Dr. Felipe Cárdenas Núñez:
“Las imágenes cardíacas avanzadas mejoran el diagnóstico, tratamiento y pronóstico”
Estas técnicas se posicionan como una herramienta clave para fortalecer la atención cardiovascular y avanzar hacia una medicina más precisa, oportuna y equitativa.
Para un paciente de la región de Valparaíso que necesita una imagen cardíaca avanzada, el camino no siempre es fácil. Si bien la oferta local existe y ha crecido en los últimos años, sigue siendo insuficiente debido a la cantidad y complejidad de estas enfermedades. Una brecha que tiene consecuencias concretas: exámenes subutilizados, diagnósticos incompletos y pacientes que deben asumir un traslado que no siempre pueden costear.
Así lo cuenta el doctor Felipe Cárdenas Núñez, cardiólogo del Hospital Naval Almirante Nef de Viña del Mar, ecocardiografista, quien recientemente realizó un Fellow de Imagen Cardíaca Avanzada en España. "Es un campo en constante expansión que agrupa múltiples técnicas de imagen orientadas a lograr un diagnóstico cardíaco preciso mediante exámenes no invasivos. Si bien son varias las técnicas, enfoqué mi formación en las que creo que son más útiles y aplicables a la realidad local: la resonancia y la tomografía computada cardíaca".
"Somos muy pocos los cardiólogos en el país con una formación formal en el área. En su mayoría, los equipos que ya están bien conformados funcionan en Santiago. Sin embargo, siempre me enfoqué en tratar de ser un aporte para mi región y mi motivación principal es poder potenciarla aquí, para que los pacientes tengan las mismas oportunidades que quienes viven en la capital", asegura.
- ¿Qué lo motivó a especializarse en esta área y por qué hacerlo fuera de Chile?
Cuando me formé en ecocardiografía, uno se va dando cuenta de que esta técnica tiene ciertas limitaciones y hay exámenes nuevos —o quizás no tan nuevos— que aportan información adicional.
Tuve que buscar un centro que me aportara tanto la experiencia y la tecnología, así como un gran volumen de pacientes. Eso todavía no existe en Chile. Fue entonces cuando conocí los programas de estancias formativas que ofrece el Ministerio de Sanidad de España, al cual postulé y fui seleccionado.
Finalmente, llegué al Hospital Álvaro Cunqueiro en la ciudad de Vigo, motivado fundamentalmente porque ahí es donde trabaja uno de los mayores expertos españoles en estas técnicas: el doctor Manuel Barreiro Pérez, actual presidente de la Sociedad Española de Imagen Cardíaca y quien fue mi mentor.
Estas imágenes, más que reemplazar al ecocardiograma tradicional, lo complementan. El concepto que agrupa todo esto es la multimodalidad: evaluar una misma patología desde las distintas técnicas, lo que nos permite lograr un diagnóstico más preciso y mejorar los tratamientos para el paciente.
- ¿En qué consisten los procedimientos en los que se especializó?
La tomografía cardíaca computada es una técnica que utiliza radiación ionizante a través de equipos con múltiples detectores, que logran capturar con buena resolución temporal y espacial las características anatómicas del corazón.
Tanto resonancia como tomografía, comparten el desafío de obtener imágenes de una estructura que está en permanente movimiento, ya sea por el mismo latido cardíaco o por la dinámica respiratoria del tórax. Por lo tanto, hay que sincronizarlas con el latido cardíaco y la respiración.
Por otra parte, la resonancia es un examen que utiliza campos magnéticos y su interacción con las propiedades de los átomos de hidrógeno para obtener información detallada tanto de la estructura como de la composición de los tejidos. Una de sus principales ventajas frente a otras técnicas de imagen, es que nos permite realizar una "biopsia imagenológica" del miocardio y, así, saber de qué está compuesto: si es un miocardio sano, si ha sufrido un infarto, si tiene fibrosis asociada o depósitos de otra naturaleza. Todo eso podemos determinarlo sin someter al paciente a una biopsia verdadera.
- ¿Quiénes se beneficiarían de contar con este tipo de imágenes de forma local?
Es transversal para todo el espectro de la enfermedad cardiovascular, incluso en pacientes sanos o asintomáticos, como parte de esquemas de evaluación y estratificación más fina y detallada de su riesgo cardiovascular.
Hoy sabemos que hay muchos pacientes que parecen estar sanos: comen saludablemente, no fuman, no beben y hacen deporte, pero, debido a características genéticas, pueden estar expuestos a enfermedades cardíacas. Por ello, muchas veces los exámenes preventivos —como las imágenes— logran anticipar que el paciente no es tan sano como parece y así prevenir eventos cardiovasculares mayores.
Por otra parte, en el otro extremo, en personas con patologías previas, los mismos exámenes avanzados como la resonancia o la tomografía computada nos permiten mejorar la precisión diagnóstica y dirigir de mejor forma nuestros tratamientos, lo que tiene un impacto positivo en su morbimortalidad.
- ¿Qué ha visto en España que sea replicable en la realidad chilena y regional?
Desde el punto de vista técnico, lo que me gustaría poder reproducir próximamente son técnicas derivadas de estos exámenes, algo más avanzadas y que requieren una mayor curva de aprendizaje, como la resonancia de estrés farmacológico, la resonancia en pacientes con dispositivos como marcapasos, desfibriladores —o resincronizadores— y la resonancia en pacientes con arritmias o cardiopatías congénitas.
Todos esos grupos muchas veces no logran beneficiarse de estas técnicas porque su interpretación es compleja, si no existe un especialista con la formación y experiencia necesarias para la programación e interpretación de las imágenes.
- ¿Qué mensaje le daría a otros cardiólogos de la región o incluso a las autoridades sanitarias sobre la implementación de esta tecnología?
Lo principal es atreverse a usar estas nuevas modalidades de imagen cardíaca, que muchas veces hemos limitado. Hay que dar el paso y pedirlas: ya está muy claro en las distintas guías clínicas que usamos en el día a día cuáles son los escenarios en los que se deben solicitar. Una resonancia bien hecha mejora el diagnóstico, nos permite plantear tratamientos mucho más específicos y mejora el pronóstico.
Desde el punto de vista de las autoridades, también hay que invertir en esta tecnología. Sabemos que implica un costo importante, pero la cantidad de pacientes que van a evitar una hospitalización, un estudio invasivo o una cirugía cardíaca la justifica ampliamente. La inversión se recupera rápidamente cuando todo esto está enmarcado en un programa serio y constante de imagen cardíaca.
Por Dominique Vieillescazes Morán