Dra. Ana María Soza Ried:
“En pacientes con depresión hemos encontrado asimetrías vestibulares medibles”
La investigación sobre el sistema vestibular abre nuevas perspectivas para comprender trastornos del ánimo, al evidenciar vínculos con redes cerebrales implicadas en la autopercepción, la memoria y la regulación emocional.
Durante décadas, este complejo conjunto de estructuras y vías neuronales ha sido asociado principalmente al equilibrio y a la orientación espacial. Sin embargo, investigaciones han comenzado a revelar su participación en circuitos cerebrales vinculados con procesos cognitivos, emocionales y autonómicos.
En este contexto, la neurobióloga y profesora de fisiología humana, doctora Ana María Soza, ha desarrollado una línea de investigación que conecta la función vestibular con trastornos del ánimo, particularmente en depresión y bipolaridad. Además, ha descrito la presencia de asimetría vestibular en pacientes con depresión mayor y diseñado un método fisiológico de estimulación unilateral orientado a su tratamiento.
Sus estudios exploran las proyecciones centrales del sistema vestibular hacia estructuras como la ínsula y el hipocampo, regiones asociadas a la autopercepción, la memoria, la regulación de la atención y los ritmos circadianos.
También ha trabajado en protocolos de evaluación y reacondicionamiento vestibular utilizando una silla rotatoria diseñada para medir objetivamente la función de ambos oídos internos.
- ¿Qué la llevó a explorar la relación del aparato vestibular con funciones cerebrales más complejas?
Este sistema es el encargado de percibir el movimiento corporal y la posición en el espacio. Sus receptores se encuentran en el oído interno y funcionan en forma bilateral, con un nivel de actividad relativamente simétrico entre ambos lados. Cuando aparece una desigualdad, el cerebro recibe señales contradictorias sobre la posición del cuerpo y se generan síntomas como vértigo, mareo o sensación de inestabilidad. Mi interés surgió a partir de esas observaciones clínicas.
Durante mi formación en otorrinolaringología atendía con frecuencia pacientes que consultaban por mareos sin diagnóstico claro. Con frecuencia se atribuían estos síntomas al estrés o a estados nerviosos, una explicación que me parecía insuficiente desde el punto de vista fisiológico. Si una persona experimenta una sensación física tan definida, necesariamente debe existir un fenómeno de este tipo que la explique.
El punto de inflexión ocurrió cuando evalué a un paciente con depresión severa que presentaba un nistagmo muy evidente. Ese hallazgo hizo preguntarme si podía existir una relación entre alteraciones del ánimo y la función vestibular. A partir de esa inquietud, decidí realizar un magíster en neurociencia y diseñar un estudio que midiera objetivamente el sistema vestibular en personas con depresión.
- ¿Qué papel desempeña la ínsula en la modulación emocional?
Uno de los principales destinos corticales de la información vestibular es la ínsula. Esta región integra múltiples señales sensoriales provenientes del cuerpo y del ambiente, generando una percepción unificada del propio organismo. En otras palabras, contribuye a la construcción de la imagen que cada individuo tiene de sí mismo.
Esa representación no es solo conceptual; corresponde a una red neuronal localizada principalmente en la corteza insular. Allí se integran señales somáticas, emocionales y cognitivas que permiten reconocer el propio cuerpo y regular la experiencia subjetiva. Cuando esta función se altera, pueden aparecer fenómenos de distorsión corporal o de percepción inadecuada del propio estado interno.
- También ha descrito vínculos con el hipocampo. ¿Cómo se explica esta relación?
Esta estructura es fundamental para la memoria y la orientación espacial. La información vestibular funciona como una especie de sistema de posicionamiento interno que permite al cerebro construir un mapa del entorno. Gracias a esa señal podemos reconocer dónde estamos y cómo nos desplazamos dentro del espacio.
Diversos estudios han demostrado que la actividad vestibular modula directamente el funcionamiento hipocampal. De hecho, la estimulación de este sistema puede aumentar la actividad neuronal en esa estructura e incluso favorecer procesos de neurogénesis en el cerebro adulto.
Esto es particularmente relevante porque el hipocampo participa en múltiples funciones cognitivas, incluyendo la memoria episódica y la navegación espacial. Si la señal vestibular influye sobre esa región, entonces su alteración podría tener consecuencias más amplias en procesos cognitivos y emocionales.
- Usted ha desarrollado un método de evaluación utilizando una silla rotatoria. ¿Cómo funciona este procedimiento?
Permite estimular selectivamente el sistema vestibular de cada lado. Cuando el paciente gira hacia la derecha, se activa el oído derecho y se inhibe el izquierdo; al rotar en sentido contrario ocurre lo inverso. Durante el procedimiento registramos el movimiento ocular mediante sensores que detectan la actividad del reflejo vestíbulo-ocular.
Este reflejo provoca que los ojos se desplacen en sentido opuesto al movimiento de la cabeza para mantener la estabilidad visual. Al medir la velocidad de ese desplazamiento, podemos estimar el nivel de actividad vestibular de cada lado. De esta manera es posible cuantificar objetivamente la función de ambos oídos internos y comparar su simetría.
El objetivo es identificar diferencias significativas entre la actividad derecha e izquierda. En condiciones normales, ambos lados presentan valores muy similares. Cuando aparece una asimetría importante, puede interpretarse como un indicador de disfunción vestibular.
- En sus investigaciones ha observado patrones distintos entre depresión y trastorno bipolar. ¿Qué hallazgos ha encontrado?
En el primer estudio que realizamos, medimos la función vestibular en un grupo de personas con depresión severa y lo comparamos con individuos sanos. El resultado fue muy llamativo: la mayoría de los pacientes depresivos presentaba una disminución significativa de la actividad vestibular en un solo lado.
Eso fue algo inesperado. Inicialmente pensamos que encontraríamos una reducción global de la actividad debido a alteraciones en neurotransmisores, pero lo que apareció fue una disminución lateralizada. Es decir, un oído mostraba menor actividad que el otro de forma consistente.
Este patrón sugiere la existencia de una asimetría funcional que podría reflejar diferencias en la actividad cortical asociada a ese sistema. Desde el punto de vista conceptual, podría interpretarse como una manifestación periférica de una alteración en redes cerebrales implicadas en la regulación emocional.
- ¿Cómo se complementa este conocimiento con los métodos diagnósticos más tradicionales?
La psiquiatría se basa principalmente en criterios clínicos y en la observación de síntomas. Aunque esa metodología es fundamental, muchas veces carecemos de indicadores fisiológicos objetivos que permitan apoyar el diagnóstico.
La evaluación vestibular podría aportar una medida cuantificable que complemente la evaluación clínica. Si se confirma la presencia de patrones específicos asociados a distintos trastornos del ánimo, este tipo de medición podría transformarse en un marcador fisiológico útil para orientar el diagnóstico o evaluar la evolución del paciente.
Desde mi perspectiva, el mayor valor de este enfoque es que conecta la investigación básica en neurociencia con aplicaciones clínicas concretas. Comprender cómo interactúan estos sistemas puede abrir nuevas posibilidades diagnósticas y terapéuticas en psiquiatría.
- Usted también ha desarrollado un protocolo de reacondicionamiento vestibular. ¿Cuál es su objetivo terapéutico?
La idea central es restaurar la simetría funcional del sistema vestibular mediante estimulación dirigida. Al mejorar ese equilibrio entre ambos lados, se busca normalizar la información que llega a las redes cerebrales asociadas con la autopercepción y la regulación emocional.
En varios pacientes hemos observado que, al corregir la asimetría, los síntomas disminuyen progresivamente. En algunos casos esto ha permitido reducir la dosis de medicamentos e incluso suspenderlos bajo supervisión médica.
Aunque aún se requieren más estudios para consolidar la evidencia, estos resultados sugieren que la estimulación vestibular podría transformarse en una herramienta terapéutica complementaria dentro del abordaje de ciertos trastornos del ánimo.
- ¿Cuáles son los próximos pasos de su investigación?
El objetivo es ampliarla mediante estudios más grandes y colaboraciones internacionales que permitan validar estos hallazgos en diferentes poblaciones. También buscamos profundizar en los mecanismos neurobiológicos que explican la relación entre el sistema vestibular y las redes cerebrales implicadas en procesos emocionales.
Este enfoque no busca reemplazar los modelos actuales en psiquiatría, sino aportar una dimensión fisiológica complementaria que podría enriquecer la comprensión y el tratamiento de estos trastornos.