Dra. Marcela Concha Vergara:
“El modelo humanizado mejora los tratamientos, reduce las infecciones y la hospitalización”
En el contexto de una UCI pediátrica, este ha permitido reducir la ansiedad en los niños, usar menos sedación y detectar complicaciones de forma más oportuna, gracias al rol activo de las familias en el cuidado diario.
"Medicina, emoción y familia" son las palabras con las que la doctora Marcela Concha describe el concepto de humanización en el contexto de la Unidad de Cuidados Intensivos de Clínica Indisa. Con más de 44 años trabajando como pediatra y más de una década desempeñándose como médico intensivista de la UCI pediátrica, la especialista aborda el cambio de paradigma que significó la integración de este modelo de atención en el cuidado de los más pequeños.
Tras el paso de los años, se transformó en un espacio más abierto y centrado en lo más importante: el niño y su familia. "Hace 40 años, los padres prácticamente no entraban a la UCI. Y si lo hacían, debían usar ropa de protección y su hijo ni siquiera los reconocía. No podían tocarlo ni hablarle, estaba todo protegido contra las infecciones. Hoy entran los papás, los hermanos y otros miembros de la familia. Trabajamos desde el amor, la comprensión y la comunicación, algo que antes no existía", detalla.
- ¿Qué beneficios clínicos concretos se observan con una mayor participación de las familias?
El niño está menos ansioso y estresado porque tiene a alguien que lo conoce y lo puede calmar. Gracias a eso, podemos usar menos sedación y el menor va a entender que no está solo ni abandonado. Incluso, se habla de una disminución de los días de hospitalización.
Como conocen bien a los niños, los familiares nos alertan ante cualquier señal. Eso nos permite estar mucho más atentos y prevenir complicaciones. Por ejemplo, si nos avisan que tienen fiebre, podemos investigar rápido, pedir exámenes, tomar muestras y descartar una sobreinfección.
- ¿Qué medidas humanizan la atención?
Muchas. Primero, lo que llamamos la "puerta abierta": está las 24 horas del día disponible para que los papás acompañen a sus niños. Si alguno de ellos no puede, está la abuelita o un tío, pero el paciente debe estar permanentemente con alguien. Ya no se les deja solos, como se hacía antes.
Este sistema engrandeció a la UCI y por eso ya no tenemos más infecciones. Muchos podrían pensar que aumentaron, que se nos infectan los catéteres o que los niños se sacan los tubos cuando están intubados, pero no es así. Se ha demostrado que una mayor participación de las familias no aumenta los eventos adversos ni las infecciones.
La ambientación se transformó, las camas y las paredes dejaron de ser blancas. Las habitaciones infantiles tienen cuadros, sábanas de colores dependiendo de las unidades y cubrecamas con "monitos". Los techos tienen dibujos porque, como el niño pasa acostado, mira hacia arriba y así tiene algo que ver. Incluso, se pueden traer cosas propias para personalizar el espacio.
Nos costó un poco aceptar la presencia de los papás, sin embargo, se ha hecho cultura de atención en salud de forma humanizada y nos hemos capacitado. Hay mayor comprensión y empatía, lo que antiguamente no se daba. El médico y la enfermera eran muy rígidos, y tenían que cumplir las normas. Ahora lo conversamos y llegamos a un acuerdo, lo que mejora los tratamientos.
- ¿Cómo se equilibra la necesidad de procedimientos invasivos y tecnología compleja con un ambiente más humano?
Los padres participan en los procesos de tecnología. Por ejemplo, si se toma alguna radiografía o escáner, pueden estar ahí. Hay ciertos procedimientos en los cuales todavía limitamos que estén, como en el caso de las punciones lumbares o métodos que requieran una asepsia. Pero en cuanto a la tecnología, no influye en el manejo humanizado. Al contrario, pueden participar y se les explican los procesos.
Para procedimientos más invasivos, si un padre realmente quiere estar, puede quedarse. Aunque no es lo más recomendable, porque no se sabe la reacción que pueda tener.
- ¿De qué manera ha cambiado la comunicación hacia las familias en situaciones de alta complejidad o un mal pronóstico?
Están logrando entender muchas cosas que antiguamente no se les decía. Había muy poca comunicación o la forma de decir las cosas era brusca. Ahora nos sentamos, lo conversamos, analizamos el caso, les explicamos cuáles son las condiciones en las que se encuentra su ser querido y tratamos de tomar decisiones en conjunto basadas en la ética, la evidencia y la ciencia. Ahora, los abrazamos, les damos ánimo y fuerza. Somos empáticos ante la situación.
- ¿Qué cambios se necesitan en la formación médica para adaptarse a este modelo de atención?
La capacitación es clave. Hay varias universidades que están dando diplomados y cursos en humanización, donde se recibe una orientación y herramientas para saber qué hacer y qué no. En la mayoría de las clínicas y hospitales se están implementando servicios de humanización.
Somos médicos, tenemos que tratar la enfermedad, pero también lo emocional, físico y psíquico de nuestros niños y familias.
Por Dominique Vieillescazes Morán