Infarto al miocardio puede manifestarse con síntomas poco habituales
En el marco del Mes del Corazón, especialistas advierten que entre una tercera y quinta parte de los eventos coronarios se presentan sin el clásico dolor torácico, lo que puede retrasar el diagnóstico y el tratamiento oportuno.
Las enfermedades cardiovasculares continúan liderando las causas de mortalidad a nivel mundial y nacional, siendo el infarto agudo de miocardio uno de los principales responsables de esta carga. Aunque el dolor intenso en el pecho es el signo más conocido, la evidencia muestra que entre un 20% y un 30% de los pacientes presenta síntomas atípicos, una situación más frecuente en mujeres, personas mayores y pacientes con diabetes, lo que dificulta el reconocimiento precoz del cuadro.
"Un dolor que se irradia hacia la mandíbula, el cuello o la espalda; molestias en la boca del estómago, náuseas, dificultad para respirar, sudor frío o una fatiga intensa y repentina pueden corresponder a un infarto, aunque muchas personas los atribuyen a una indigestión, una contractura muscular, el estrés o el cansancio", explica el doctor Jesús Gómez, especialista de Cordillera Interclínica.
De acuerdo con datos del grupo Interclínica, los ingresos por infarto al corazón disminuyeron un 16% durante el primer semestre de 2026 en comparación con igual período del año anterior, aunque con diferencias entre sus centros asistenciales. Para el doctor Gómez, esta realidad no debe interpretarse como una menor amenaza. "Los infartos siguen siendo una de las principales causas de muerte y discapacidad. El desafío es reconocer sus síntomas y actuar con rapidez, porque cada minuto sin tratamiento aumenta el daño que sufre el músculo cardíaco y empeora el pronóstico. Ante un malestar repentino e inusual, especialmente si se acompaña de falta de aire, sudor frío o aparece durante un esfuerzo físico, lo más seguro es acudir de inmediato a un servicio de urgencia", señaló.
Los especialistas también enfatizan la importancia de la prevención, considerando que gran parte de los factores de riesgo son modificables. Hipertensión arterial, diabetes, dislipidemia, tabaquismo, sedentarismo, obesidad y estrés crónico pueden detectarse y controlarse mediante evaluaciones periódicas y cambios en el estilo de vida.
"Con frecuencia atendemos pacientes que descubren recién durante un infarto que tenían la presión arterial elevada, diabetes o alteraciones importantes del colesterol. Los controles preventivos permiten detectar estos factores antes de que produzcan consecuencias graves y ofrecen una oportunidad concreta para cambiar el pronóstico", afirma el doctor Andrés Triana, cardiólogo de Los Leones Interclínica.
También recordó que "frente a un infarto no hay espacio para esperar a que los síntomas desaparezcan ni para improvisar. Saber dónde consultar y actuar de inmediato puede influir en la evolución del paciente. Prepararse no significa vivir con temor, sino estar listo para responder con rapidez cuando el tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable y otra con mayores secuelas".