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29 Marzo 2021

Telemedicina de vanguardia como estrategia sanitaria

La COVID-19 ha acelerado su implementación y uso en la esfera pública y privada, permitiendo acceso y oportunidad de atención en los más diversos lugares del mundo.

La pandemia por SARS-CoV-2 y los confinamientos alrededor del mundo están dando un fuerte impulso a la telemedicina, una práctica que si bien no es nueva ha experimentado un desarrollo exponencial en el último año.

Este recurso se basa en la utilización de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) como medio para llevar servicios médicos a lugares remotos y evitar asistir de manera presencial en los casos que se pueda, ya sea a través llamadas telefónicas tradicionales, mensajes de texto, uso de computadoras y celulares y otros dispositivos que poseen complejos softwares para funcionar.

Según datos de StartUp Health Insights, la inversión en telemedicina casi se ha triplicado en un solo año, pasando de 1.100 millones de dólares en 2019 a 3.100 en 2020 y se calcula que el sector producirá cerca de 200.000 millones en 2025.

Su origen está firmemente ligado al de las telecomunicaciones. De hecho, podría considerarse que la aparición del telégrafo, que permitió el envío de información a distancia por medio de señales electromagnéticas a principios del siglo XIX, marca el inicio de esta práctica cuando se puso en funcionamiento este aparato para solicitar suministros médicos y reportar las bajas y heridos en el campo de batalla durante la Guerra Civil de Estados Unidos.

La National Aeronautics and Space Administration (NASA) fue pionera en este ámbito, cuando en 1960 la utilizó para monitorear astronautas en vuelo durante la misión del Proyecto Mercurio. Para ello designaron “monitores médicos” ubicados en 18 sitios distribuidos en América del Norte, Europa, África y Australia, con la función de observar y preservar la salud de los viajeros. Al mismo tiempo que chequeaban el historial clínico de los tripulantes, realizaron investigaciones sobre el efecto del medio ambiente del espacio exterior en el cuerpo humano [1].

Con esta misión la NASA demostró que el uso de las TIC para establecer contacto entre proveedores y pacientes brinda mayor disponibilidad y mejor acceso más allá de lo que se había concebido previamente. 

Al comprender su potencial, en 1966 la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos designa 42 millones de dólares para múltiples proyectos en esta línea. Desde entonces, su aplicación está dirigida a fomentar pautas exitosas y activas de telesalud en áreas urbanas, suburbanas y rurales en campos tan diversos como la neurología, oftalmología, radiología, psiquiatría y atención primaria. 

La situación provocada por la COVID-19 ha reflotado su utilización como modelo asistencial, entendido como un elemento más para la consulta con un profesional sanitario a través del cual el paciente puede realizar trámites administrativos y aclaraciones rápidas sobre tratamientos, dudas clínicas o resultados de pruebas, siempre que el diagnostico esté dentro de la “normalidad” y no requiera de una visita presencial o intervención mayor. 

El rápido crecimiento amplió el alcance de la atención más allá de las fronteras, lo que está planteando la necesidad de adaptar las leyes de práctica médica y licencias de trabajo de este grupo de profesionales que, en muchos países, son establecidas por los ministerios de salud, leyes nacionales, federales e, incluso, estatales. 

En Estados Unidos, por ejemplo, no existe una licencia estandarizada para que un especialista ejerza en cualquier lugar del país, sino que este permiso se emite solo para su estado. Durante 2020 esto planteó un problema para las prácticas de telemedicina, por lo que se propusieron cuatro reformas al reglamento vigente que apuntan a facilitar el ejercicio profesional y a contar con recurso humano en centros asistenciales críticos, según reseña la editorial de The New England Journal of Medicine [2].

Conscientes de las implicancias de la telesalud, la OMS ha llamado a que esta atención no solo garantice los principios éticos, sino que también los aspectos legales que resguardan la información clínica y los datos del paciente, donde resulta primordial contar con plataformas adecuadas para que esta modalidad sea recepcionada positivamente por el usuario final. 

“Si queremos que la telemedicina se implemente con éxito, los pacientes deben estar informados y sentirse cómodos con su uso. Ahí los sistemas de consentimiento informado son una parte esencial del proceso”, destacan dentro del organismo. 

Es posible que la atención clínica presencial nunca vuelva a ser la misma y que de esta emergencia sanitaria se desprendan una serie de aprendizajes para levantar oportunidades de mejora y avanzar en otras iniciativas que dan soporte a la relación médico-paciente. Por ejemplo, que se establezca una red de profesionales dedicados de manera exclusiva y continua a consultas de especialidad en lugares remotos que no pueden acceder a ellas; y que se masifique el uso de la receta electrónica que, además de disminuir errores de prescripción, permitiría una mejor trazabilidad de los medicamentos que se están dispensando.

La telemedicina forma parte de las estrategias sanitarias actuales, lo cual demanda la necesidad de incluir el uso de las TIC en la formación de los futuros profesionales, en función del mejoramiento de los servicios y la investigación. 

“Para que esto tenga impacto en el ámbito educativo, es necesario que esta nueva área de enseñanza tenga un desarrollo curricular adecuado en horas y contenido y que los docentes adquieran mayor conocimiento”, señala una reciente investigación de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai [3].

Una de las autoras del trabajo, Oranicha Jumreornvong, comenta que “esta contingencia por COVID-19 ha ofrecido a las escuelas la oportunidad de incorporar la capacitación en telemedicina en los planes de estudio de manera oportuna y práctica, exponiendo a los estudiantes a su aplicación en todas las especialidades, así como a sus limitaciones”.

La pandemia estimuló la innovación en esta materia. Tanto así que se cree que esta será la “nueva normalidad” en la atención del futuro, para lo cual los médicos tendrán que adquirir nuevas herramientas técnicas para usar la telemedicina de manera profesional, segura y siempre basada en evidencia.

Referencias
[1] Hyder MA, Razzak J. Telemedicine in the United States: An Introduction for Students and Residents. J Med Internet Res. 2020;22(11):e20839.
[2] Mehrotra A, Nimgaonkar A, Richman B. Telemedicine and Medical Licensure - Potential Paths for Reform. N Engl J Med. 2021;384(8):687-690.
[3] Jumreornvong O, Yang E, Race J, Appel J. Telemedicine and Medical Education in the Age of COVID-19. Acad Med. 2020;95(12):1838-1843. 

Por Carolina Faraldo Portus

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