Dr. Scott Wright:
“Clínica Mayo busca liderar la salud transformada por IA”
El análisis avanzado de datos clínicos y exámenes mediante esta tecnología abre nuevas oportunidades para mejorar la detección precoz de enfermedades cardiovasculares.
Una cámara capaz de medir la presión arterial con solo una mirada, sin la necesidad de usar un tensiómetro. Otra, que en dos minutos puede generar una nueva prescripción de lentes. Robots capaces de asistir a enfermeras y técnicos en los hospitales, levantar cosas pesadas, tender camas, entregar comidas y medicamentos, para evitar que dejen de acopañar a sus pacientes.
Estos son solo algunos de los avances de la inteligencia artificial (IA) y la tecnología en el ámbito médico que, según el doctor Scott Wright, continúan transformando la práctica clínica y evolucionando a gran velocidad. El cardiólogo, profesor de medicina cardiovascular y reconocido investigador de Clínica Mayo, asegura que la integración de estas herramientas ya está cambiando la forma en que se diagnostican, analizan y gestionan las enfermedades.
"Veremos mucha automatización y robótica con IA en la atención médica en los próximos años, y creo que son tendencias irreversibles. Aunque nos cause temor, llegará. Debemos aprender a trabajar con ella, igual que aprendimos a hacerlo con computadores y cámaras en el ámbito de la salud", advierte el especialista.
- ¿Qué aspectos de la atención cardiovascular siguen representando los mayores desafíos en la práctica diaria?
El mayor desafío es la adherencia a las terapias. La mayoría de los pacientes está dispuesta a probar nuevos tratamientos si puede costearlos, pero no los mantienen por más de uno o dos años. Sabemos que el 50% de las personas abandona las estatinas por temor a efectos secundarios y otras preocupaciones. También es muy difícil mantener un estilo de vida saludable: alimentarse bien, hacer ejercicio regularmente y no fumar.
Desde lo social, todos vivimos en áreas urbanas con problemas ambientales: partículas finas provenientes de automóviles y autobuses a diésel, contaminación lumínica y acústica, factores que apenas estamos comenzando a reconocer como contribuyentes al desarrollo o agravamiento de enfermedades cardíacas, y que serán extremadamente difíciles de mitigar como sociedad.
El tercero es el tiempo. Atendemos a muchas personas debido a la explosión demográfica, y cada vez hay menos médicos y enfermeras para todo el trabajo que hay que hacer. Todos están apurados y con poca disponibilidad, lo que dificulta dedicar la atención necesaria a cada paciente.
- ¿De qué forma Clínica Mayo utiliza la IA para el diagnóstico y tratamiento?
Contamos con herramientas sencillas como el electrocardiograma (ECG), con el que podemos detectar 12 enfermedades mediante IA. Tras un ECG de superficie, podemos identificar función cardíaca reducida, amiloidosis, miocardiopatía hipertrófica, determinar la edad cardíaca saludable e incluso detectar cirrosis hepática, entre otras condiciones. Próximamente añadiremos algunos estados patológicos más a nuestro ECG. Es una prueba sencilla y económica, y el modelo es capaz de analizar a todos los pacientes que pasan por Clínica Mayo.
Utilizamos la inteligencia artificial en todas nuestras herramientas de imágenes, en radiología, cardiología y otras especialidades. Prácticamente cada imagen es procesada por esta tecnología, lo que nos ayuda a analizarlas con mayor precisión, ya sea para diagnosticar cáncer de mama o para medir el tamaño de una válvula cardíaca. Una tarea que a un humano le toma horas, la IA puede realizarla en minutos.
Somos pioneros en el uso de IA para leer radiografías y generar informes preliminares, que luego el radiólogo revisa, confirma o corrige según sea necesario. Además, nos ayuda con las notas clínicas: la usamos a diario para registrar conversaciones con pacientes y redactar de forma mucho más ágil, reduciendo en varias horas el tiempo que médicos y otros profesionales dedicaban a completar su documentación.
También nos permite realizar búsquedas en el historial médico de manera más precisa, ya que los registros electrónicos son muy complejos. La IA ha superado a Google en la búsqueda y localización de información relevante. Contamos además con herramientas simples de edición que leen nuestras notas y, de manera similar a ChatGPT, sugieren cómo reformularlas para hacerlas más precisas.
En el ámbito de la investigación, redactamos protocolos, analizamos datos y detectamos nuevas tendencias, lo que permite hacer descubrimientos más rápido y con mayor precisión para mejorar la salud de nuestros pacientes. El objetivo declarado es convertirse en la organización de salud líder en el mundo transformada por el uso de la inteligencia artificial.
- ¿Cómo se compara la precisión de los algoritmos de IA en la lectura de electrocardiogramas e imágenes cardíacas con la interpretación tradicional?
Es muy importante entender que estas herramientas no interpretan realmente el ritmo ni los diagnósticos cardíacos del electrocardiograma de la manera en que lo hacemos nosotros. Lo que se ve en el ECG, las ondas, la hipertrofia del músculo cardíaco, la conducción, los cambios del segmento ST para diagnosticar un infarto, se hace a simple vista. Son cosas que los humanos leen sin necesidad de IA.
En cambio, esta analiza patrones digitales a nivel de microvoltios o incluso menores, que solo una máquina detecta y que el ojo humano es incapaz de ver. Estos patrones se comparan con los de otras enfermedades para identificar coincidencias. La IA va más allá de lo que el ojo y el cerebro pueden percibir, porque analiza señales digitales y sus patrones.
Imagínense una herramienta capaz de analizar una obra de arte y determinar con precisión si es un Rembrandt o un Monet, si es auténtica o falsa. Eso es lo que esta tecnología hace bien: identificar patrones y encontrar diferencias sutiles entre uno y otro. No la usamos para agilizar el diagnóstico del ritmo cardíaco o detectar un infarto, porque eso ya lo podemos hacer nosotros.
- ¿De qué manera están empleando modelos de aprendizaje automático?
Estamos desarrollando varios de este tipo en ecocardiografía para mejorar el diagnóstico de la función cardíaca, detectar cambios sutiles y tempranos. Por ejemplo, tras una quimioterapia, cuantificar mejor las insuficiencias valvulares, la regurgitación y las válvulas estenóticas, así como los mecanismos del fallo valvular.
Tengo un colega, el Dr. Timothy Poterucha, reconocido mundialmente en este campo, que junto a un equipo de médicos del laboratorio de ecocardiografía están llevando adelante este trabajo en Clínica Mayo.
- ¿Han implementado sistemas de IA capaces de detectar patologías cardíacas en etapas asintomáticas o preclínicas?
Con el electrocardiograma podemos diagnosticar enfermedad coronaria sin que haya cambios visibles; puede indicar si existe aterosclerosis temprana. Aún no hemos comenzado a utilizarlo clínicamente porque estamos en proceso de obtener la aprobación de la FDA, pero es una herramienta muy prometedora como instrumento de tamizaje para detectar una patología en desarrollo, lo que podría indicar la necesidad de ácido acetilsalicílico y estatinas. También lo estamos utilizando, en fase de investigación, para estratificar mejor el riesgo asociado al infarto de miocardio o a lesiones miocárdicas sutiles y tempranas.
- ¿Cómo está contribuyendo la IA a la personalización de los tratamientos?
Es importante reconocer que, por sí sola, no lo hace. Siempre se necesita un profesional de la salud, un médico o una enfermera, que interprete los resultados, los explique al paciente, los contextualice y los tranquilice respecto a cómo se está utilizando para mejorar su diagnóstico y demostrarles que es preciso.
Nos esforzamos mucho por demostrar esto último. Por ejemplo, probamos los algoritmos en millones de ECG antes de comenzar a usarlos y los seguimos evaluando periódicamente para asegurarnos de que siguen siendo precisos. El ser humano es fundamental en el proceso para garantizar esa personalización.
Lo explicaría así: hoy en día, todos los que escriben un artículo o documento utilizan el corrector ortográfico y gramatical del procesador de textos. ¿Eso cambia cómo escriben? No. ¿Quizás mejora el uso de las palabras? Sí. ¿Ayuda con errores de ortografía? Sí. Así es como funcionará la IA: no cambiará cómo brindamos atención ni nuestras interacciones personales con los pacientes. Lo que hará es darnos más tiempo para explicar las cosas, mostrar empatía, entender cómo se siente el paciente ante su enfermedad y estar preparados para acompañarlo ante un diagnóstico difícil.
No creo que reemplace jamás a los profesionales de la salud, pero sí habrá automatización en la medicina que debemos observar con atención.
- ¿Qué avance considera más prometedor para transformar la práctica clínica en los próximos años?
Los cambios ocurren tan rápidamente que cada mes aparece algo nuevo: el diagnóstico de enfermedades es cada vez más sofisticado mediante electrocardiogramas simples, medición de presión arterial con una fotografía del rostro, herramientas que resumen nuevos hallazgos de la literatura médica de forma aplicable al paciente, sistemas que detectan interacciones medicamentosas al momento de prescribir y alertan sobre alergias, problemas genéticos o combinaciones riesgosas. Creo que también usaremos la IA para guiar ajustes terapéuticos en presión arterial y colesterol, permitiendo un control más rápido y automatizado.
Y lo que me parece más fascinante, aunque a muchos les parecerá inquietante, es la posibilidad de crear un modelo de IA agéntica que se parezca a mí, por ejemplo, con el que el paciente pueda interactuar en el computador como si hablara conmigo, pero que en realidad estará consultando el historial médico o un modelo de lenguaje para dar respuestas precisas. Esto permitiría a los pacientes obtener respuestas en cualquier momento, sin tener que esperar días a que un médico o enfermera les devuelva la llamada.
Sin embargo, todo cambia rápido con esta tecnología. No creo que haya un solo ejemplo transformador; hay muchos.
La IA será un cambio más disruptivo en la atención médica que lo que fue el expediente electrónico respecto al papel. Esta tecnología será sustancialmente más grande y mejor que eso. Soy optimista sobre el futuro y no creo que debamos tener miedo. Podemos abrazarla con entusiasmo y ayudar a dirigirla para que siga siendo algo que beneficie a la humanidad.
Por Dominique Vieillescazes Morán
Créditos: Clínica Mayo