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25 Junio 2012

Síndrome de Truman: ¿realidad o ficción?

Un grupo de psiquiatras ha identificado una nueva forma de psicosis en personas que creen que su vida es un reality show o, peor aún, una película.

Miles de personas se presentan cada año a los diferentes castings para participar en los llamados programas de telerrealidad, un formato televisivo que graba y muestra lo que le ocurre a personas reales –no a personajes ficticios interpretados por actores- que buscan notoriedad, fama o dinero.

Los realities forman parte de un género en televisión con igual número de seguidores que de detractores. Para muchos, son programas muy completos, que combinan aspectos lúdicos –reales y ficticios- con otros de tipo informativo y educativo, incluso algunos han llegado a llamarlo el género total. Para otros, en cambio, un reality show no es más que un espectáculo inmoral, basado en el morbo y que, en algunos caos, ha acarreado lamentables consecuencias para quienes se prestan a participar.

Los primeros programas de este tipo surgieron en Estados Unidos en 1948 en formatos de humor que utilizaban cámaras escondidas, los famosos gags. Después, en la década de los años 50’, comenzaron a televisarse con éxito concursos como Miss América y fue en los 70’ cuando el género se hizo mayor con An American Family, un programa en el cual una cámara era la encargada de seguir semanalmente la vida de una familia.

Actualmente, hay títulos de telerrealidad en todo el mundo y de todo tipo: supervivencia, encierro, academias artísticas, relaciones sentimentales, modelaje, mejora de la salud, búsqueda de empleo, entrenamientos militares y físicos, artísticos, de aventura, o extremos, por nombrar algunos.

En Chile el primero fue lanzado al aire el 5 de enero de 2003 con 14 jóvenes de entre 18 y 27 años que entraron a una casa-estudio, donde eran filmados durante las 24 horas del día realizando sus actividades cotidianas. La experiencia mostró una radiografía de la sociedad chilena y se transformó en un verdadero fenómeno televisivo, algo que no se veía desde el final de La Madrastra (1981).

Los elementos comunes que caracterizan los programas de telerrealidad son los personajes y sus historias, presuntamente, tomadas de la vida cotidiana, donde el o los protagonistas, normalmente, se presentan como un ciudadano medio, como gente común y corriente, que está dispuesta a actuar como una estrella de las pantallas a cambio de hacer pública su vida privada.

¿Pero qué pasa cuando la estrella no ha hecho ningún casting y cree que su vida es una programa de telerrealidad o, peor aún, una película? Con el advenimiento de Internet y de otras formas de comunicación e interacción, nuestra sociedad está experimentando un tremendo cambio cultural, quizás el más grande que hayamos advertido en décadas.

Y son precisamente esos cambios significativos los que ha tenido un gran impacto en los procesos y en la generación de nuevas enfermedades mentales, propias de la era de Youtube.

Los psiquiatras Joel y Ian Gold han identificado los síntomas de una enfermedad mental única para nuestros tiempos: el síndrome de Truman Show, llamado así por la película de Peter Weir: The Truman Show.

En 1998 Jim Carrey protagonizó la película que ilustra la vida de Truman Burbank, un hombre común y corriente, algo ingenuo, que ha vivido toda su vida en uno de esos pueblos donde nunca pasa nada, Seahaven. Sin embargo, de repente, unos extraños sucesos le hacen sospechar que algo anormal está ocurriendo.

La película es bastante conocida. Trata sobre la vida de Truman, un hombre bastante corriente con esposa y que parece ser un vivo retrato del american way of life. Sin embargo, un día comienza a sentirse algo observado. Empieza a hilvanar detalles y momentos de su vida y la duda no deja de crecer: nunca ha salido del pueblo en el que vive; su padre desapareció; y una chica que le gustaba le dijo cosas extrañas que nunca pudo olvidar. La realidad es que Truman es el protagonista involuntario de un programa de televisión que retransmite su vida en directo las 24 horas del día; el pueblo en el que vive es un gran set de televisión; y todas las personas que lo rodean son actores. Cuando descubre el entramado, ya con 30 años, intentará huir, pero antes de eso deberá enfrentarse a su creador.

Los psiquiatras canadienses Joel and Ian Gold que trabajan en el New York’s Belleveu Hospital Center, creen haber descubierto la firma de una enfermedad mental de la era de YouTube: los pacientes que dicen que son sujetos de sus propios programas de televisión realidad.

Han llamado la enfermedad The Truman Show Delusion (el espejismo de Truman Show) y aunque están en el proceso de elaboración de un documento médico sobre el tema, su descubrimiento ya está causando un gran revuelo.

Si bien especialistas más tradicionales insisten en que este engaño no ofrece nada nuevo, pues no lo consideran diferente a un hombre trastornado que cree que la CIA ha plantado un microchip en su diente, los hermanos Gold piensan todo lo contrario.

"Este mal es totalmente diferente a otros que nosotros solemos tratar: no hay delirio de Capgras, en la que alguien va a pensar que su familia ha sido sustituida por doble; y tampoco hay síndrome de Fregoli, en el que alguien cree que una persona le persigue. El síndrome de Truman Show involucra al mundo entero”, señaló el doctor Joel Gold.

“Hemos tenido casos en los cuales los pacientes presentan una psicosis, donde existen creencias que son falsas, que llegan sin ninguna evidencia o lógica. A menudo, también hay presencia de alucinaciones que se manifiestan, por lo general, en voces”.

"El síndrome de The Truman Show es una combinación de paranoia, grandiosidad e ideas de referencia, lo que significa que los pacientes creen que están recibiendo señales específicamente destinados a ellos desde un noticiario o algo así.”, señalaron

Desde que los psiquiatras comenzaron a notificar este tipo de comportamientos en diferentes instancias académicas, colegas de todo el mundo han reportado nuevos ejemplos.

Para ellos este síndrome abarca toda la vida de un paciente, porque “creen que su familia, amigos y compañeros de trabajo son la lectura de las escrituras y su hogar, lugar de trabajo y el hospital un gran set cinematográfico en el que están siendo filmados para que el mundo los pueda ver”.

No pocos intelectuales han criticado a la televisión por considerarla culturalmente regresiva. Giovanni Sartori, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2005, afirmó que “la televisión ha modificado radicalmente y empobrecido el aparato cognoscitivo del homo sapiens”.

La pregunta que cabe hacerse hoy en realidad es: ¿es esto sólo un nuevo giro de la antigua paranoia o de los delirios de grandeza o es que existe una especie de tormenta perfecta de la cultura en que estamos, en la que la fama tiene un valor tan alto?


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