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01 Agosto 2022

Dra. Ángela Martínez Garcés:

“Recuperamos la salud bucal de muchas personas”

Cirujana dentista formada en la Universidad de Concepción relata su estadía como voluntaria en el Hospital Adventista de Glei en África, recinto inserto en una comunidad de alta vulnerabilidad social.

El 12 de noviembre de 2020 es una fecha especial para Ángela Martínez Garcés. Ese día la cirujana dentista formada en la Facultad de Odontología de la Universidad de Concepción inició en Togo una experiencia que, asegura, cambió su vida.

Durante un año y medio realizó un voluntariado en la comunidad de Glei, ubicada a aproximadamente 200 kilómetros al norte de la capital Lomé. Una zona rural con altas temperaturas y de mucha precariedad socioeconómica, donde se vive del comercio informal y autocultivo. El idioma oficial es francés, aunque existe una variedad de lenguajes y dialectos, así como diversidad de grupos étnicos.

“La gente es amable, siempre te saluda y pregunta cómo estás, aunque no te conozcan, sobre todo los niños. Sus habitantes usan telas coloridas para hacerse ropa y pese a vivir en pobreza son muy alegres y risueños”, comenta la profesional que también cursó un diplomado en atención odontológica en pacientes especiales.

En septiembre la doctora Martínez retorna a Chile. Por ahora descansa y recobra energías en Brujas (Bélgica), donde reside su hermano y con quien ha recorrido parte de Europa. “Es una pequeña ciudad medieval atractiva por su infraestructura y los hermosos canales que la cruzan”. Desde ese lugar recuerda su estadía en Glei y responde las preguntas de SAVALnet.

- ¿Cuándo nace la inquietud de realizar un voluntariado?

Desde pequeña siempre tuve el deseo de generar cambios en África. Cuando estaba en segundo año en la universidad me contacté con Adventist Volunteer Service, organización vinculada a mi iglesia y que realiza tareas sociales en varios países. Por otro lado, una de las razones que me llevaron a estudiar odontología fue el sueño de ayudar a las personas a través de una carrera que me permitiera cierta independencia para dedicar parte de mi tiempo a recuperar sonrisas. Mi madre, técnica en enfermería, fue mi gran inspiración, ya que siempre me habló de la importancia de regalar salud a quienes no pueden acceder a ella.

- ¿Con qué realidad se encontró?

Viajé junto a una colega y nos habilitaron una sala de clases para hospedarnos. Al llegar nos dimos cuenta de que faltaba algo tan básico como un sillón dental en buen estado. Como habíamos averiguado con anticipación algunas necesidades, nos preparamos y gestionamos donaciones que nos permitieron implementar poco a poco la Unidad Dental del Hospital Adventista de Glei. Sabía de los problemas relacionados con la pobreza, pero impacta ver esa realidad en persona. Frente a eso no podíamos desentendernos de la situación y comenzamos a formular proyectos para reparar viviendas y generar recursos para ayudar a los niños con su educación, alimentación y gastos médicos. Conseguimos muebles y paneles solares, entre otras cosas.

- ¿A qué tipo de pacientes atendía y qué patologías eran las más comunes?

Desde bebés hasta adultos mayores y el problema más prevalente es la enfermedad periodontal. Como no existe cultura de cepillado tuvimos que hacer limpiezas profundas por cálculo dental en niños de seis años, ni hablar a los 12. A los 20 mujeres y hombres ya han perdido piezas por periodontitis y descubrimos escenarios bastante desfavorables a mayor edad. Resolvimos infecciones como flegmones y abscesos, abordajes que generalmente se derivan. El Hospital Adventista de Glei es el único que cuenta con dentista en muchos kilómetros a la redonda. En la zona hay personas que aprendieron de alguien y ofrecen servicios dentales sin ser profesionales, lo que representa un riesgo adicional.

- Háblenos de los procedimientos y apoyo instrumental…

En un principio el sillón dental estaba inoperativo. Solo podíamos inclinarlo, por lo que realizábamos destartrajes gracias a un ultrasonido independiente y aspirador que llevamos. A ello sumamos inactivaciones de caries con cuchareta, pues no contábamos con material rotatorio. Hacíamos restauraciones de amalgama y vidrio ionómero, exodoncias, suturas de tejido blando a causa de accidentes, fluoraciones previo cepillado y prótesis removibles sencillas.

Cuando llegó el sillón dental nuevo empezamos a trabajar con composites, hacer restauraciones estéticas, algunas endodoncias que seleccionamos con cautela por no tener todo lo necesario y prótesis removibles de todo tipo. Lo que no hacíamos eran incrustaciones y prótesis fijas por los costos y materiales.

A veces sumábamos otras tareas. Llegaban pacientes accidentados por caídas, quemaduras, heridas infectadas e incluso úlceras que tratamos durante meses hasta su cicatrización. Uno de ellos, además, sufrió una fractura en su brazo y después de su cirugía aprendimos a hacer juntos los ejercicios de rehabilitación para que recuperara la movilidad. Para todo lo que no manejaba recibía apoyo y orientación de colegas y amigos desde Chile.

- En comunidades de estas características la promoción y prevención podrían ser aspectos fundamentales…

Totalmente, por eso ya venía con la idea de educar en los colegios, porque con un cuidado correcto puedes prevenir muchas enfermedades. Sabía que probablemente no todos iban a aprender, pero me esforcé para que quedaran grabadas las ideas más importantes. Hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance, incluso regalando cepillos y pastas dentales.

En Togo no existe la salud pública como tal. No tiene programas gratuitos como en Chile, así que tratábamos de reducir los costos con la aprobación de la administración para fomentar la consulta. Una vez que llegaban, la mayoría de los pacientes cumplía con su tratamiento.

- ¿Cómo la marcó su estadía en África?

Fue un periodo intenso. Hubo momentos muy lindos y otros de mucha amargura y tristeza debido a un sistema precario de salud. Aprendí a ver la vida con más simpleza.

Mi vida cambió, porque no esperaba involucrarme tanto. Hoy tengo compromisos con varios de esos niños para darles un futuro mejor. Fue dura la partida y me hicieron despedidas en distintas partes. Tuve que prepararme, pero igual los extraño mucho. Antes de irme pudimos comprar celulares y nos comunicamos por mensajes, videollamadas y audios para hacer más llevadera la separación. Trataré de visitarlos por el amor que compartimos y para motivarlos a seguir estudiando. Durante un año y medio conseguimos cosas increíbles, recuperamos la salud bucal de muchas personas y siempre les dije que solo educándose podrán aspirar a cambiar su situación. Espero haber dejado una huella en ellos.

- ¿Qué tan importante es vivir experiencias de este tipo? 

Antes de partir pensaba que iba a ayudar a muchas personas, y así fue, pero finalmente terminé creciendo yo. No sabes de lo que eres capaz hasta que vives una experiencia como esta. Aquí es donde la vocación juega un papel importante y cobran sentido todas esas noches interminables de estudio. Te reconectas con lo que te llevó a ingresar a una carrera de la salud y comprendes la importancia que tiene para pacientes sin recursos acceder a una atención amable, cercana y desinteresada. Recibí sonrisas genuinas y pacientes que no encontraban respuestas a sus problemas me agradecieron hasta el cansancio. No creo que exista nada más gratificante.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez