodo. Hasta el momento no hemos tenido ningún problema mayor y esperamos concretar dos más este mes. 

- ¿Qué significa para el equipo regional contar con este recurso terapéutico?

Es como un sueño hecho realidad que nuestros pacientes puedan tener acceso a una cirugía como esta que cambia la vida. Para nosotros representa un salto en la historia de la medicina regional. Esta es una intervención esencial, por eso nuestros esfuerzos están puestos en que este programa genere un cambio en la visión que las personas tienen de la medicina, la cual debe tender hacia ellas y sus familias, es decir, tiene que estar al servicio del paciente y su necesidad. Contamos con un equipo que tiene mucha vocación, cree en el programa y se siente parte activa de él. Para mí son esos héroes anónimos que acompañan a estos enfermos crónicos en su proceso de enfermedad y sanación, van viendo diariamente sus progresos y detectando potenciales problemas. Son nuestros ojos en las visitas domiciliarias, que nos ayudan a definir estrategias e intervenciones a implementar. 

- Pacientes de otras regiones del norte del país podrán acceder a ella… 

El proyecto contempla cirugía para ocho pacientes de la zona, pero nuestra intención es seguir. Hemos conversado con el Consejo Regional para continuar. No podemos abandonar a otras personas que necesitan esta intervención para mejorar su calidad de vida. Esperamos que exista un mayor acceso a esta terapia, por eso es tan importante dar a conocer los resultados que vayamos alcanzando con estas primeras cirugías. A futuro esperamos convertirnos en un centro de derivación para el norte. Hemos tenido acercamientos con el Ministerio de Salud y Fonasa, con la idea de que esta terapia se transforme en una política pública. Y también los mismos consejeros regionales han conversado con pares de otras zonas para que puedan incorporarse a esta iniciativa, aportando los recursos para costear el dispositivo. Esta terapia se realiza con éxito en el mundo hace casi 25 años, los beneficios son muy grandes para el paciente y su familia y queremos acercarla al sistema público. 

- Por último doctora, ¿se está estudiando la ECP como tratamiento de otras patologías?

Esta cirugía está aprobada para temblor esencial, distonía, trastorno obsesivo compulsivo y enfermedad Parkinson. Actualmente, está estudiándose la eficacia en otras enfermedades psiquiátricas como adicciones, depresión severa, alzhéimer, pero en estas última patología todavía no tenemos resultados.

Por Carolina Faraldo Portus

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