Dr. Eduardo Briceño Cortés:
“El enfoque geriátrico no es dejar de tratar, es cuidar la dignidad del paciente”
La especialidad permite un abordaje integral, personalizado y ético en contextos de fragilidad, multimorbilidad y cercanía al fallecimiento.
El geriatra mira a la persona mayor de manera integral, considerando no solo la enfermedad, sino también su funcionalidad, su entorno, sus vínculos y sus creencias. Su rol cobra especial relevancia cuando el paciente transita etapas avanzadas, donde las guías tradicionales dejan de ser suficientes y las decisiones requieren una evaluación cuidadosa, caso a caso. El enfoque paliativo no implica dejar de tratar, sino cambiar el foco hacia el confort, el control de síntomas y el respeto por la dignidad del paciente.
Desde esa mirada, el doctor Eduardo Briceño, geriatra del Hospital de Quilpué y Clínica de la Persona Mayor en Viña del Mar, además de ser docente en la Universidad de Valparaíso y miembro de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, reflexiona sobre los desafíos del abordaje clínico en el tramo final de la vida, la planificación anticipada, la toma de decisiones complejas y el rol central del trabajo interdisciplinario.
- ¿Cuál es el propósito de abordar la geriatría en el contexto del final del curso vital?
El objetivo principal es entregar herramientas básicas que permitan ofrecer una atención adecuada e integral. Tanto la geriatría como los cuidados paliativos comparten una lógica multidisciplinaria, donde el foco no está puesto en prolongar la sobrevida, sino en otorgar la mejor calidad posible durante la última etapa. Para lograrlo, resulta fundamental planificar los cuidados, algo que muchas veces no ocurre porque, como sociedad, evitamos hablar de la muerte y la asociamos a un fracaso, cuando en realidad es un proceso natural.
- ¿Qué rol cumple la planificación anticipada dentro del cuidado geriátrico y por qué resulta tan relevante?
Muchos pacientes nunca han hablado con sus familias ni han expresado preferencias respecto a decisiones futuras. Frente a una hospitalización o enfermedad grave, la persona ya no puede decidir y el entorno cercano desconoce cuáles eran sus deseos. Estas conversaciones se realizan de manera temprana, facilitan la toma de decisiones en momentos complejos y reducen la incertidumbre tanto para el equipo de salud como para la familia. Además, permiten anticipar escenarios clínicos y definir objetivos de cuidado, favoreciendo un proceso más coherente, respetuoso y centrado en la persona.
- ¿Hablar del final de la vida es una responsabilidad exclusiva del equipo de salud?
Si bien el grupo sanitario tiene un rol muy relevante, no es el único. Este tema debería abordarse a nivel social, porque atraviesa a todas las personas. Existen discusiones públicas sobre eutanasia, muerte asistida o sedación paliativa, que son conceptos distintos y con fines diferentes, pero que surgen cuando las medidas previas dejan de ser efectivas.
En la práctica clínica, estas conversaciones no pueden darse en una sola visita; requieren un proceso progresivo, acompañado por equipos interdisciplinarios, donde el apoyo psicológico es fundamental para que la familia pueda asimilar lo que viene.
- ¿Cómo enfrentan las personas mayores la cercanía al final de la vida y qué impacto tiene la red de apoyo en ese proceso?
En pacientes geriátricos es frecuente encontrar soledad o redes muy debilitadas. Existen adultos mayores que viven solos o que cuidan a otros de edad similar. En este contexto, el abordaje no puede limitarse a lo biomédico. Es necesario evaluar la funcionalidad, la dimensión espiritual, las preferencias personales y el apoyo social disponible. Este último suele ser uno de los puntos más frágiles del sistema, pese a que condiciona directamente la posibilidad de cuidados adecuados y de un acompañamiento digno.
- En etapas avanzadas aparecen decisiones complejas, como la multiprescripción…
La mayoría de las guías clínicas se basan en evidencia generada en poblaciones más jóvenes, con poca representación de personas mayores con multimorbilidad. A medida que el paciente se acerca a una etapa paliativa, esa evidencia pierde aplicabilidad.
El enfoque debe ser altamente personalizado, considerando expectativa de vida, calidad funcional, deseos del paciente y contexto social. Muchos fármacos orientados a prevenir eventos a largo plazo dejan de aportar beneficios y comienzan a generar efectos adversos, por lo que la deprescripción se transforma en una herramienta clínica clave.
- ¿Por qué es indispensable un abordaje multidisciplinario?
Porque la vida no se reduce a variables biológicas. En esta etapa emergen preguntas existenciales, necesidades familiares, aspectos espirituales y desafíos funcionales.
El manejo del dolor, por ejemplo, no siempre es farmacológico; muchas veces, intervenciones kinésicas simples permiten prevenir complicaciones y mejorar el confort. Terapia ocupacional, fonoaudiología, trabajo social y psicología aportan dimensiones que el médico no puede cubrir en solitario. Este enfoque mejora la experiencia del paciente, reduce la carga del cuidador y favorece procesos de duelo más saludables.
- ¿Cómo entiende el acompañamiento durante y después del proceso de morir?
Durante mucho tiempo se pensó que los cuidados paliativos comenzaban cuando ya no había nada más que ofrecer. Hoy sabemos que pueden coexistir con tratamientos activos. Existe una transición inicial y otra posterior, cuando la muerte es inminente, generalmente en un rango de pocos días. En esa fase aparecen síntomas más complejos y el foco se centra en acompañar tanto al paciente como a su entorno. Tras el fallecimiento, el apoyo no se interrumpe, sino que continúa durante el proceso de duelo, especialmente a través del acompañamiento psicológico a la familia.
- Entendiendo lo anterior, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrenta la geriatría?
Visibilizar su rol dentro del sistema de salud. En los últimos años ha habido avances, pero aún falta consolidar distintos niveles asistenciales, como unidades de pacientes agudos, espacios de recuperación funcional, hospitales de día y centros de larga estadía. La fortaleza está en su mirada integral, que permite identificar síndromes propios del envejecimiento, altamente interrelacionados y con impacto directo en funcionalidad y pronóstico.
Por María Ignacia Meyerholz