Boletín HCSBA

18 junio 2026. Volumen 25 - N°89 hipoperfusión sistémica, existe obstrucción al retorno venoso pulmonar, con edema pulmonar, hipoxemia y rápida falla respiratoria. La PGE1 por sí sola no resuelve este problema. Estos pacientes requieren soporte respiratorio precoz y, con frecuencia, intervención urgente mediante septostomía como puente a la cirugía. Aun antes del diagnóstico anatómico definitivo, existen principios generales que deben guiar el manejo. Primero, todo recién nacido con hipoxemia refractaria, perfusión deficiente o acidosis inexplicada debe considerarse portador de una posible lesión ductusdependiente hasta demostrar lo contrario. Segundo, la PGE1 debe iniciarse precozmente cuando la presentación clínica sugiera obstrucción al flujo pulmonar o sistémico dependiente del ductus. Tercero, la interpretación de la saturación debe ser fisiológica: en algunas lesiones una SaO2 de 75% a 85% puede ser aceptable, mientras que valores más altos pueden reflejar hiperflujo pulmonar y desequilibrio hemodinámico. Cuarto, la ausencia de mejoría con oxígeno obliga a pensar en CC o hipertensión pulmonar persistente y acelerar la ecocardiografía. Del mismo modo, el examen físico no debe reducirse a la búsqueda de un soplo. Pulsos femorales, saturación pre-postductal, gradiente de presión arterial en las 4 extremidades, hepatomegalia, trabajo respiratorio, temperatura periférica, llenado capilar y estado de alimentación aportan información decisiva en los primeros minutos y horas. En la práctica, muchas lesiones críticas debutan con signos “sutiles” antes de desarrollar shock franco; reconocerlos precozmente es una parte esencial de la estabilización. Conclusiones La estabilización del recién nacido con CC crítica exige abandonar la lógica de una reanimación uniforme y adoptar una estrategia fisiológicamente dirigida. Frente a un neonato cianótico, en shock o en insuficiencia cardíaca, la pregunta central no es solo cuál es la cardiopatía, sino qué mecanismo está provocando el deterioro: flujo pulmonar insuficiente, mezcla inadecuada, obstrucción venosa pulmonar o colapso de la circulación sistémica por cierre ductal. De esa respuesta derivan decisiones tan trascendentes como iniciar PGE1, aceptar una saturación “subnormal”, restringir el oxígeno, asistir con ventilación mecánica precozmente o acelerar la cirugía de forma urgente. En términos clínicos, la combinación de sospecha precoz, examen físico cuidadoso, oximetría pre y postductal, toma presión de cuatro extremidades, palpación de pulsos, el uso oportuno de PGE1 y ecocardiografía urgente constituye la base del manejo inicial. El diagnóstico prenatal mejora sustancialmente la preparación del equipo y reduce eventos adversos, pero mientras continúen existiendo lesiones no detectadas antes del nacimiento, la capacidad del equipo neonatal para interpretar la fisiología de transición seguirá siendo determinante para la supervivencia y la calidad de la evolución posterior. En hospitales pediátricos que no cuentan con cirugía cardíaca, la estabilización inicial adquiere además una dimensión estratégica: no solo se trata de reconocer una cardiopatía crítica, sino de sostener al recién nacido de

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