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07 Julio 2014

Felicidad, neurobiología y desarrollo social

  • Dr. Daniel Martínez Aldunate

    Dr. Daniel Martínez Aldunate

  • Dr. Luis Mella Gajardo, alcalde de Quillota

    Dr. Luis Mella Gajardo, alcalde de Quillota

  • Mathieu Ricard, el hombre más feliz del mundo

    Mathieu Ricard, el hombre más feliz del mundo

El objetivo máximo del humanismo es la felicidad de las personas y ese concepto ha iluminado el quehacer no sólo de los psicólogos y psiquiatras en la última década, sino que también de autoridades que buscan poner en el centro del debate a la persona.

La felicidad ha preocupado al hombre desde que éste tomó conciencia de su ser. Los mismos procesos históricos que suceden a nuestro alrededor, nos han repletado de episodios y citas donde se aparece su proclama. Dos ejemplos claros son la Revolución Francesa y la Independencia de Estados Unidos.

Definir qué es realmente y dónde se origina sigue siendo un reto para los investigadores que se han dedicado a su estudio. Lo único realmente claro es que este estado está asociado a la plenitud y el bienestar, favoreciendo –para muchos- la salud mental y corporal de las personas, por lo que alcanzarla es una meta que contribuye al desarrollo y progreso armónico del individuo y la sociedad.

Para Aristóteles representaba “aquello que acompaña a la realización del fin propio de cada ser vivo, la felicidad que le corresponde al hombre es la que le sobreviene cuando realiza la actividad que le es más propia y cuando la realiza de un modo perfecto”.

“Hay quienes la perciben como la suma de momentos de alegría o placer (emociones), otros como un estado (sentimiento) de plenitud, equilibro o armonía, llegando en ocasiones a entrecruzarse con propuestas de derechos civiles o con sentimientos religiosos, como la salvación y la felicidad divina. La felicidad se expresa por un lado como algo personal e individual, pero también con un significado social, político, cultural y comercial. Se puede ser feliz ante situaciones adversas, pero también se puede ser infeliz en situaciones de éxito y de logros. De este modo, sentirse feliz es una vivencia”, señala el psiquiatra Daniel Martínez Aldunate, director de psiquiatría de la Sociedad Chilena de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía (Sonepsyn), miembro del Programa de Auto cuidado de Conductas Adictivas de Estudiantes Universitarios (PADEU-UC) y del Centro de Estudio de Adicciones (CEDA) de la Universidad Católica de Chile, director del Instituto del Bienestar (IBE) y de la Red Compartiendo Felicidades, organizaciones que buscan instalar la reflexión, el debate y la incorporación del tema del bienestar y la felicidad en las políticas públicas y en la formación académica.

En los últimos años, científicos sociales han estudiado la forma de cuantificar la felicidad y considerar sus elementos constitutivos, si es que vale el término. Uno de ellos, Martin Seligman, desarrolló la “fórmula de la felicidad”. Basándose en sus propias investigaciones concluyó que “la felicidad es en parte genética, en parte como resultado de las circunstancias y en parte un resultado de la decisión consciente e intencional”.

“De este modo, sentirse feliz es una vivencia muy íntima e individual. Aún más, las personas tenemos un tono temperamental en nuestra personalidad determinado genéticamente, que nos permite desde que nacemos acercarnos al bienestar y la felicidad con mayor facilidad o dificultad. Hay personas para las cuales ser feliz es más difícil y se trasforma en un desafío”, agrega el psiquiatra.

“Una de las cosas que se pueden desarrollar en el plano de la salud mental –destaca el profesional dedicado al tema de las adicciones y la promoción de las relaciones saludables- es el que las personas desarrollen un optimismo realista, que no tiene relación con ver todo positivo o negativo. Significa asumir que si se está viviendo un momento difícil en el presente debo asimilarlo y afrontarlo, no lo puedo negar. Y al hacerlo, tengo la expectativa y la esperanza de que mañana las cosas pueden mejorar por tres factores: puedo hacer algo para cambiar aquello que me perturba; porque soy un ser social, convivo con otras personas que me pueden ayudar; y porque, algunas veces, las cosas cambian independiente de mí. Esto ayuda a tener una mejor salud mental. Cuando se trabaja esta capacidad, se puede lograr obtener un temperamento más optimista, un estilo atribucional más positivo”. 

El encuentro de la psicología positiva con la medicina

Este gran tema, que parece perseguirnos durante toda la vida, ha sido motivo de estudio recurrente de intelectuales y filósofos. La mayoría de las disciplinas que se preocupan por el ser humano, tanto en el plano reflexivo como en el de la evidencia, les ha importando el tema de la felicidad y el bienestar. 

“Durante mucho tiempo no hubo una rama dentro de la psiquiatría que desarrollara el tema tan fuertemente, sobre todo en los tiempos presentes. Siendo realistas y sinceros, la activación de la psiquiatría en este tema, viene posterior al desarrollo de la psicología positiva que, por definición, dice que hemos estado tanto tiempo preocupados por las carencias del ser humano que hemos dejado de lado sus talentos, potencialidades y capacidades. La psicología positiva, hace unas tres décadas, empieza a erguirse desde la evidencia científica, lo cual animó a que en los últimos 10 años la psiquiatría comenzara a mirar desde esa misma vitrina. Se establece entonces –conceptualmente- el tema de la medicina positiva, que busca integrar las capacidades de cada persona en su proceso de recuperación y en la crisis personal que vive frente a la enfermedad”, relata el doctor Martínez.

La psicología positiva se centra en el estudio de esas cualidades positivas y en cómo desarrollarlas, porque no sólo ayudan a vivir una vida más satisfactoria, sino también a prevenir patologías que se producen cuando la vida está vacía o parece no tener sentido. Por lo tanto, se dedica al estudio científico de aquello que hace que las personas o comunidades prosperen saludablemente y lleven lo que podemos llamar una buena vida.

“El neurobiólogo Francisco Varela García, sin duda uno de los científicos chilenos más reconocidos a nivel mundial, meses antes de su fallecimiento reflexionaba sobre esto. Como enfermo de cáncer se daba cuenta que el mundo médico estaba completamente disociado, había separado lo biológico de lo social. Había dividido aquello que puede aportar el médico con sus conocimientos de lo que podía entregar el paciente para su propia recuperación. Se dio cuenta que la atención se centraba sólo en lo farmacológico, no en lo humano, por eso buscó externamente ayuda para poder integrar esa otra necesidad que tenía: trabajar aquello que estaba sintiendo. Y él desarrolló una experiencia muy profunda y bonita que lo ayudó a seguir adelante en el camino del alivio del dolor, no sólo de la consolación. Eso marca una diferencia sustantiva y, en ese sentido, la psiquiatría lentamente se está haciendo parte”, reflexiona el doctor Martínez.

La psicología positiva surgió a finales de la década de los 90’ gracias a los trabajos de Martin Seligman, psicólogo y escritor estadounidense, director del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania y hasta 1996 presidente de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA), que ha desarrollado estudios en diversas áreas de conocimiento relacionadas con la psicología positiva como esperanza, felicidad, fortalezas del carácter, valores, relaciones positivas y resiliencia, entre otras cosas. 

En su libro “Authentic Happiness”, el profesor Seligman reconoce tres formas en las que podemos estudiar la felicidad. La primera sería viendo el impacto de las emociones positivas, como el placer, la alegría y la comodidad, las cuales configuran la felicidad hedónica. 

La segunda estaría vinculada al compromiso. En términos de aristotélicos, sería el modelo de felicidad que sigue una persona virtuosa, que educa sus pasiones para desarrollarse en todo ámbito de la vida, incluso actuando en contra de sus placeres inmediatos. Algo que en la psicología positiva se denomina la teoría del flujo –creada por Mihály Csikszentmihalyi, el más importante investigador del mundo en el tema- que, en términos amplios, se refiere al estado de intensa absorción en el que entran las personas cuando realizan actividades relacionadas con sus fortalezas. 

Y la tercera vía en la que se podría conceptualizar la felicidad es el sentido. Mientras que las primeras dos formas de felicidad están vinculadas a la soledad del individuo, el sentido exige la presencia del resto de los seres humanos. 

“La vida es dotada de sentido al entregar nuestro placer y nuestro compromiso al servicio de los demás. Seligman refiere que la vida con sentido consiste en sentir pertenencia a algo más allá de sí mismo y la humanidad ha creado instituciones positivas que promueven la práctica y expresión de este sentido”, enfatiza el doctor Martínez.

Estos tres conceptos en conjunto figuran la comprensión de la felicidad para la psicología positiva. Y, aunque Seligman haya ampliado su teoría de la felicidad hacia una teoría del bienestar, las bases originales aún conservan su vitalidad para aportar un concepto rico y complejo de felicidad que comprenda tanto las emociones positivas, el compromiso y el sentido. 

Para completar el concepto de bienestar, el psicólogo incorpora las relaciones interpersonales positivas y los logros, colocándose metas posibles y medibles. Así surge el modelo Positive Emotions, Engagement, Relationships, Meaning and Purpose, and Accomplishments (PERMA), el cual se constituye como un índice en el que las circunstancias habilitantes en la vida de una persona devienen en un indicador de su bienestar. Este modelo ha sido adoptado globalmente para medir el bienestar de la población.

Considerando esto, para Seligman la felicidad es un estado subjetivo caracterizado por una condición emocional y un enfoque positivo que genera energía, compromiso, bienestar general y satisfacción, además, sentido de la vida y que se revela en el pensamiento, el ánimo y la conducta de dicha persona. 

Este concepto coincide con la salud mental positiva definida por la Declaración de la Organización Mundial de la Salud en 2004, como “un estado de bienestar en el cual un individuo hace realidad sus talentos personales, puede afrontar la vicisitudes normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de contribuir a su comunidad.”

Modelos sociales de desarrollo de la felicidad

A partir de la declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) del 19 de julio del 2011 que aprueba una resolución que reconoce la búsqueda de la felicidad como “un objetivo humano fundamental” e invita a los países, desde las políticas públicas, a “la elaboración de nuevas medidas que reflejen mejor la importancia de la búsqueda de la felicidad y el bienestar en el desarrollo”, el Instituto del Bienestar (IBE), una entidad chilena con sede en Santiago, conformada por profesionales expertos en salud mental que trabajan el tema de las relaciones saludables, se organiza interdisciplinariamente para pensar y desarrollar acciones para promover en el país la felicidad individual y colectiva.

Como actividad inaugural de formación y debate, en diciembre de 2011 desarrollaron el Primer seminario técnico “Compartiendo Felicidades” en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde reflexionaron sobre la felicidad en educación, economía y salud mental. 

Una año más tarde, gracias a una invitación del Ministerio de Relaciones Exteriores, participaron en la ciudad de Nueva York en el “Meeting de alto nivel sobre wellbeing y felicidad: definiendo un nuevo paradigma económico”, donde el gobierno de Bután y la ONU, convocaron a los principales expertos mundiales y a las autoridades políticas a dialogar sobre la felicidad en el mundo y sobre la necesidad de incorporar el bienestar subjetivo (BSu) en los indicadores de desarrollo de los países.

En términos simples el BSu correspondería a un sentido de bienestar con la vida, tanto en términos de sentimientos como de pensamientos. Desde esta visión, una persona feliz sería aquella con un alto nivel de BSu, que piensa que su vida va bien y que además experimenta sentimientos acorde con estos pensamientos, generalmente asociados a emociones placenteras.

En mayo de 2012 el IBE junto a UC Saludable de la Universidad Católica, desarrollaron el Primer Encuentro de Relaciones Saludables y Felicidad: ser feliz en un Chile que se cuida, donde participaron más de 80 expertos, destacando la presencia del Ministro de la Felicidad de Bután, el señor Dasho Karma Shiteem y Vanessa King, encargada del área de psicología positiva de la agrupación mundial Actions for Happiness. 

Esta reunión convocó a más de 2000 personas en seis salas en paralelo, donde se discutió sobre la felicidad en Chile y el mundo en el ámbito de la salud física y mental, educación, economía, trabajo y medio ambiente. Además se realizó una ceremonia de agradecimientos para premiar a personas e instituciones que están aportando a la felicidad de otros.

En el tercer encuentro, este 2014, los miembros del IBE quisieron comunicarse con los asistentes en el idioma de la felicidad. “En un Chile que se ubica dentro del ranking del Índice del Planeta Feliz, en el puesto número décimo noveno, nos preocupamos por continuar mejorando nuestra calidad de vida y por conformar una comunidad en la cual todos los miembros contemos con las herramientas necesarias para alcanzar la felicidad”, cuenta el doctor Martínez.

“Por eso –agrega- nos replanteamos cuáles eran las recetas apropiadas que podíamos compartir en este encuentro. Si queremos cambiar el mundo, debemos empezar por atrevernos a ser felices y fue por esa razón que, dentro de un panorama diverso, contamos con la presencia de Mathieu Ricard, quién es considerado por el Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin, como el hombre más feliz del mundo. Una persona con particularidades únicas: un integrador del mundo, un referente intelectual de muchos y en quien vemos una concordancia y coherencia entre lo que dice y lo que hace. Un hombre único y el más admirable que he conocido en la vida”, reconoce el doctor Martínez.

Como Instituto del Bienestar han querido liderar un cambio en Chile que convoque a la población general, a profesionales expertos, a líderes de opinión y a las autoridades públicas y privadas a pensar y trabajar el futuro de nuestro país y del mundo, colocando como eje estratégico del desarrollo el bienestar y la felicidad individual y colectiva.

“En lo personal soy un agradecido de este tema. Trabajarlo me ha hecho más feliz, pero soy consciente de que involucra una tremenda responsabilidad. No es un tema que se pueda insertar de un día para otro. Tenemos que ir siguiendo procesos y progresos. Estamos apuntando a que las políticas públicas incorporen el tema de la felicidad, pero primero tenemos que pavimentar el camino estudiando y conformando una red de profesionales interdisciplinarios que se dediquen a esto. No sólo desde la teoría, sino que desde la experiencia. Lo que hemos construido en estos tres años ha sido muy potente y nos da ánimo para seguir trabajando”, confiesa el director del IBE.

En el Primer Encuentro de Relaciones Saludables y Felicidad conocieron una experiencia que les llamó la atención y que venía a corroborar en la práctica, aquello que ellos postulaban en la teoría: la Municipalidad de Quillota, venía trabajando este tema, con otro nombre, hace más de una década y los resultados alcanzados mostraban que cuando se pone en el centro de todas las políticas públicas a las personas se asegura su calidad de vida, bienestar y felicidad. El IBE había encontrado a un gran aliado. 

Proyecto felicidad: de la rentabilidad económica a la humana 

El concepto de felicidad traspasa todas las barreras ideológicas y filosóficas e incluso actualmente es posible aproximarse a ella desde la evidencia científica y la experiencia humana.

La Municipalidad de Quillota viene trabajando este tema con acciones concretas, interés y motivación. Es una comuna que ha sido reconocida a nivel internacional a través de diversas invitaciones a seminarios y foros mundiales, donde su alcalde ha presentado su estrategia de desarrollo local centrado, principalmente, en la felicidad de las personas, colocando a nivel mundial los conceptos de felicidad y rentabilidad humana.

El precursor de esta iniciativa es el doctor Luis Mella Gajardo, alcalde de Quillota desde 1992, quien ha enfocado su gestión buscando la “felicidad del ser humano”, que no tiene nada que ver con “mejorar la calidad de vida en el plano material, sino en el plano de la felicidad”, como el mismo destaca.

“En mi práctica profesional como médico, mucho antes de ser alcalde, al hacerme cargo del programa de alcohólicos de un consultorio, descubrí que más que medicamentos o conocimientos médicos, influía en la mejora de un paciente alcohólico el levantarme de mi asiento e ir a buscar a ese paciente a la puerta y recibirlo con un abrazo. Eso tenía más impacto que cualquier otra cosa y generaba una adhesión y compromiso mayor. Eso para mí fue clave en mi vida personal. El darme cuenta que los afectos, el cariño y la expresión de ambos era vital e importante”, cuenta el alcalde.

Fue cuando comenzó a estudiar el tema y llegó al psicólogo Dan Baker, pionero en la psicología positiva aplicada, profesor adjunto del Medical College de la Universidad de Arizona y de la Harvard Business School. En su libro “What Happy People Know”, “plantea algo en lo que creo absolutamente y lo he visto en la práctica: el ser humano siempre está entre la posibilidad del miedo y del amor y la decisión depende de cada uno. Cuando se decide por el amar, que es la expresión del amor como verbo, despeja los miedos y le abre la puerta a la felicidad”.

Baker señala, desde el punto de vista del desarrollo neurológico del ser humano, “la idea de cerebro reptil que responde al miedo; de cerebro medio, que es el mesencéfalo, espacio de las emociones que grafica con la imagen de una pequeña cajita; y la corteza cerebral, con la que pensamos y nos expresamos. Y dice que depende de nosotros el cómo llenamos la cajita o la llenamos de miedo o la llenamos de amor. Nosotros optamos por la segunda alternativa”, argumenta el doctor Mella.

Otro autor que ayudó a sacar adelante su estrategia fue Martin Seligman, quien en su libro “Authentic Happiness” dice que “la ella depende de dos factores principales: circunstancia y voluntad. Y resulta que el mundo de la política sólo se preocupa de las circunstancias: pavimentar calles, ampliar sedes sociales, hacer multi canchas. Por eso nosotros nos propusimos que, además de resolver circunstancias, teníamos que propiciar el aunar esfuerzos para que la comunidad trabaje internamente una voluntad y ahí se asoma el pensamiento positivo y la psicología positiva que nos hace mirar la vida distinta. Aparece el tema de la colaboración, en vez de la competencia”.

Este es un aspecto que como municipio han trabajado muy profundamente con el profesor Humberto Maturana Romesín, biólogo, epistemólogo y Premio Nacional de Ciencias, quien “nos dice que el camino a la felicidad en políticas públicas pasa por la participación ciudadana. Con todo nuestro aprendizaje teórico y con lo que veíamos en la práctica aprendimos, como ciudad, que si el objetivo es la felicidad del ser humano, teníamos que crear instancias de participación ciudadana solidarias, porque cuando el hombre descubre el valor de darse a los demás, comienza a descubrir también el camino a la felicidad”, recalca la autoridad municipal.

Ejemplos concretos de la construcción de un Chile más humano 

La Municipalidad de Quillota, creó –entonces- una entidad dependiente de ella: Banamor, el Banco del Amor, que tiene como labor principal contribuir a la felicidad de las personas, concretando en la realidad cotidiana: el valor espiritual de la solidaridad. Es una dependencia que se ha transformado en la vía de expresión para manifestar los sentimientos solidarios de las personas que buscan la felicidad mediante la ayuda al prójimo; entregando una respuesta eficaz para quienes necesitan canalizar su vocación por ayudar y que no encontraban cómo hacerlo.

“Banamor plantea, como política pública, la solidaridad. Cada vez que llega alguien a pedir ayuda para, por ejemplo, otro ser humano, no se puede ir con las manos vacías. Eso es voluntad y convicción. Hoy Quillota debe ser una de las ciudades más solidarias de Chile, porque muchos grupos se han unido para ayudar a otros. Si una persona quiere organizar un Bingo para ayudar a un vecino, en Banamor va a encontrar personas que lo pueden ayudar y que, a lo mejor, tienen más experiencia en realizar ese tipo de iniciativas. Aquí las personas llegan con un requerimiento y nosotros hacemos lo necesario para satisfacer esa necesidad de ayuda”, señala orgulloso el doctor Mella.

“Esta similitud entre Banamor y un banco tradicional de dinero –dice el alcalde- se hace a propósito y surge como un llamado de atención a la sociedad actual para decirle que no todo debe ser medido por la vara del dinero y el consumismo. El ser humano no puede perder su capacidad de independencia y libertad para caer sumido a los pies de un sistema económico que lo incita a concentrarse en el materialismo egoísta”.

El humanismo, los sentimientos y la espiritualidad valen más para las personas: ése es el desafío para el Banamor, un banco en el cual no se transa dinero, sino que valores espirituales. “Nosotros no ofrecemos rentabilidad económica, sino que rentabilidad humana, un término que acuñamos nosotros y que se refiere a cuánto gana un ser humano en dignidad, motivación y en ser visto”.

Otro gran proyecto del municipio es la Casa de Acogida de Enfermos Terminales “Beatita Benavides”, inaugurada en junio de 2003 y que, desde esa fecha, ha prestado atención a personas que padecen de alguna enfermedad terminal y que no cuentan con los recursos necesarios para paliar los gastos de tratamiento que requiere una patología catastrófica como el cáncer con respaldo médico apropiado, higiene, comodidad, apoyo espiritual según las propias creencias, así como cariño y respaldo afectivo. 

“Ambos proyectos ponen en el tapete el tema de la rentabilidad humana, quizás éste sea el gran tema del futuro. Algunos tratan de medir la felicidad y lamentablemente no hemos encontrado la forma de hacerlo, algún día lo haremos. Mientras tanto seguiré luchando en que a la hora de evaluar proyectos se incorpore la rentabilidad humana, así como la social y económica dentro del desarrollo de las naciones. La búsqueda de la rentabilidad humana brinda la posibilidad de que los proyectos resulten exitosos”, enfatiza el alcalde.

En 2015 Quillota contará con el primer Centro de Estudios de Bienestar y Felicidad que va a marcar pauta como centro de referencia nacional e internacional en materias de desarrollo humano.

El nuevo centro de estudios del Instituto Bienestar se enfocará en educar a nuevos profesionales que puedan aportar con una mirada más humanista la implementación de políticas, tanto locales como nacionales, que tengan como principal centro de acción el bienestar y la felicidad de las personas, como eje principal de la sociedad. 

Este compromiso se dio a conocer públicamente en el marco del último Encuentro de las Relaciones Saludables y Felicidad 2014, luego de la conferencia inaugural de Matthieu Ricard, donde dio a conocer su experiencia sobre la interconexión entre la meditación, los circuitos del cerebro y el equilibrio emocional.

“Vamos a construir, habilitar e implementar un centro de ciencias del bienestar y la felicidad que tenga como objetivo fundamental formar a doctorantes y realizar pasantías de postdoctorados internacionales en dos ejes estratégicos: el infanto juvenil con un foco importante en la educación; y la tercera edad, debido a la experiencia que tiene el municipio en esta área. Quillota viene trabajando el tema con acciones concretas, interés y motivación, es un ejemplo y, a partir de eso, estamos muy contentos de tenerlos como socios en este proyecto”, destaca el doctor Martínez.

A juicio del doctor y alcalde Mella, “la comuna cuenta con un reconocimiento internacional, obtenido a través de diversas intervenciones que hemos tenido en encuentros como el séptimo Foro Urbano Mundial, efectuado en Medellín en abril de este año, donde dimos a conocer que como comuna tenemos una forma distinta de enfrentar los problemas: llegando al corazón del ser humano con humanismo. El sello de Quillota es el de una comuna humanizadora, por eso estamos abiertos a que todo el mundo conozca nuestro trabajo”.

La felicidad está ligada al sentido de la vida, por lo que no es posible crear una ciudad feliz si no se invita a las personas a darle un sentido a la vida y para estos profesionales ese sentido está dado por la colaboración.

“Yo creo que una ciudad, cuando se sintoniza en el amor y la solidaridad, como consecuencia le va bien. Todos estamos en esta tierra para algo y soy un convencido de que estamos aquí para amar. Por lo tanto, cuando uno se pone en sintonía con el amor es capaz de vencer cualquier obstáculo. Estamos siendo protagonistas de la construcción de un Chile más humano y feliz”, recalca el alcalde Mella.

La ciencia ha descubierto que la felicidad le hace bien a las personas, a las organizaciones, a las naciones y al planeta. A nivel individual, mejora la salud –tanto física como mental – y aumenta las expectativas de vida. A nivel organizacional, las personas felices son más productivas, cooperativas y creativas. Y a nivel social y planetario, los más felices protegen el medioambiente, ayudan de mejor forma a mantener la paz social y luchan con fuerza por reducir las inequidades y la pobreza. 

Potenciar la felicidad del hombre y de los países se ha transformado en un imperativo ético y moral para las personas, los gobiernos y las políticas públicas. Hoy, la humanidad tiene la posibilidad de torcer su rumbo y navegar hacia un nuevo paradigma de desarrollo, que respete los límites del planeta y que incentive la felicidad y bienestar de todos sus habitantes. 

Por eso queremos invitarle a ser protagonista de la construcción de un país más humano y feliz. Con un entrenamiento regular –basado, por ejemplo, en la meditación y la entrega a los demás- es posible transformar la mente de una manera positiva, cultivando pensamientos, actitudes y tendencias que son beneficiosas para uno mismo y otros, y reduciendo aquellas que son perjudiciales.

Por Carolina Faraldo Portus

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