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15 Mayo 2017

Cirugía gástrica para una mejor decisión alimentaria

La cirugía bariátrica sigue siendo la modalidad de tratamiento a largo plazo más eficaz para la obesidad mórbida, logro conseguido principalmente por la reducción de la ingesta calórica a través de mecanismos que aún no son definidos en su totalidad. Un reciente estudio desarrollado en ratas, muestra que el bypass gástrico conduce a la producción de una molécula denominada oleiletanolamida (OEA), asociada con la saciedad de las grasas. Su síntesis se relaciona con un incremento de liberación de dopamina estriatal dorsal, evento impulsado por el nervio vago. La investigación también demuestra que la cirugía sobrerregula los niveles del receptor de dopamina 1 (D1R) estriatal específicamente bajo condiciones de alimentación elevadas en grasas. Mecanísticamente, la interferencia de la señalización de OEA local, del nervio vago y del receptor D1R, causa un bloqueo de los efectos beneficiosos de la cirugía sobre la ingesta y preferencia de las grasas. Estos hallazgos perfilan una vía molecular y sistémica a través de la cual la cirugía bariátrica mejora el comportamiento alimentario y pueden contribuir al desarrollo de nuevas estrategias para la pérdida de peso que modifiquen los circuitos de recompensa cerebral comprometidos en la obesidad.


Rechazo a las grasas

Durante décadas, se pensó que la cirugía para la pérdida de peso era eficaz principalmente porque conduce a una combinación de restricción gástrica y malabsorción calórica. Sin embargo, actualmente queda muy claro que existen explicaciones más complejas, que pueden ser investigadas al examinar cómo la cirugía altera la comunicación entre el tracto gastrointestinal (GI) y otros órganos. En un reciente estudio, Mohammed K. Hankir y sus colegas describieron el empleo de la cirugía de bypass gástrico como una herramienta para identificar los fundamentos moleculares que vinculan las señales del sistema GI a los cambios en el sistema nervioso central (SNC) en ratas. El estudio ayuda a clarificar el mal comprendido efecto del bypass sobre los cambios en la elección de alimentos (Cell Metab. 2017 Feb 7;25(2):335-344).

En general, los roedores que tienen las opciones de alimentos altas y bajas en grasas, prefieren el primer tipo. El bypass gástrico reduce el tamaño del estómago, por lo que se podría esperar que tras la cirugía los animales escogieran alimentos ricos en calorías, como las grasas. En su lugar, los animales obesos que han recibido cirugía evitan estos alimentos. Por lo tanto, una respuesta importante al bypass gástrico en ratas, es un cambio profundo en los alimentos que se prefieren. Estos hallazgos destacan el hecho que, aunque a veces nos sentimos como si nuestra elección de alimentos es un acto voluntario impulsado por debilidades en nuestro carácter, las señales del tracto GI probablemente afectan la forma en que interactuamos con los alimentos en nuestro ambiente.

¿Cuáles podrían ser las vías que median este cambio? En el intestino, un derivado de ácido graso llamado oleiletanolamida (OEA) es sintetizado cuando la grasa es ingerida. Adicionalmente OEA es capaz de activar los receptores intestinales PPAR-α. Se piensa que estos receptores, a su vez, activan el nervio vago que se proyecta al cerebro, para promover la saciedad. En el cerebro, la liberación del neurotransmisor dopamina activa los circuitos de recompensa, pero la liberación está inhibida en ratas que son obesas como resultado de una dieta alta en grasas. Suplementar los regímenes de las ratas con OEA restaura la liberación de dopamina en el estriado dorsal del cerebro  y suprime la ingesta de grasa. Estos hallazgos sugieren que la señalización desde el tracto GI al cuerpo estriado regula la preferencia por las grasas.

Los autores investigaron si esta vía podía regular los cambios en la alimentación observados en las ratas tras un bypass gástrico. Los niveles de OEA, como los de la dopamina, son reducidos en animales obesos, y los autores observaron que la cirugía normaliza los niveles de OEA en el intestino a cantidades existentes en estados pre-obesidad. Además, encontraron niveles más elevados de dopamina estriatal en los animales sometidos a la intervención, en comparación a ratas control, en las que se realizó una operación simulada (en la cual se abrió la cavidad peritoneal pero el tracto GI no se reorganiza quirúrgicamente). Como segundo control, los investigadores mostraron que los niveles de dopamina en animales operados también fueron mayores que en ratas que habían perdido la misma cantidad de peso a través de la restricción de alimentos.

Posteriormente, confirmaron que el bypass gástrico da lugar a una preferencia por dietas bajas en grasas. Este cambio de conducta podría estropearse bloqueando la capacidad de OEA para activar PPAR-α - cortando el nervio vago o bloqueando la señalización de la dopamina en el cuerpo estriado. En conjunto, los datos de los autores perfilan un camino por el cual la señalización alterada entre el tracto gastrointestinal y el encéfalo, conduce a diferentes opciones alimentarias después del bypass (Figura 1).

Los métodos usuales por los que la conducta alimentaria es evaluada en humanos fuera de las condiciones controladas de laboratorio, están llenas de errores debido a las subestimaciones conscientes e inconscientes de reportes de la ingesta de alimentos y la incapacidad para controlar las contribuciones ambientales. Sin embargo, numerosos estudios demuestran que tanto los humanos como los roedores consumen menos comida tras ser operados y estos efectos se reflejan en las diferencias de activación cerebral en respuesta a los alimentos.

Figura 1: Elección alterada de alimentos en ratas después del bypass gástrico.

 Mohammed K. Hankir y sus colegas (Cell Metab. 2017 Feb 7;25(2):335-344) reportaron que el bypass gástrico conduce a la producción de la molécula oleiletanolamida (OEA) en el intestino. OEA activa al receptor proteico PPAR-α, que estimula el nervio vago. Este evento envía señales desde el intestino al cerebro, dando lugar a la liberación del neurotransmisor dopamina desde una región del cerebro llamada cuerpo estriado, zona implicada en los procesos de recompensa. Los autores muestran que la activación de esta vía lleva a las ratas a escoger alimentos bajos en grasas. Sin embargo, queda por demostrar si este cambio conductual es un factor causado por la pérdida de peso.

En humanos, estos efectos no sólo son atribuibles a la asesoría dietética postoperatoria. Los autores demostraron que los eventos de señalización molecular inducidos por la cirugía modulan cambios en el comportamiento alimentario de las ratas, modificaciones que son independientes de las limitaciones asociadas con las mediciones clínicas en humanos. Los paralelos entre los hallazgos observados en roedores sugieren que los cambios de comportamiento después de la cirugía son una respuesta fisiológica a la cirugía, en lugar de una simple elección consciente de una determinada conducta.

Aún quedan preguntas claves, relacionadas con tales modificaciones de comportamiento alimentario, y si éstas son respuestas evolutivamente conservadas entre especies. Curiosamente, aunque los autores mostraron claramente que la ruptura del nervio vago bloquea los incrementos de dopamina inducidos por la cirugía y se cambia la preferencia de los lípidos, el bypass gástrico todavía da como resultado reducciones similares en masa corporal y de ingesta de alimentos en esos animales. Estos datos proporcionan pruebas sólidas que los cambios en la preferencia alimentaria no son producto de la pérdida de peso que se produce después de la cirugía.

Numerosas investigaciones han tratado de encontrar formas de proporcionar beneficios acerca de la pérdida de peso tras cirugía de una manera menos invasiva. Sin embargo, tal como el presente estudio demuestra, debe considerarse no sólo como un tratamiento, sino también como una herramienta para entender las muchas variables que contribuyen a la salud y a la enfermedad, procesos que están bajo el control del tracto gastrointestinal y su comunicación con el cerebro.

Fuente bibliográfica

Physiology: Gut feeling for food choice.

Darleen A. Sandoval & Randy J. Seeley

Departments of Surgery, Internal Medicine and Nutritional Sciences, University of Michigan, Ann Arbor, Michigan 48109, USA.

doi:10.1038/nature21499


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