Dra. Andrea Torres Garrido:
"El uso prolongado de pantallas predispone a los niños a desarrollar miopía"
Esta población está más expuesta a las consecuencias del síndrome visual informático. El incremento de tareas escolares en formato digital y el ocio sin supervisión han aumentado las consultas.
La gran mayoría de las personas que pasan más de dos horas seguidas frente a un dispositivo electrónico se exponen al síndrome visual informático (SVI). También conocido como fatiga visual digital, es un conjunto de problemas oculares y musculares que aparecen debido al uso prolongado de computadoras, teléfonos móviles y tabletas [1].
A diferencia de un texto impreso (que tiene bordes definidos y alto contraste), los caracteres de las pantallas están formados por píxeles que se difuminan hacia los bordes, lo que obliga al ojo a esforzarse continuamente para enfocar. Además, al mirar fijamente un aparato tecnológico, la frecuencia de parpadeo disminuye hasta cinco veces de forma inconsciente, acelerando la evaporación de la lágrima y predisponiendo a ojo seco.
Se trata de una preocupación creciente para la salud, con una prevalencia reportada del 69%, y amplificada durante la pandemia por COVID-19 debido al aumento del tiempo frente a las pantallas para el teletrabajo, el aprendizaje en línea y el uso de redes sociales, con estudios que reportan síntomas en hasta el 74%.
Dentro de los síntomas más comunes se cuentan ardor, hiperemia conjuntival, prurito, visión borrosa, dificultad para enfocar objetos, sensación de arenilla, cefalea y pesadez de los párpados, entre otros [2].
Existe un impacto significativo en la población pediátrica. De hecho, los niños suelen ser más vulnerables que los adultos debido a factores de comportamiento y a que sus sistemas visuales y musculoesqueléticos aún están en desarrollo. Estudios recientes y agrupaciones como la Asociación Americana de Optometría (AOA) advierten que el incremento de tareas escolares en formato digital y el ocio con dispositivos móviles han aumentado las consultas [3].
"Las quejas visuales principalmente están relacionadas a ojo seco, de tipo evaporativo, causado por la disminución en la frecuencia del pestañeo. La capa lipídica mantiene estable la lágrima por poco más de cinco segundos, después de eso, se desintegra y la capa acuosa se evapora. Esto mismo explica que las molestias sean mayores en mujeres, las cuales tenemos desde cierta edad cambios hormonales que alteran la capa lipídica, usamos más maquillaje y con mayor frecuencia lentes de contacto", comenta la oftalmóloga Andrea Torres Garrido, docente pre y postgrado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción.
Según la profesional, formada en la UdeC y especializada en la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP) de Brasil, "el uso prolongado de pantallas, asociado a la disminución de actividades al aire libre, predispone a los niños a desarrollar miopía. Por otra parte, los estrabismos fóricos también aumentan las molestias ante el uso excesivo de dispositivos electrónicos e, incluso, pueden llegar a desencadenar un estrabismo manifiesto en la edad pediátrica".
- Aunque históricamente se consideraba un problema exclusivo de adultos en entornos laborales, la digitalización educativa y el entretenimiento han provocado que afecte cada vez más a niños y adolescentes. ¿Cómo debe abordarse desde esa perspectiva?
El uso de pantallas en niños y adolescentes debe restringirse y adecuarse a edad y exigencia académica. Se recomienda evitar el uso nocturno, no deben usarse dos horas antes de ir a dormir, de lo contario modifica el ritmo circadiano, pudiendo provocar alteraciones no solo oftalmológicas como la miopía, sino también endocrinológicas como la pubertad precoz, además de afectar la salud mental, el comportamiento y sociabilización.
En los menores de tres años está demostrado, por ejemplo, que puede provocar alteraciones de lenguaje. En estricto rigor, debiese prohibirse el uso antes de los seis años años. Entre los seis y ocho, una hora de televisión. Desde los nueve hasta los 12, una hora de televisión y 30 minutos de pantalla cercana. Entre los 12 y 14, una hora de TV y una de dispositivo móvil. A partir de los 15 años y hasta los 18, dos horas y media de aparatos electrónicos al día. Todo esto debe ir siempre acompañado de un mínimo de dos horas diarias de actividad al aire libre y realizar control oftalmológico a los cuatro años o antes en caso que se sospeche alguna alteración visual. Desde ahí en adelante, el control se determinará según indicación médica.
- Al presentarse de forma temprana, ¿existe mayor riesgo a largo plazo?
La disminución en la frecuencia del pestañeo puede provocar disfunción en las glándulas de Meibomio, las que son muy importantes para la adecuada lubricación ocular.
La aparición de miopía no puede revertirse. Es progresiva mientras el niño crece, por esto debemos hacer un diagnóstico precoz, incluso detectar casos de niños con premiopía y encargarnos, junto a la familia, de realizar manejo y control. Tenemos que evitar que un niño llegue a vida adulta siendo alto miope y que esto pueda traer asociado un deterioro visual permanente.
- ¿Cuál es la ventaja de una identificación temprana en el pronóstico del paciente pediátrico y qué alternativas farmacológicas, ópticas y ergonómicas?
Desde la pandemia se indicó uso de pantallas con la regla 20/20/20: cada 20 minutos de pantalla, descansar al menos 20 segundos (idealmente con aumento consciente del pestañeo), enfocando a 20 pies (5 metros) para relajar la acomodación. En niños no está indicado el uso de lentes con filtros. Debe restringirse el uso de las pantallas y favorecer la actividad al aire libre.
- En una sociedad profundamente digitalizada e hiperconectada, ¿cómo orientar a niños, niñas y adolescentes para lograr una reducción efectiva del tiempo frente a las pantallas?
Los estudios demuestran ampliamente el daño que causa el excesivo uso de pantallas en distintos ámbitos, como el psiquiátrico, endocrinológico y oftalmológico. Los padres deben entender que es perjudicial para ellos permitirles el uso más allá de lo recomendable. Se debe favorecer la actividad física, la exposición a luz natural y la sociabilización. Dejar que se aburran para que su creatividad pueda desarrollarse es una muy buena opción.
Referencias:
[1] Kahal F, Al Darra A, Torbey A. Computer vision syndrome: a comprehensive literature review. Future Sci OA. 2025 Dec;11(1):2476923.
[2] Seguí Mdel M, Cabrero-García J, Crespo A, Verdú J, Ronda E. A reliable and valid questionnaire was developed to measure computer vision syndrome at the workplace. J Clin Epidemiol. 2015 Jun;68(6):662-73.
[3] Emon HH, Pingky JS, Halder H, Karmaker S, Rahman M, Shishir FM, Tithi TR, Akter S, Rahman M, Hossain MM. Exploring computer vision syndrome among primary school students in Dhaka, Bangladesh: a cross-sectional study. BMJ Open. 2025 Aug 5;15(8):e098366.
Por Óscar Ferrari Gutiérrez