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17 Octubre 2022

Misofonía: ecos que causan angustia

Sonidos tan comunes como masticar o respirar desencadenan, en algunas personas, emociones exacerbadas. La condición se asocia a una actividad cerebral alterada en la corteza auditiva y la red de prominencia.

Si alguna vez se sentó junto a alguien comiendo papas fritas y quiso arrancarle la bolsa de la mano, ha experimentado una forma menor de misofonía, es decir, la disminución de la tolerancia en respuesta a sonidos cotidianos específicos. Un trastorno grave y debilitante que está generando mayor registro en el área de la salud mental [1].

Se trata de una respuesta desproporcionada del sistema nervioso autónomo y límbico a ciertas resonancias cotidianas. Un reflejo físico y emocional involuntario causado por una señal sonora que los activa directamente y que ocurre con mayor frecuencia en individuos con un alto nivel de ansiedad, estrés o trastorno obsesivo compulsivo [2]. 

Aunque el término fue acuñado en 2001 por los neurocientíficos estadounidenses Pawel y Margaret Jastreboff de la Universidad de Emory en Estados Unidos, solo en 2013 se clasificó como Síndrome de Sensibilidad Selectiva al Sonido (SSSS o 4S) por científicos holandeses (Países Bajos) que expusieron los criterios de diagnóstico y formularon la Amsterdam Misophonia Scale (A-MISO-S) [3].

Desde entonces, se diagnostica más en disciplinas como audiología, neurociencia, terapia ocupacional, psiquiatría y psicología [4]. Pese a los esfuerzos todavía no cuenta con reconocimiento oficial en las clasificaciones internacionales, DSM-5 e ICD-10.

Incomodidad fisiológica real

La ciencia de la conducta explica esta reacción orgánica como un comportamiento reflejo adquirido al emparejar un determinado ruido con un estado de angustia (estrés, ansiedad u otra). Cuando estas dos variables se dan simultáneamente se crea un "cableado neurológico" que provoca la reacción de misofonía al escuchar nuevamente la resonancia, por lo que esta se asocia con actividad cerebral alterada en la corteza auditiva y la red de prominencia [5].

Las ondas sonoras, cuando vibran en los huesos del oído, se transforman posteriormente en señales eléctricas que viajan por el nervio auditivo hasta el cerebro. La indicación llega al tálamo, desde donde sigue dos caminos diferentes hacia la amígdala, involucrada en el procesamiento de las emociones como miedo y placer [6]. 

Una de las rutas va directamente desde el tálamo a la amígdala y permite una respuesta inmediata, la cual inconscientemente conduce a una reacción emocional. La ventaja de este recorrido es la velocidad: se oye un estruendo y el miedo envía una orden para que el cuerpo salte automáticamente para evitar el peligro. 

La otra es más larga y se encamina primero a la corteza prefrontal medial, antes de llegar a la amígdala. Dicha estructura es una parte avanzada evolutivamente del cerebro que regula las emociones y permite una interpretación más exigente sobre una situación [6]. En los misofónicos no hay participación de este camino, por eso reaccionan instintivamente ante ciertos estímulos.

Disparadores más comunes

El golpeteo de los dedos sobre el teclado, el tintineo de una cuchara revolviendo el café, alguien que masca chicle cerca y hasta el canto de los pajaritos pasan desapercibidos para muchos, pero no para quienes padecen misofonía.

Los desencadenantes varían bastante de un individuo a otro y pueden cambiar o aumentar con el tiempo. Los más comunes son los sonidos orales que hacen otras personas (masticar, sorber, tragar, respirar fuerte, chasquido de labios, lloriqueo) y ruidos generales (crujido de papeles o telas, el tic tac del reloj, vasos o cubiertos entrechocando, limado o corte de uñas, zumbido mecánico y chasquidos) [7]. 

Para otros, los gatillantes visuales pueden causar una reacción similar. Es decir, observar a un sujeto sacudiendo sus piernas o pies repetidas veces, frotándose la nariz, girando su cabello, masticando con la boca abierta o viendo el movimiento de labios y mandíbula al comer. 

¿Qué pasó en pandemia?

A casi 10 años de su clasificación como síndrome, el encierro visibilizó la realidad de los misofónicos. Un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en España reveló que estos vieron agravada su condición durante el período de emergencia por coronavirus. Las autoras, Antonia Ferrer-Torres y Lydia Giménez-Llort, concluyeron que el confinamiento estricto empeoró los síntomas psicológicos, especialmente en las mujeres [8].

Hubo un incremento de conflictos interpersonales dentro de la familia y de las comunidades de vecinos debido a determinados sonidos. Aumentaron también las consultas. Según Ferrer-Torres, “los trastornos del sueño, hostilidad, depresión y somatización se agravaron, lo que se pudo confirmar cotejando con evaluaciones realizadas anteriormente”. 

“Los resultados también muestran que en esta nueva era de COVID-19, quienes padecen esta condición necesitan desarrollar estrategias de afrontamiento que aborden los factores de riesgo y protección modificables”.

Este trastorno puede afectar la vida social a tal punto de evitar ciertos lugares ante la probabilidad de escuchar sonidos que provocarán irritabilidad, ira o aversión. Si bien no existen tratamientos basados en la evidencia para la misofonía, la mayoría se centran en intervenciones psicológicas y terapia cognitiva conductual para reducir la disfunción asociada a la sensibilidad a los sonidos.

Referencias
[1] Neacsiu AD, Szymkiewicz V, Galla JT, Li B, Kulkarni Y, Spector CW. The neurobiology of misophonia and implications for novel, neuroscience-driven interventions. Front Neurosci. 2022;16:893903.
[2] What is Misophonia?. https://misophoniainstitute.org/what-is-misophonia/
[3] Schröder A, Vulink N, Denys D (2013) Misophonia: Diagnostic Criteria for a New Psychiatric Disorder. PLoS ONE 8(1): e54706.
[4] Swedo SE, Baguley DM, Denys D, et al. Consensus Definition of Misophonia: A Delphi Study. Front Neurosci. 2022;16:841816.
[5] Kumar S, Tansley-Hancock O, Sedley W, et al. The Brain Basis for Misophonia. Curr Biol. 2017;27(4):527-533.
[6] Schröder A, van Wingen G, Eijsker N, et al. Misophonia is associated with altered brain activity in the auditory cortex and salience network [published correction appears in Sci Rep. 2020 Feb 28;10(1):4066]. Sci Rep. 2019;9(1):7542.
[7] Hansen HA, Leber AB, Saygin ZM. What sound sources trigger misophonia? Not just chewing and breathing. J Clin Psychol. 2021;77(11):2609-2625.
[8] Ferrer-Torres A, Giménez-Llort L. Confinement and the Hatred of Sound in Times of COVID-19: A Molotov Cocktail for People With Misophonia. Front Psychiatry. 2021;12:627044.

Por Carolina Faraldo Portus

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