Dr. Miguel Lagos Sepúlveda:
"El verdadero éxito en trasplantes comienza en la cultura organizacional"
Avanzar en equidad territorial, acercar una terapia de alta complejidad a la población y fortalecer la resolutividad de la red pública son los objetivos del Programa de Trasplante Renal que implementará el Hospital de Puerto Montt.
La enfermedad renal crónica (ERC) representa un desafío creciente para los sistemas de salud, especialmente en regiones donde el acceso a terapias altamente especializadas puede verse limitado por la centralización de servicios.
En este contexto, el Hospital de Puerto Montt avanza en la implementación de un Programa de Trasplante Renal destinado a fortalecer la capacidad resolutiva de la red asistencial del sur de Chile. La iniciativa es coordinada por el urólogo Miguel Lagos, quien cursó un Máster en Donación de Órganos y Trasplante Renal en la Universidad de Sevilla de España, experiencia que busca aprovechar para mejorar las oportunidades de tratamiento en pacientes complejos de la región.
"La puesta en marcha de este programa tiene una relevancia estratégica para el sur austral del país. Hoy los centros de trasplante renal acreditados se concentran en un número acotado de hospitales del país, lo que obliga a muchos pacientes a desplazarse largas distancias para evaluación, trasplante y seguimiento, con el consiguiente costo clínico, familiar y social. Desarrollar esta capacidad en Puerto Montt permite avanzar en equidad territorial, acercar una terapia de alta complejidad a la población de la macrozona sur y fortalecer la resolutividad de la red pública fuera de Santiago", comenta el médico formado en la Universidad de Chile y especializado en la Universidad de La Frontera de Temuco.
Según el profesional, "el objetivo es cerrar brechas muy concretas: tiempos y costos de traslado, discontinuidad en controles, dificultad para mantener estudios pretrasplante actualizados y menor oportunidad de acceso para pacientes que viven lejos de los grandes centros. En una región extensa, con geografía compleja e incluso territorios insulares, contar con un equipo local cambia de manera muy importante la experiencia asistencial del paciente y su familia. La experiencia reciente de la red, incluyendo avances de estudio pretrasplante en Chiloé, muestra esa necesidad de descentralizar y acercar el proceso al territorio".
- ¿Cuál es la situación de la enfermedad renal crónica en la Región de Los Lagos y qué tan frecuente es que los pacientes evolucionen hacia etapas avanzadas que requieran terapia de reemplazo renal?
Es un problema de salud pública relevante. En Chile, la prevalencia estimada en etapas tres a cinco en población general fue de 3% en la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, y en personas controladas en el programa cardiovascular del sistema público puede llegar a alrededor de 12%. Esto es especialmente importante porque la diabetes, la hipertensión y la obesidad siguen siendo factores de riesgo muy prevalentes, y son precisamente los grandes motores de progresión hacia etapas avanzadas.
No todos los pacientes con ERC progresan a terapia de reemplazo renal, pero sí existe un grupo significativo que evoluciona a etapa terminal y requiere hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante. Desde el punto de vista sanitario, este último es la mejor alternativa para muchos de ellos, porque mejora la supervivencia, la calidad de vida y la reinserción social frente a una dependencia crónica de diálisis. El propio Ministerio de Salud reconoce que la mayoría de quienes llegan a requerir reemplazo renal se tratan con hemodiálisis, diálisis peritoneal y trasplante, y que la sobrevida de personas en diálisis es sustancialmente inferior a la de la población general de la misma edad.
- ¿Cuántos podrían beneficiarse?
La cifra exacta es dinámica, porque depende del número de aquellos que están en diálisis, la cantidad que cumple con los criterios clínicos y los que tienen su estudio pretrasplante completo y vigente. Por eso, en vez de un número rígido, hablaría de una cohorte potencial de varias decenas de personas que podrían beneficiarse directa o progresivamente del programa en la red, entre quienes ya en terapia de reemplazo renal y los que están en proceso de evaluación.
Lo importante es entender que el beneficio no se limita a quienes, finalmente, se trasplantan en una primera etapa. También alcanza a las personas que pueden ser estudiadas, preparadas y seguidas cerca de su domicilio. Como referencia del territorio austral, solo en Ancud se informó recientemente la existencia de 12 pacientes activos esperando un riñón, lo que muestra que la necesidad regional es real y sostenida.
- Implementar un programa de trasplantes implica desafíos clínicos, logísticos y organizacionles. ¿Cuáles han sido los principales aspectos que se han debido desarrollar para que este programa pueda ponerse en marcha?
No consiste solo en realizar una cirugía; exige construir una capacidad institucional completa. Se debe trabajar en protocolos clínicos, rutas de derivación, evaluación pretrasplante, selección de pacientes, coordinación con laboratorios y estudio inmunológico, pabellón, UPC, infectología, nefrología, urología, anatomía patológica, banco de sangre, farmacia clínica, radiología y seguimiento postrasplante. Todos estos son desafíos en los que estamos trabajando y afinando para poder dar inicio en una primera etapa con donante vivo.
- Usted cursó un Máster en Donación de Órganos y Trasplante Renal en la Universidad de Sevilla. ¿Qué aprendizajes o modelos internacionales espera aplicar en el desarrollo del programa en Puerto Montt?
Uno de los principales, es que los programas exitosos no dependen solo del acto quirúrgico, sino de una cultura organizacional de trasplante. Eso incluye protocolos muy claros, trabajo multidisciplinario real, auditoría permanente de resultados, trazabilidad del proceso y una relación muy estrecha entre procuramiento, evaluación pretrasplante, cirugía y seguimiento.
También nos interesa aplicar modelos en que la coordinación hospitalaria de trasplantes tiene un rol protagónico, con fuerte trabajo en red y mejora continua. La experiencia internacional muestra que cuando se ordenan bien los circuitos, se capacita a los equipos y se instala una mirada institucional, los resultados mejoran y la actividad se vuelve sostenible. Nuestro desafío es adaptar esas buenas prácticas a la realidad del sistema público chileno y a las particularidades geográficas y demográficas del sur.
- En términos de resolutividad sanitaria, ¿qué modificaciones se esperan generar para los pacientes de la región que, hasta ahora, deben trasladarse a otros centros del país para acceder a un trasplante renal?
Esperamos un cambio muy importante en oportunidad, continuidad y cercanía de la atención. Para muchos, ir a otros centros del país significa gastos, desarraigo temporal, desgaste físico y dificultad para mantener acompañamiento familiar. Tener un programa regional permite que una mayor parte del proceso ocurra en su propio territorio: evaluación, preparación, controles, seguimiento y, progresivamente, el trasplante mismo.
Eso mejora la resolutividad sanitaria porque disminuye la dependencia de otros establecimientos, fortalece la autonomía de la red local y reduce brechas de acceso. En una patología crónica y compleja como esta, estar más cerca no es un detalle: es parte de la calidad de la atención.
- ¿Qué estrategias se están considerando para fortalecer la cultura de donación y mejorar la identificación de potenciales donantes?
La disponibilidad de órganos sigue siendo uno de los factores más críticos. A nivel nacional, la lista de espera para trasplantes continúa siendo alta, y el desafío no es solo quirúrgico, sino también cultural y organizacional. Fortalecer la donación implica trabajar con la comunidad, promover conversaciones familiares sobre la voluntad de donar y mejorar la confianza en el sistema.
Optimizar la pesquisa intrahospitalaria de potenciales donantes, capacitar equipos clínicos, aumentar la notificación oportuna y consolidar coordinaciones locales de procuramiento. La experiencia chilena muestra que los resultados son positivos cuando existe trabajo sistemático en red, protocolos claros y equipos entrenados. Por eso, la donación no puede verse como un acto aislado, sino como parte de una política institucional permanente.
- ¿Qué rol tiene la prevención, particularmente en relación con factores de riesgo como diabetes, hipertensión u obesidad?
Esta sigue siendo absolutamente central. Un programa de trasplante renal es una gran noticia para la red, pero no reemplaza la necesidad de prevenir la ERC y su progresión. La diabetes, la hipertensión arterial y la obesidad siguen siendo los principales factores de riesgo, y actuar precozmente sobre ellos puede evitar o retrasar el ingreso a diálisis y la necesidad de trasplante.
Desde la salud pública, eso significa fortalecer atención primaria, pesquisa oportuna, control cardiovascular, educación sanitaria, adherencia terapéutica y estilos de vida saludables. En otras palabras, el trasplante representa la máxima complejidad; la prevención, en cambio, es donde podemos producir el mayor impacto poblacional.
- ¿Cuál es el alcance sanitario y social que tendría este programa en el mediano y largo plazo?
Esperamos uno profundo. En lo sanitario, el trasplante puede significar más sobrevida, mejor calidad de vida, menor dependencia de diálisis y mejores posibilidades de rehabilitación. En lo social, puede traducirse en mayor autonomía, reinserción laboral o educacional y menor carga para las familias. El Ministerio de Salud destaca que el trasplante es una de las terapias de reemplazo renal disponibles, pero clínicamente representa para muchos la mejor alternativa de largo plazo frente a la diálisis crónica.
En términos de red, el programa fortalece capacidades locales, eleva el estándar institucional y consolida una cultura de alta complejidad basada en trabajo colaborativo. También genera aprendizaje para otras áreas de procuramiento y trasplante. Mi expectativa es que este no sea solo un avance técnico, sino un verdadero salto en equidad y desarrollo sanitario para la región.
Por Óscar Ferrari Gutiérrez